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Retos en el tránsito
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Juanita Sáenz
Samper |
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Abstract |
The documents and reports that archaeologists produce
are generally addressed to the scientific community itself, and the
role of an archaeological museum is to use the objects in its collection
in such a way that they 'translate' this knowledge into something
that the public finds interesting and suggestive. As they renewed
the Bogotá Gold Museum exhibition, the archaeologists and curators
'wove' the scripts together from the archaeological information about
each area, their perceptions of this, and an analysis of the objects.
Two regions exemplify this: the Caribbean Plains and the Sierra Nevada
de Santa Marta.
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Resumen |
Por lo general los documentos e informes que producen
los arqueólogos están dirigidos a la misma comunidad
científica, pero el papel de un museo arqueológico es
“traducir” para el público este conocimiento en términos
interesantes y sugestivos, a través de los objetos de su colección.
En la renovación de la exhibición del Museo del Oro
de Bogotá los arqueólogos-curadores fueron “tejiendo”
los guiones a partir de la información arqueológica
de cada área, de su percepción de la misma, y del análisis
de los objetos Se exponen los casos de dos regiones: las llanuras
del Caribe y la Sierra Nevada de Santa Marta. |
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Contenido |
Introducción |
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IntroducciónDe la información que producen los arqueólogos, muy poca llega directamente al público general. El papel de un museo arqueológico consiste en transmitir ese conocimiento en términos sencillos y agradables, a través de los objetos arqueológicos de su colección. La exposición por lo tanto “deberá parecerse más a una buena literatura, a un buen audiovisual o a una revisita ilustrada que a un informe de investigación arqueológica” (Londoño, Therrien y Garzón, 2001: 74). Los museos son vehículos especiales de comunicación cuyo carácter comunicador impone retos y limitaciones para reproducir el discurso y la historia que el curador quisiera transmitir de acuerdo con su propia interpretación del conocimiento; en el caso que nos concierne, del conocimiento arqueológico. El resultado final del planteamiento en salas de exposición se ve influenciado por las orientaciones, conceptos y normas de las diferentes partes que intervienen en el proceso: la institución misma, arqueólogos, museólogos, diseñadores, educadores o comunicadores (Lleras, 1999). Para el Museo del Oro del Banco de la República es importante contextualizar arqueológicamente sus colecciones según la información aportada por la investigación científica, de manera que sea posible ubicarlos como producto del trabajo y la ideología de unos pueblos determinados en una época específica y no como simples objetos que poseen un valor estético y son visualmente atractivos. La colección en sí misma es indiscutible fuente de conocimiento que nos induce a formular hipótesis sobre las sociedades orfebres del pasado. Dichas hipótesis se generan al combinar el conocimiento teórico y científico de campo con el estudio de los objetos de la colección desde diversas miradas (artísticas, simbólicas, utilitarias, económicas, estilísticas, iconográficas). Cada enfoque produce versiones y visiones diferentes, y son esas percepciones las que pretendemos divulgar y transmitir en las salas de exposición: nuestra propia visión sobre las poblaciones prehispánicas. La selección de objetos, los datos expuestos, la fabricación de escenas museográficas, son diferentes a los contextos arqueológicos o a los contextos de uso que tuvieron estos objetos originalmente. En el Museo no se muestra a los indígenas prehispánicos sino la idea que de ellos quiso hacerse y quiso expresar el guionista-curador (Londoño, Therrien y Garzón, 2001: 68). El desarrollo del guión hasta su forma final en las vitrinas de las salas, es una investigación en sí misma y por ello es un trabajo en permanente proceso de revisión. La interacción con las áreas del Museo que no hacen parte de la disciplina arqueológica y la participación en congresos nacionales e internacionales donde se pudieron exponer los temas que se investigan en éste, permitieron definir y concretar diversas ideas e hipótesis planteadas a partir del estudio de las colecciones. La selección de los temas incluidos en el guión estuvo determinada en primera instancia por la información arqueológica y etnohistórica existente así como por la manera de interpretar y acercarse a este conocimiento por parte de cada curador. Los objetos de la colección son determinantes, dado que permiten ilustrar las apreciaciones sobre vida cotidiana, política, economía, ideologías o creencias que tenían las poblaciones orfebres prehispánicas. La coordinación de los temas se discutió entre los integrantes del equipo técnico (arqueólogos y divulgadores) del Museo; el intercambio de ideas entre este equipo y la Dirección del Museo determinó los temas a exponer en las salas. Adicionalmente, algunos estudios sobre el público, así como discusiones acerca de la divulgación y la educación no formal en museos modernos, fueron provechosos para determinar y proponer temas que llamaran la atención. Por supuesto, el premontaje de las vitrinas nos enfrentó con el problema real de los espacios de exhibición y con la necesidad de “negociar” la cantidad de temas propuestos y los objetos relacionados. El guión científico y museográfico tiene tres niveles de información: el nivel básico, más general, está compuesto por los textos introductorios de la sala y los textos de las vitrinas en conjunto con los objetos escogidos para transmitir ciertas ideas específicas. Es una información corta y escueta. El segundo nivel de información se encuentra en las guías electrónicas, que ofrecen textos ligeramente más extensos. El tercer nivel, dedicado a quienes tengan un mayor interés por conocer detalles de las sociedades orfebres, quedará consignado en el futuro en un DVD del Museo del Oro, que ofrecerá temas diversos relacionados con asuntos arqueológicos, simbólicos o históricos. Este medio permitirá mostrar más elementos del medio en el que se desarrollaron estas poblaciones, los diversos ambientes, las geografías y la fauna, entre otros. Me referiré en los párrafos siguientes al proceso de
creación y desarrollo del guión de las áreas
a mi cargo: las llanuras del Caribe y la Sierra Nevada de Santa Marta.
