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Sugerir en
lugar de atribuir versiones de hechos pasados. Hacer visible
que las nuevas teorías arqueológicas y antropológicas
invitan a buscar la multiplicación de los puntos de vista
acerca de la vida de las culturas antiguas de Colombia. No pretenden
reproducir una suposición de hechos y formas de vida,
sino sugerir cómo pudieron haber sido. Por ello, intentan
darle a los objetos de oro múltiples universos posibles,
miradas desde la arqueología, desde la tecnología,
desde los símbolos y desde el arte. Miradas inagotables
que invitan a volver, a repetir la experiencia de observar esos
artefactos maravillosos una y otra vez.
Necesidad
que crece junto con la idea del Museo como preservador, como
centro cultural que propone nuevas formas de ver al mundo y
sus rastros históricos. El Museo como espacio donde ya
no existe una sola verdad, sino una multiplicación de
interpretaciones que cada individuo construye según sus
propias experiencias. Un lugar que propone, que invita a interactuar
a todas las generaciones, para que juntos, construyan una idea
del pasado y sus relaciones con el presente. Un museo vivo.
En ese sentido,
y con base en la metáfora del surgimiento de los metales
de las entrañas de la tierra de Mircea Eliade, se exhibe
el ciclo por el que viven los metales: se extraen, se usan,
se ritualizan, se ofrendan y se devuelven a la tierra.
Porque,
¿cómo contar una historia acerca del pasado, cómo
sugerir lo que pudo ser, cómo adentrarse en culturas
que aunque ancestrales, ya no somos capaces de entender? Precisamente
con la multiplicación de las miradas:
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1º Unidad : |
El
descubrimiento de los metales.
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2º Unidad : |
La
tecnología de la metalurgia
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3º Unidad : |
El
uso de la metalurgia en la Colombia prehispánica
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4º Unidad : |
La
simbología de la metalurgia
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5º Unidad : |
El vuelo chamánico y la ofrenda
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La idea
es adentrarse en el universo total de la colección del
Museo del Oro del Banco de la República, para intentar
concebir que estos objetos fueron creados para fines distintos
a los que se tienen hoy, pero que se conservan absolutamente
vigentes. Porque los metales ocupan aún un lugar fundamental
en la vida cotidiana: dormimos sobre las estructuras metálicas
de nuestros edificios, comemos con los cubiertos metálicos,
pagamos con moneda nuestras necesidades, nos transportamos en
artefactos metálicos, nos comunicamos a través
de antenas metálicas, nos ataviamos con joyas de metales
y hasta resolvemos los conflictos por medio de instrumentos
metálicos.

Al
igual que el resto del Museo, el área de Servicios Educativos
ha venido transformándose a lo largo de los años,
perfeccionando la idea de que una colección si no es
comunicada al público, no tiene razón por la cual
existir. Las metodologías de cómo traerle el mundo
prehispánico a la gente, y en especial a los niños,
a través de los objetos del museo, además de forjarse
en el camino a través de los años, han significado
transformar el discurso de la visita guiada en donde el guía
es quien posee todo el conocimiento, mientras los espectadores
no lo tienen, a un sistema más equilibrado. Un sistema
en el que la experiencia de cada cual es fundamental para interactuar
con su pasado representado dentro del Museo. Porque la idea
es que el contacto con el objeto de oro haga sentir al público
un mundo que está conociendo en el Museo, que se transporte
a otras épocas y escuche otros dialectos, entienda que
hubo gente que pisó estas mismas tierras y que tuvo maneras
de vivir completamente distintas a las de hoy, claramente respetables.
Esta mirada
ha significado pasar del positivismo al constructivismo. De
una verdad única e incuestionable, a que no existe verdad
única, sino que coexisten varias. Así como en
la primera teoría el investigador tiene una mirada objetiva
sobre su objeto de estudio, en el constructivismo dicha objetividad
no puede existir, ya que la mirada está mediada por su
contexto sociocultural y sus intereses, lo que sin duda modifica
las percepciones sobre ese objeto estudiado. Esa es la razón
por la cual esa supuesta verdad que se le da al público
sobre las sociedades indígenas del pasado, no es única,
sino que los museos son espacios donde la gente va a pensar-se,
a construir identidad frente a una serie de imágenes
que lo remiten a la historia, a su pasado.
