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Durante las primeras etapas de la humanidad
no se conocía la agricultura, ni otras actividades más
complejas como la alfarería o la metalurgia. Por cerca
de las tres cuartas partes de nuestra historia los seres humanos
hemos fracturando rocas para fabricar nuestras herramientas:
de allí que los arqueólogos estudien con detalle
esta tecnología para intentar comprender cómo
vivieron las sociedades del pasado.
En
realidad, los artefactos de piedra son tan solo una pequeña fracción
de los objetos que hicieron y usaron los grupos humanos del pasado, pero muchos
de los otros materiales que utilizaron para elaborar objetos de uso personal y
para sus labores de subsistencia eran perecederos y sus vestigios se descompusieron
con el tiempo. Con hueso, asta y madera hacían agujas con ojo, mangos,
anzuelos, arpones y lanzadores de dardos. En ocasiones se han hallado objetos
de cestería bien conservados, como canastos y sandalias, e incluso las
pieles con las que se vestían o cubrían los pisos de sus viviendas,
a manera de mullidos tapetes. Artefacto
significa objeto que ha sido hecho o manipulado por seres humanos con el propósito
de cumplir una tarea específica. Antes de estudiar con detalle los artefactos
de roca podríamos suponer que son "primitivos" y de manufactura
sencilla, que son simples piedras irreconocibles de otras que produjo la naturaleza.
Pero los restos dejados por las comunidades de cazadores y recolectores más
antiguos demuestran su maestría en el manejo de la piedra. Solo la experiencia
acumulada en la cultura pudo hacer que los hombres prehistóricos reconocieran
las cualidades de unas u otras rocas, y por lo tanto seleccionaran las mejores
materias primas y los materiales y técnicas con los cuales las trabajarían. Los
instrumentos de las culturas aborígenes más antiguas de nuestro
continente variaron con el lugar y la época. En efecto diferentes grupos
humanos, con culturas, conocimientos y destrezas distintos, habitaron al mismo
tiempo en distintas regiones. Los arqueólogos, que buscan, fotografían,
anotan y (solo después) recogen estos objetos en las localidades arqueológicas
antiguas, clasifican estos vestigios según las regularidades y patrones
que les permitan conocer cómo se hicieron, para qué se usaron o
las diferencias culturales de la comunidad humana a la que corresponden. De esta
forma definen categorías o tipos de artefactos y bautizan diferentes técnicas
de manufactura. Para
elaborar sus instrumentos de roca lo básico era tomar un martillo de piedra,
hueso o madera endurecida al fuego y golpear un trozo de sílex, de chert,
de obsidiana o de otra roca no arenosa que se rompa dejando filos cortantes como
el vidrio. Se golpeaba la materia prima directamente o bien apoyando un cincel
entre ella y el percutor (el martillo) para obtener con mayor precisión
astillas denominadas lascas o piezas alargadas llamadas láminas. El trabajo
por medio de un golpeador duro dirigido contra el nódulo o núcleo
de materia prima se denomina percusión directa, en tanto que el trabajo
con la ayuda de un cincel de asta o madera dura recibe el nombre de percusión
indirecta. Según
la forma de golpear el núcleo se fabricaba una gran variedad de utensilios.
Las lascas con un largo borde cortante servían para tajar carne o para
cortar, afeitar o desengrasar pieles, las que terminaban en punta para horadar
cueros, las más pesadas y burdas para machacar, raspar o hender la madera
y el hueso. Después
de obtener las astillas también se las podía retocar de forma delicada
presionando sus bordes cortantes con un instrumento puntiagudo para separar escamas
de menor tamaño. Así resultaba una más amplia gama de instrumentos
finos como cuchillos, buriles, sierras y, entre otros, las puntas de proyectil
capaces de perforar la gruesa piel de un mastodonte.
Las
primeras huellas del hombre en el continente
América
a finales de la edad del hielo Las
piedras cuentan su propia historia
Colombia:
la puerta de ingreso a Suramérica
Una
espléndida cena hace 8.000 años |