Las dos áreas son distintas en cuanto a la historia de la investigación
arqueológica de la cual han sido objeto, los enfoques y conocimientos
acerca de cada una son disímiles y tienen diferentes grados
de profundización. Del mismo modo, mi acercamiento a cada región
también se ha dado de distintas maneras. En ambos casos primó
el seguir una línea cronológica sobre la cual guiar
el mensaje a transmitir y una ubicación del territorio (requerimiento
previo desde el punto de vista arqueológico para todas las
regiones expuestas en la sala). Igualmente se escogieron temas que
considerábamos relevantes o interesantes desde el punto de
vista simbólico, de la muerte o de la vida, apreciaciones personales
sobre asuntos como la fertilidad agrícola y humana, sobre el
medio ambiente y la fauna o sobre la continuidad cultural a lo largo
del tiempo en regiones determinadas. |
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Las vitrinas se planearon mediante bocetos virtuales que se proyectaban en la pared. ![]() ![]() ![]() Boceto, premontaje y montaje definitivo de la vitrina sobre funebria e importancia de la mujer. ![]() ![]() Premontaje y montaje definitivo de la vitrina sobre las poblaciones tardías de las Llanuras del Caribe. |
La concepción del guión:
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Premontaje vertical de la vitrina
sobre la tradición zenú y el medio ambiente de las Llanuras.
1. La diversidad o identidad regional, reflejada en los adornos
y demás objetos de orfebrería y en el sustrato común
que los unía a todos, así como la larga tradición
cultural captada a través de la permanencia de técnicas
metalúrgicas, motivos representados o costumbres funerarias.
A pesar de que por medio de la colección se podría diferenciar
la orfebrería temprana, elaborada en épocas cercanas
al comienzo de la era cristiana, los adornos y atuendos usados por
personajes importantes de la región de Ayapel, los atuendos
comunes en las hoyas del río San Jorge y del bajo Cauca durante
siglos o la orfebrería propia de caciques importantes en la
región de Planeta Rica y el alto Sinú hacia el siglo
XII d. C., se escogieron sólo tres de éstos (orfebrería
temprana, Ayapel y San Jorge) debido a la falta de espacio y en aras
de la claridad que necesariamente se debe ofrecer para el público
visitante.
2. El medio ambiente, recursos y riqueza de la fauna. Este es un tema muy ligado al énfasis medioambiental de la mayoría de las investigaciones en la región y a la vez con las investigaciones de la orfebrería, donde son frecuentes las representaciones de la fauna que habitaba estos lugares. En la orfebrería sobresalen por su majestuosidad los animales de sabana, de bosque, de ambientes acuáticos y cenagosos y especialmente las aves y patos de hábitos migratorios. Una de las características de la orfebrería de las llanuras es precisamente el realismo con el que representaron a los animales. Son numerosos y variados los pectorales, colgantes o remates de bastón con figuras zoomorfas. El problema en este caso radica más en las múltiples posibilidades de selección, ya que debido a las aleaciones usadas y los métodos de manufactura, estos objetos tienen un excelente estado de conservación, son fuertes, grandes y llamativos. Al analizar el conjunto de la vitrina con el equipo de diseñadores y arquitectos, se decidió prescindir de algunos para no sobrecargar de imágenes la vitrina y para exhibirlos de forma más destacada en otras salas.
