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Cada
objeto es un testimonio único e irremplazable de nuestra
historia. Como miembros de este Museo y como personas encargadas
de su preservación y manejo, tenemos la obligación
y el deber de cuidar y velar porque este patrimonio se conserve
para el futuro, explican los conservadores del Museo.
Los objetos de la colección algunos con más
de veinte siglos han sufrido transformaciones en su
estructura que los hacen supremamente frágiles; por
ello, la conservación en el Museo no sólo está
dada por el manejo y control de los factores medio ambientales,
humedad y temperatura, sino también por el rigor en
la manipulación de los objetos en procesos tales como
empaque, transporte y exhibición.
Al igual que el desarrollo de la idea de museo, las reservas
para las colecciones también han vivido una transformación
que sólo hoy, revela los avances tecnológicos
y conceptuales que ha tenido este tema a lo largo de las décadas.
Por lo tanto, este tema requirió que en la planeación
del nuevo edificio del Museo, estas áreas ocuparan
un lugar fundamental en su diseño y estructura, donde
la practicidad fuera el principal aspecto a resaltar, es decir,
que todo quedara en el mismo lugar para sus encargados almacenamiento,
conservación, fotografía y mantenimiento. Y
claro está, que fuera supremamente segura.
Por eso, al hacer conciencia de ello, y luego de un largo
proceso de traslado, hoy las nuevas reservas perfectamente
climatizadas son archivos rodantes, con espaciosos corredores
y mesas de trabajo, con estanterías, contenedores,
anaqueles y vitrinas cerradas bajo llave y sometidas a un
riguroso y constante control ambiental.
La sistematización de las reservas del Museo ha vivido
una serie de modificaciones fundamentales que perfeccionan
su sistema de almacenamiento y que se constituyen en el eje
principal de un museo: investigar su colección. Las
reservas actuales están organizadas por área
arqueológica y dentro de este criterio por la forma
y la función del artefacto. De esta forma, si un arqueólogo
está haciendo una investigación sobre las urnas
prehispánicas, podrá ver de un sólo vistazo
todas las urnas de una misma región arqueológica.
Esto facilita la búsqueda de información sobre
la materia, objetivo primordial de los museos y abre a los
investigadores de múltiples disciplinas la posibilidad
de tener distintos enfoques y hacer diversas miradas sobre
la colección. Además, se concibió un
área de alta seguridad, para la investigación
y el trabajo con las colecciones, donde los analistas responsables
de una sección numerada de la colección
acompañan al investigador o arqueólogo en su
estudio del objeto.
Todo queda inventariado sistemáticamente bajo un programa
virtual de manejo de colecciones que permite hacerle veeduría
por medio de la red interna del Museo, y que a futuro le permitirá
tener acceso y compartir información con los diferentes
museos del mundo. En ese sentido, y a pesar que desde hace
más de veinte años se comenzaron a sistematizar
los archivos de registro de las colecciones del Museo, la
catalogación ha ido especializándose en la identificación
del objeto, el registro de adquisición, catalogación
del área arqueológica, informes de conservación
a los que se ha visto sometido el artefacto, descripciones
y análisis químico del material constitutivo,
dimensiones, ubicación (en qué anaquel, sector,
edificio, gaveta y vitrina reposa el objeto), procedencia,
documentos asociados (fotografías y archivos de texto)
y exposiciones nacionales e internacionales en las que ha
estado el objeto. Como se puede ver, las bases de datos permitirán
a los interesados en la materia y a la arqueología
colombiana, ilustrarse de la manera más completa con
la información a la que se tiene acceso sobre los objetos.
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