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El estrecho de Bering que actualmente
marca el límite entre Asia y América fue durante
las épocas más heladas del último período
de la Edad del Hielo una amplia zona de tierra emergida, conocida
comúnmente como Beringia, que unía ambos continentes.
Este puente terrestre apareció cuando los grandes glaciares
estaban en su máximo, aprisionando millones de litros
de agua en forma de hielo. La disminución de esa agua
redujo el nivel del mar en más de 90 metros y dejó
expuesta una llanura que unía fácilmente los 90
kilómetros que hoy separan a Siberia de Alaska. De hecho,
esta llanura de aproximadamente 1.400 kilómetros fue,
tal vez, el "puente" más ancho de que se tiene
noticia: no presentaba ningún riesgo atravesarlo.
Beringia
ofrecía a las bandas de cazadores que moraban en ella una gran diversidad
de recursos alimenticios. Cerca de la costa había focas, morsas, leones
marinos, peces y moluscos, así como aves acuáticas de varias especies
cuyos huevos podían constituir un excelente alimento. Tierra adentro, la
principal fuente de recursos provenía del caribú, el bisonte, el
caballo y el mamut lanudo, que podían alternarse con algunas raíces,
plantas y bayas. Al subir las aguas, los vestigios y huellas que hayan podido
quedar de este viaje se encuentran hoy bajo el mar de Bering o esperan a ser descubiertos
en algún remoto lugar de las costas de Alaska o Siberia. El
Cuaternario fue un período de grandes cambios de clima en el mundo entero.
En varias ocasiones se formaron en nuestro planeta grandes casquetes de hielo
llamados glaciares, que congelaron enormes volúmenes de agua de los océanos,
haciendo bajar el nivel de las aguas, lo que a su vez despejó extensas
áreas de tierra actualmente cubiertas por el mar. Pero no solamente las
costas se movieron: el lento avance de los hielos y del frío hizo que los
bosques y las praderas cambiaran de lugar y las áreas donde los grandes
mamíferos solían vivir se redujeran considerablemente. Durante las
épocas de mayor escasez muchos animales salieron de Siberia y, por el sur
de Beringia, sin hielo, pasaron a Alaska, o viceversa. A
lo largo de las distintas glaciaciones del Cuaternario el puente estuvo varias
veces abierto y cerrado. Hace 70.000 años, por ejemplo, pudieron entrar
a Norteamérica especies de animales de la tundra y la estepa asiáticas;
en las últimas aperturas del paso, hasta hace 9.000 años, vinieron
los seres humanos. Entre
una glaciación y la siguiente hubo períodos denominados "interglaciares"
con un clima más benigno que hacía retroceder los hielos. Aún
al interior de cada glaciación hubo variaciones y el clima se hacía
ligeramente más amable. Estos cambios climáticos mundiales influyeron
también sobre las zonas tropicales, lejos de los polos, con otras consecuencias.
En las regiones cercanas al ecuador y en las altas montañas de los Andes,
el clima se hizo más frío y seco durante los periodos de avance
glacial, pero no hubo hielos sino una reducción de los bosques, que fueron
reemplazados por vegetación abierta de pastos y rastrojos. Al oriente de
los Andes, donde hoy está la selva amazónica, se formaba en las
épocas frías una llanura continua pero la jungla volvía durante
los períodos de retirada glaciar. ¡Da
frío imaginar esta fase final de la Edad del Hielo en nuestra cordillera
de los Andes! En sus altiplanos y amplios valles debió ser frecuente observar
perezosos y armadillos gigantes, grupos de caballos, osos, cerdos de monte, ciervos
y mastodontes, entre otros. Pronto llegarían los humanos.
Las
primeras huellas del hombre en el continente
América
a finales de la edad del hielo Las
piedras cuentan su propia historia
Colombia:
la puerta de ingreso a Suramérica
Una
espléndida cena hace 8.000 años |
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