3. Las costumbres funerarias, ritos y símbolos alrededor
de la vida y la muerte; el concepto de la muerte y las costumbres
funerarias. Las ceremonias del rito del entierro de los líderes
bajo túmulos funerarios, en las diferentes regiones, eran ocasiones
para reafirmar la cohesión de la sociedad y su regeneración,
a la vez que celebraban el renacimiento del difunto en otro mundo;
por esto, la música en ellas, celebraba la nueva vida. Actualmente
entre las comunidades zenúes de Córdoba y Sucre el rito
funerario conserva características similares. Estrechamente
ligado con la funebridad, las mujeres, como generadoras de vida, jugaron
un papel preponderante dentro de la sociedad; miles de figuras femeninas
de barro fueron dispuestas como ajuares en los entierros, hecho que
parecería simbolizar y resaltar sus cualidades biológicas
de fertilidad y fecundidad, importantes en el desarrollo y reproducción
social. Desde este punto de vista la importancia social y simbólica
de la mujer se reforzaba por la existencia de adornos que aludían
claramente a cualidades femeninas y también porque en los documentos
coloniales se resalta su importancia política y religiosa,
presente aún en el siglo XVI. Inicialmente se pensó
en exhibir aquí un ajuar de la región de Planeta Rica,
que al parecer fue especialmente manufacturado para la hora de la
muerte de un personaje destacado dentro de la sociedad y que fue encontrado
bajo un túmulo funerario. La idea de aprovechar la muerte para
ejemplificar la orfebrería de otra región de las llanuras
no tuvo sin embargo cabida ni desde el aspecto físico y estético
de la vitrina ni desde el punto de vista conceptual.
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El montaje final de las orejeras de
filigrana en el nuevo Museo del Oro (derecha) recuerda el de la anterior
exposición permanente (izquierda), como un homenaje tácito
a Luis Barriga del Diestro, el primer director del Museo.
4. La metáfora del tejido. Este tema se transmitió gracias a las orejeras de filigrana que caracterizan la orfebrería de estas regiones. Las orejeras recrean verdaderos tejidos de hilos de oro o de tumbaga y sobre muchas de ellas se ven esquematizaciones humanas y de animales propios de estos ambientes. El tejido de las orejeras, al igual que el tejido en la tierra trenzado por los canales y camellones del sistema hidráulico, hacía posible el sostenimiento de la vida humana y animal. Pero la idea de los textiles no sólo está inmersa en las orejeras, sino también en vasijas cerámicas en forma de canasta con flecos o en ollas pintadas con redes. Sin embargo, de acuerdo con el resto del equipo técnico y la Dirección del Museo, se optó por quitar las vasijas y canastas cerámicas.
Desde un principio, y de acuerdo con el sentir del equipo técnico y la Dirección del Museo, se decidió que esta vitrina debía ser un homenaje a la memoria del primer director de la institución, don Luis Barriga del Diestro, quien desempeñó el cargo durante 33 años. Él mismo, por gusto propio, se encargaba del manejo estético de las vitrinas en las salas y de buscar la mejor manera para restaurar los objetos. Hasta el año 2003, el Museo del Oro conservó intacta la vitrina de las orejeras de filigrana zenú diseñada por él. La nueva vitrina pretendió perpetuar este homenaje con el mismo tipo de objetos y un montaje que recuerda el inicial.
5. Poblaciones afines del río Magdalena y Serranía
de San Jacinto durante el siglo XVI. Finalmente y para seguir
el esquema cronológico propuesto, se quiso mostrar a las poblaciones
vecinas y relacionadas con las zenúes que habitaban regiones
aledañas. En este último tema se ejemplifica la orfebrería
tardía cuya producción se prolongó incluso hasta
bien entrada la Colonia. A través de los materiales producidos
por estas poblaciones, como la orfebrería y la cerámica,
se puede percibir que existían relaciones de parentesco, económicas
o políticas entre esta gente y las sociedades zenúes
que por aquella época poblaban los valles del río Sinú
y el San Jorge. A pesar de que se ilustran físicamente los
personajes enmascarados con tocados de plumas y los hombres-anfibio
tan comunes en la orfebrería de estas regiones y de que se
hace mención a ellos como tema repetitivo, no se resaltaron
estas imágenes ya que el tema de la transformación era
más relevante a tratar en otras áreas.
Debido a la complejidad del funcionamiento del sistema hidráulico,
se decidió presentarlo en un video donde se pudiera aprovechar
el espacio para mostrar la diversidad medioambiental de estas regiones.
