 |
|
Al oro ya no le basta encasillarse en áreas, ni estilos
arqueológicos. Ni situarse solo, único, sin relación
alguna con la cerámica o la lítica de su entorno.
Referirse al oro Zenú, o Quimbaya, hoy, simplemente no
es suficiente. Porque cada una de estas sociedades se fue transformando
a lo largo de los años, de los siglos, generando versiones,
funciones y significados distintos de los objetos con el paso
del tiempo. Las sociedades no son estáticas, unas y otras
se movieron en la geografía nacional según las
alianzas o contactos que hacían con otras comunidades.
Eso, sin duda, generó cambios estilísticos y funcionales
en los objetos. Por eso, intentar darle un tiempo y sentido
únicos a un artefacto de oro resulta incorrecto y simplista.
Estas ideas
sugeridas por los arqueólogos del Museo del Oro
del Banco de la República, que vienen estudiando el tema
y sus teorías hace años y al mirar la forma como
se presentan este tipo de museos temáticos en el mundo
han hecho que la planeación del nuevo Museo tenga como
eje fundamental mostrar la multiplicidad de posibles miradas
que puede permitir un objeto de oro, cerámica, textil
o piedra, en un contexto contemporáneo.
En ese sentido,
las miradas transversales que atraviesan estos objetos requieren
de la exploración de la complejidad tecnológica
de cómo fueron fabricados, así como el carácter
ritual que las rodeó, donde el tema del vuelo chamánico
explica en gran medida cómo estas sociedades condensaron
su pensamiento y cosmovisión en los objetos, así
como en las fuerzas del bien y del mal. Además de su
respectivo pago a la naturaleza con el oro, a través
de la ofrenda para alcanzar el equilibrio perdido por el uso
de los metales preciosos de la tierra.
Por esta
razón las unidades temáticas del nuevo Museo serán
las siguientes:

El hombre encuentra que el metal es el primer material que transforma
su estado al entrar en contacto con el fuego. Una vez es consciente
de que puede manipularlo, eso hará que lo vuelva indispensable
en su vida.
Hoy, en
la construcción de sus ciudades, para desplazarse en
automóvil, tren o avión, para intercambiar
sus bienes moneda, para conquistar nuevos planetas
cohetes, para comunicarse antenas, para
embellecerse, maravillarse y contemplar arte, y
hasta para matarse armas. Los metales serán para
el hombre moderno a partir de ese momento, un elemento imprescindible
para existir.

Hay cerca de 1.500 años de producción orfebre
en la Colombia prehispánica y en Latinoamérica,
en sociedades y geografías diferentes, razón por
la cual una historia de la metalurgia se hace indispensable
para entender los procesos que vivieron las diferentes comunidades
indígenas. Una tarea científica de análisis
químicos y físicos de los objetos, a relacionar
con la antropología, arqueología e historia.
Ello, para
mirar la tecnología de la metalurgia desde toda una nueva
perspectiva social, que no sólo está enmarcada
en el campo de la metalurgia, ni únicamente hay fuerza
y herramientas tras su resultado, sino que hay elementos sociales
fundamentales. Porque la tecnología es una acción
cultural, en donde el hombre hace determinadas escogencias sobre
lo que va a realizar. Esas decisiones significan más
poder, más política y más símbolos
religiosos detrás de un objeto en apariencia sencillo.
Y con ellas, una mirada mucho más antropológica
a la cuestión de la tecnología.
De esta
manera y sin exagerar los alcances de la metalurgia colombiana,
ya que todos los estilos se basan en unas técnicas de
manufactura de fundición en cera perdida y martillado
y un acabado de dorado por oxidación, sin embargo sí
hubo innovaciones locales:
1) como en la región Nariño que se usaron diversos
metales, no la usual aleación oro-cobre, sino que se
usó el cobre puro, cuya metalurgia es de una mayor dificultad
y sofisticación. Así como el empleo de bronces
únicos; 2) Tumaco: empleo del platino, trabajo sin fundición,
mezclado con oro. Además de los raspados sobre el metal
para generar otros colores (como los discos que se perciben
en las salas) 3) uso de matrices (moldes) en la cordillera oriental;
4) Chocó: uso de soldaduras especiales.

Estudiada de sur a norte del país la orientación
con la cual se llevó a cabo el desarrollo de la metalurgia
en el país, en esta unidad se intenta entender la razón
por la cual algunas estructuras sociales trabajaron los metales
y otras no, o por qué unas lo hicieron con ciertas características
muy disímiles a sus vecinos. Estos paneles, mapas y grafismos
introductorios se verán acompañados de artefactos
diferentes al metal, en cerámica, textiles, hueso, concha,
madera y lítico, al igual que las momias, para entender
los contextos en los cuales se creaban los objetos de oro y
sus materiales prácticos y rituales relacionados.
Se empieza
a vislumbrar además que alrededor de estos vestigios
hay un universo ritual y simbólico que está estrechamente
relacionado con la estructura social de una u otra comunidad.
Quiénes ejercen el poder, cómo se llega a ser
un líder espiritual, cómo se crean las diferentes
jerarquías sociales y políticas, quiénes
rinden culto, qué objetos se utilizan para ello y por
qué.

La orfebrería invita a que se busque ese mundo simbólico
detrás de los objetos. Sin embargo, este universo de
los símbolos está fuertemente relacionado con
las esferas de la religión, la política y la economía
de esa cultura, que se constituye como un todo en donde se incluyen
todos los aspectos del desarrollo social. Porque se trata de
cosmovisiones donde se integra todo y se relaciona cada aspecto
de la vida diaria. Se trata de la cosmovisión indígena,
un pensamiento que articula la organización social, política
y las relaciones ambientales de la comunidad. Posibilitando
la posición de la gente en el mundo.
Un mundo
concebido en tres esferas verticales, la de arriba, la del mundo
medio y la de abajo. En donde la función humana es encontrar
el equilibrio en dichos estratos, de naturaleza, dioses y los
otros la gente Porque hay que intentar comprender
que estas culturas basaron sus filiaciones con base a la naturaleza,
a las plantas, estrellas, animales, todos convirtiéndose
en parientes, por lo que el respeto es fundamental y el abuso
con la naturaleza, inexistente.
Llegar al
conocimiento, estar en estadios superiores, tener poder, significa
tener la capacidad de mediar entre las fuerzas malignas e inmateriales
del inframundo, en este caso, representado por seres del mundo
de abajo como los murciélagos. El llamado a lograr
ese equilibrio de fuerzas a favor de la gente es el chamán.
Un ser de la élite espiritual y social que tiene el poder
de manejar la fertilidad de la naturaleza y viajar con la mente
a otros mundos.

Como todo tiene una explicación en el mundo indígena,
el chamán a través de la alteración de
la conciencia, puede acceder a otras dimensiones y logra crear
un universo negociatorio que le permite encontrarse con las
divinidades, conseguir cosas para su comunidad o pagar con ofrendas
el uso de los recursos de la naturaleza. La ofrenda se constituye
como el convenio que hace el chamán con los espíritus
del mal, en estados de trance. El oro se constituye entonces
en la compensación que le devuelve la armonía
que rompió. La ofrenda es el pago por el restablecimiento
del balance entre los mundos. Por eso es un escenario necesario
para completar el ciclo del metal extraído de la tierra.
Y como tal, un final simbólico para volver a empezar.
|