El nuevo Museo del Oro del Banco de la República se abre a las múltiples interpretaciones, a las miradas desde todos los ángulos, por eso replantea su patrón pedagógico y amplía sus servicios.

Por Dominique Rodríguez Dalvard

     

 


Sugerir en lugar de atribuir versiones de hechos pasados. Hacer visible que las nuevas teorías arqueológicas y antropológicas invitan a buscar la multiplicación de los puntos de vista acerca de la vida de las culturas antiguas de Colombia. No pretenden reproducir una suposición de hechos y formas de vida, sino sugerir cómo pudieron haber sido. Por ello, intentan darle a los objetos de oro múltiples universos posibles, miradas desde la arqueología, desde la tecnología, desde los símbolos y desde el arte. Miradas inagotables que invitan a volver, a repetir la experiencia de observar esos artefactos maravillosos una y otra vez.

Necesidad que crece junto con la idea del Museo como preservador, como centro cultural que propone nuevas formas de ver al mundo y sus rastros históricos. El Museo como espacio donde ya no existe una sola verdad, sino una multiplicación de interpretaciones que cada individuo construye según sus propias experiencias. Un lugar que propone, que invita a interactuar a todas las generaciones, para que juntos, construyan una idea del pasado y sus relaciones con el presente. Un museo vivo.

En ese sentido, y con base en la metáfora del surgimiento de los metales de las entrañas de la tierra de Mircea Eliade, se exhibe el ciclo por el que viven los metales: se extraen, se usan, se ritualizan, se ofrendan y se devuelven a la tierra.

Porque, ¿cómo contar una historia acerca del pasado, cómo sugerir lo que pudo ser, cómo adentrarse en culturas que aunque ancestrales, ya no somos capaces de entender? Precisamente con la multiplicación de las miradas:

• 1º Unidad :
El descubrimiento de los metales.
• 2º Unidad :
La tecnología de la metalurgia
• 3º Unidad :
El uso de la metalurgia en la Colombia prehispánica
• 4º Unidad :
La simbología de la metalurgia
• 5º Unidad :
El vuelo chamánico y la ofrenda

La idea es adentrarse en el universo total de la colección del Museo del Oro del Banco de la República, para intentar concebir que estos objetos fueron creados para fines distintos a los que se tienen hoy, pero que se conservan absolutamente vigentes. Porque los metales ocupan aún un lugar fundamental en la vida cotidiana: dormimos sobre las estructuras metálicas de nuestros edificios, comemos con los cubiertos metálicos, pagamos con moneda nuestras necesidades, nos transportamos en artefactos metálicos, nos comunicamos a través de antenas metálicas, nos ataviamos con joyas de metales y hasta resolvemos los conflictos por medio de instrumentos metálicos.


Al igual que el resto del Museo, el área de Servicios Educativos ha venido transformándose a lo largo de los años, perfeccionando la idea de que una colección si no es comunicada al público, no tiene razón por la cual existir. Las metodologías de cómo traerle el mundo prehispánico a la gente, y en especial a los niños, a través de los objetos del museo, además de forjarse en el camino a través de los años, han significado transformar el discurso de la visita guiada en donde el guía es quien posee todo el conocimiento, mientras los espectadores no lo tienen, a un sistema más equilibrado. Un sistema en el que la experiencia de cada cual es fundamental para interactuar con su pasado representado dentro del Museo. Porque la idea es que el contacto con el objeto de oro haga sentir al público un mundo que está conociendo en el Museo, que se transporte a otras épocas y escuche otros dialectos, entienda que hubo gente que pisó estas mismas tierras y que tuvo maneras de vivir completamente distintas a las de hoy, claramente respetables.

Esta mirada ha significado pasar del positivismo al constructivismo. De una verdad única e incuestionable, a que no existe verdad única, sino que coexisten varias. Así como en la primera teoría el investigador tiene una mirada objetiva sobre su objeto de estudio, en el constructivismo dicha objetividad no puede existir, ya que la mirada está mediada por su contexto sociocultural y sus intereses, lo que sin duda modifica las percepciones sobre ese objeto estudiado. Esa es la razón por la cual esa supuesta verdad que se le da al público sobre las sociedades indígenas del pasado, no es única, sino que los museos son espacios donde la gente va a pensar-se, a construir identidad frente a una serie de imágenes que lo remiten a la historia, a su pasado.

