Los mineros fueron especialistas respetados
y estimados por conocer los secretos de la tierra y los medios
para extraer los metales. Los orfebres ostentaron también
una condición doble, al combinar en su trabajo conocimientos
técnicos y sobrenaturales; muchos de ellos ejercieron
como líderes religiosos y políticos.
Oro, cobre y, en menor proporción, platino y plata,
fueron los metales usados en épocas prehispánicas
en el territorio colombiano. Gracias al intercambio de productos,
muchos pueblos que no practicaban la minería podían
adquirir los metales necesarios para su trabajo orfebre.
Las zonas montañosas del país son las más
ricas en oro, en tanto que en el territorio colombiano el
platino existe en yacimientos aluviales del Chocó,
Cauca y Nariño. El cobre se obtenía a partir
de minerales como la malaquita, la azurita o la calcopirita,
frecuentes en las capas geológicas de las cordilleras.
Hay cobre nativo en la Serranía de Perijá, en
Antioquia y en el sur del país.
En la naturaleza el oro presenta con frecuencia impurezas
de plata y otros metales: es un oro argentífero. Los
contenidos de plata afectan tanto su color como sus propiedades
físicas y químicas. No parece haber existido
una minería específica de la plata, aunque es
probable que hubiera sido explotada en Nariño.
Las herramientas de los antiguos mineros fueron hachas y
martillos de piedra y barras de madera con puntas endurecidas
al fuego: sirvieron para desprender gravas y piedras de los
ríos y para excavar las minas de veta. Al igual que
hoy en día,las arenas auríferas se lavaban con
bateas de cerámica o madera y mediante movimientos
circulares. Los pequeños granos de oro y platino, más
pesados, permanecían en el fondo.
En la naturaleza es posible hallar los metales en estado
nativo, listos para ser trabajados. Sin embargo, como en el
caso del cobre, es más frecuente encontrarlos como
minerales y óxidos que se deben fundir al fuego dentro
de hornos en atmósferas reductoras, es decir sin oxígeno,
para extraer el metal. Este proceso es el beneficio de los
metales.
Para el beneficio se construían hornos en lo alto
de las montañas, donde las corrientes de aire avivaran
el fuego. También se usaron hornillas portátiles
de cerámica. Con cañas de guadua rematadas por
tubos de cerámica se soplaba el carbón para
mantener las altas temperaturas. Algunos sopladores con rostros
evidencian la importancia simbólica de las transformaciones
del mineral en metal.
El metal se fundía en crisoles de arcilla, con carbón
y fundentes que ayudaban a extraer las impurezas: quedaban
lingotes redondos o tejuelos listos para trabajar.
También en los crisoles se mezclaban metales para obtener
aleaciones como la tumbaga, combinación de
oro argentífero y cobre. |