En ese sentido,
la visita al museo no debe concebirse como un acto que se hará
una sola vez en la vida. Cada visita es distinta porque una
persona es distinta cada vez que vuelve al museo y distintos
sus intereses en uno u otro objeto.
Porque,
a pesar de que el montaje parte de unas hipótesis en
las cuales los antropólogos y arqueólogos creen,
todos ellos se han puesto el reto de mostrar que esta es apenas
su versión y que cabe abordar la exhibición desde
otras perspectivas de análisis: miradas simbólicas,
miradas tecnológicas, miradas de procesos, llenas de
cambios y transformaciones. Por esa multiplicación de
miradas es que el acercamiento pedagógico de los niños
debe tener esa misma amplitud de interpretaciones.
El proyecto
de Maletas Didácticas que hoy cuenta con 14 títulos
diferentes viaja por los colegios de Bogotá y 27
ciudades del país, para que los niños puedan hacer
eso que siempre han querido y en los museos no pueden hacer:
tocar los objetos, sentirlos cerca, olerlos. Son pequeños
fragmentos de cerámica encontrados en excavaciones arqueológicas
y réplicas de los objetos de orfebrería que generan
esa experiencia vivencial que se intenta construir con el nuevo
Museo.
Para luego
completar la experiencia y esa construcción mental previa
con una visita al Museo del Oro en donde los niños conocen
los diferentes objetos de los que ya se les dio una primera
idea, resuelven sus inquietudes y presentan otras, interactúan
con los monitores, a través de animaciones pedagógicas,
y hacen de esa visita una experiencia más personal, única.
Ello pretende eliminar poco a poco el ejercicio sistemático
de la llegada al Museo a copiar fichas técnicas sin ningún
contexto, en donde el niño por cumplir con la tarea impuesta,
ni siquiera asimila que está frente a objetos históricos
de inmenso valor. Tarea difícil, pero que con la re-educación
que se les está proponiendo a los mismos maestros, generará
a futuro nuevas formas de acercarse al conocimiento.

Un
museo del siglo XXI ya no sólo cuenta con sus salas de
exposiciones permanentes y temporales, sino que complementa
sus servicios con auditorios, cafés, restaurantes, tiendas,
ciclos de conferencias, programación audiovisual y actividades
pedagógicas para todas las edades. Tiene la función
de convertirse en un centro cultural dentro del cual la gente
pueda entretenerse y aprender recurrentemente.
Ese es el
objetivo del nuevo Museo del Oro del Banco de la República.
Con su idea de proponer nuevas miradas, tendrá un exploratorio
para que el público infantil y juvenil explote su deseo
de investigar en una inmensa sala interactiva. Así como
numerosos talleres infantiles para profundizar sobre
las técnicas metalúrgicas y otras actividades.
También
habrá un café-restaurante de grandes ventanales
para darle la bienvenida al visitante y en el cual pueda detenerse
a descansar durante su visita acompañado de un café,
pero que también tiene la intención de abrirse
al público de la zona para que comience a entrar al Museo.
Contará con un auditorio para 80 personas en
el cual las actividades relacionadas con la investigación
del Museo serán permanentes a lo largo del año.
Una programación audiovisual que mostrará
las más de 2.000 películas y documentales sobre
la colección, arqueología y antropología,
con las reproductoras digitales requeridas para que no se deteriore
el material.
Los recorridos
por las salas estarán apoyados por audioguías
en español, inglés y francés para el público
visitante de otros países, y para aquellos a quienes
no les interesan las visitas comentadas grupales. Finalmente,
la tienda del Museo brindará la más completa
colección de recuerdos, libros, postales, catálogos
y accesorios sobre la visita al Museo del Oro del Banco de la
República en Bogotá.
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