En ese sentido, la visita al museo no debe concebirse como un acto que se hará una sola vez en la vida. Cada visita es distinta porque una persona es distinta cada vez que vuelve al museo y distintos sus intereses en uno u otro objeto.

Porque, a pesar de que el montaje parte de unas hipótesis en las cuales los antropólogos y arqueólogos creen, todos ellos se han puesto el reto de mostrar que esta es apenas su versión y que cabe abordar la exhibición desde otras perspectivas de análisis: miradas simbólicas, miradas tecnológicas, miradas de procesos, llenas de cambios y transformaciones. Por esa multiplicación de miradas es que el acercamiento pedagógico de los niños debe tener esa misma amplitud de interpretaciones.

El proyecto de Maletas Didácticas —que hoy cuenta con 14 títulos diferentes— viaja por los colegios de Bogotá y 27 ciudades del país, para que los niños puedan hacer eso que siempre han querido y en los museos no pueden hacer: tocar los objetos, sentirlos cerca, olerlos. Son pequeños fragmentos de cerámica encontrados en excavaciones arqueológicas y réplicas de los objetos de orfebrería que generan esa experiencia vivencial que se intenta construir con el nuevo Museo.

Para luego completar la experiencia y esa construcción mental previa con una visita al Museo del Oro en donde los niños conocen los diferentes objetos de los que ya se les dio una primera idea, resuelven sus inquietudes y presentan otras, interactúan con los monitores, a través de animaciones pedagógicas, y hacen de esa visita una experiencia más personal, única. Ello pretende eliminar poco a poco el ejercicio sistemático de la llegada al Museo a copiar fichas técnicas sin ningún contexto, en donde el niño por cumplir con la tarea impuesta, ni siquiera asimila que está frente a objetos históricos de inmenso valor. Tarea difícil, pero que con la re-educación que se les está proponiendo a los mismos maestros, generará a futuro nuevas formas de acercarse al conocimiento.



Un museo del siglo XXI ya no sólo cuenta con sus salas de exposiciones permanentes y temporales, sino que complementa sus servicios con auditorios, cafés, restaurantes, tiendas, ciclos de conferencias, programación audiovisual y actividades pedagógicas para todas las edades. Tiene la función de convertirse en un centro cultural dentro del cual la gente pueda entretenerse y aprender recurrentemente.

Ese es el objetivo del nuevo Museo del Oro del Banco de la República. Con su idea de proponer nuevas miradas, tendrá un exploratorio para que el público infantil y juvenil explote su deseo de investigar en una inmensa sala interactiva. Así como numerosos talleres infantiles para profundizar sobre las técnicas metalúrgicas y otras actividades.

También habrá un café-restaurante de grandes ventanales para darle la bienvenida al visitante y en el cual pueda detenerse a descansar durante su visita acompañado de un café, pero que también tiene la intención de abrirse al público de la zona para que comience a entrar al Museo.

Contará con un auditorio para 80 personas en el cual las actividades relacionadas con la investigación del Museo serán permanentes a lo largo del año. Una programación audiovisual que mostrará las más de 2.000 películas y documentales sobre la colección, arqueología y antropología, con las reproductoras digitales requeridas para que no se deteriore el material.

Los recorridos por las salas estarán apoyados por audioguías en español, inglés y francés para el público visitante de otros países, y para aquellos a quienes no les interesan las visitas comentadas grupales. Finalmente, la tienda del Museo brindará la más completa colección de recuerdos, libros, postales, catálogos y accesorios sobre la visita al Museo del Oro del Banco de la República en Bogotá.

   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 
   
 
   
 
   
 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 
   
 
   
 
   
   
   
   
   
     
   
     
     
 

 

  © 2008. Banco de la República. Todos los derechos reservados. Go to English home page Barra de menús Preguntas más frecuentes Ir al índice en español