Soy el gran jeque de Ubaque, todos los muiscas de estos montes y valles reconocen mi poder y sabiduría. Todos se inclinan ante la diadema y las orejeras de orfebrería que identifican mi rango.

Mi vida ha sido larga y he cuidado de aprender algo cada día. Cuando era joven, mi tío el jeque anterior dirigió mi educación: estuve diez años encerrado en el templo, sin ver la luz del día ni comer sal ni ají, ayunando y repasando nuestros antiguos mitos. Otros no resistieron y la comunidad los castigó frotándoles ají en los ojos. Pero yo llegué a aprender sobre los mundos visibles e invisibles y domino las artes de la adivinación.

Estoy preocupado. Anoche soñé que el gran Zipa, el cacique de toda esta comarca, se bañaba en sangre. No era su propia sangre, era la de todo el pueblo muisca que sufría el dolor de una conquista. Seres venidos del más allá nos dominaban con el poder del rayo sagrado, y nosotros, que somos gente de paz, les ofrendábamos niños y ancianos desde lo alto de los montes, tratando de saciar su hambre caníbal.

Invoco al gran Bochica, nuestro maestro, y a la madre Bachué, para que den a los muiscas los poderes feroces del jaguar si mi pesadilla llegara a cumplirse algún día.

 
 
 
  
 
   
  
 Soy un sacerdote muisca
Soy un cacique muisca
Somos un hombre y una mujer muiscas
Soy un mercader muisca
Soy un orfebre muisca
La ceremonia de ElDorado
Soy una momia muisca
 
 
 
  
 Avioncitos del Tolima
Para mirarte mejor: el pez alado
 
   
 

 
 
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