Gracias a las nuevas tecnologías gráficas del cine se
podría recrear el funcionamiento del mismo, el modo de vida,
la organización de las viviendas y los cultivos. Inicialmente
éste sería un video de cuatro minutos ubicado en una
salita de proyección donde también se proyectaría
otro similar sobre aspectos de ingeniería, urbanismo y arquitectura
característicos de las ciudades de piedra de la Sierra Nevada
de Santa Marta. Sin embargo, después de varias reuniones y
análisis del espacio para proyección, se llegó
a la conclusión de que éste era muy pequeño y
no soportaría dos proyecciones diferentes; adicionalmente los
dos videos sumarían casi diez minutos, tiempo extremadamente
largo para el público general o grupos de colegio. Se creó
entonces un guión de un solo video donde se ilustrara el sistema
hidráulico de las llanuras y la arquitectura e ingeniería
de la Sierra Nevada, como un contraste entre el manejo medioambiental
que dos grupos humanos prehispánicos implementaron para solucionar
problemas causados por el agua de acuerdo a su medio ambiente y geografía.


La arqueología en la Sierra Nevada
de Santa Marta ha tenido diferentes enfoques e intereses a lo largo
de su historia. Muchos estudiosos de diversas instituciones han trabajado
allí: fundaciones de investigación de carácter
privado; instituciones del Estado como el Instituto Colombiano de
Antropología –hoy ICANH–, estudiantes en prácticas de
terreno o en tesis de grado universitario, o estudiantes e investigadores
extranjeros. Los trabajos también han versado sobre arquitectura,
ingeniería, biología, temas cartográficos, etnohistóricos,
de medio ambiente y de antropología social, aprovechando la
existencia de los cuatro grupos indígenas que todavía
viven en la Sierra: koguis, ikas, wiwas y kankuamos.
Desde la primera expedición arqueológica llevada a cabo
por el estadounidense John Alden Mason, en 1922, los investigadores
posteriores como el profesor Gerardo Reichel-Dolmatoff, Henning Bischof
y los demás científicos que han trabajado en la Sierra
Nevada de Santa Marta, se preocuparon por esclarecer una cronología
de ocupación humana en la Sierra, por lo general orientada
bajo las interpretaciones de documentos de la época de la Conquista
y la Colonia. Esto era lógico desde que en los documentos se
hablaba de ciudades con basamentos de piedra como las que los arqueólogos
estaban “descubriendo” y las fechas obtenidas en diferentes asentamientos
caían en un rango entre el 900 d. C. y el 1600 d. C.
Las excavaciones de Mason en la bahía de Nahuange y la localización de una tumba muy especial por su construcción y por el ajuar que contenía, se convirtieron con el tiempo en un pilar de la arqueología de la Sierra Nevada de Santa Marta. Décadas después, las observaciones y propuestas del arqueólogo alemán Henning Bischof fueron la base arqueológica para diferenciar y establecer definitivamente la existencia de un período de ocupación temprano, denominado período Nahuange (por el mismo Bischof) en honor a Mason y a la tumba excavada en la bahía del mismo nombre. En la actualidad se reconoce arqueológicamente un período Nahuange y un período Tairona o tardío.
Fechas de carbono 14 obtenidas de las excavaciones arqueológicas han confirmado la existencia de aldeas dispersas en el litoral en un rango de tiempo entre el 300 d. C. y el 900 d. C. Otras fechas de carbono 14 obtenidas de los núcleos de arcilla y carbón que contenían algunos adornos de orfebrería fabricados mediante el vaciado a la cera perdida han permitido ubicar a las poblaciones del período Nahuange desde aproximadamente el 200 d. C. hasta el 900 o 1000 d. C., y a las del período Tairona o tardío desde el 900 d. C. hasta la Conquista en 1600 d. C.
Arqueológicamente se ha planteado el desarrollo de las sociedades tardías a partir de las tempranas como un cambio cultural producido tal vez por variaciones climáticas y tectónicas que afectaron las costas de la Sierra y la disponibilidad de recursos alimenticios para esas poblaciones; lo anterior, junto con un posible aumento de población y la ingerencia de relaciones e influencias de grupos vecinos, produjeron la búsqueda y colonización de tierras Sierra arriba (Oyuela, 1986, 1987; Langebaek, 1988).
Con base en trabajos previos (Reichel-Dolmatoff, 1958; Pérez
de Barradas, 1966; Plazas, 1987; Falchetti, 1987), se planteó,
desde el Museo del Oro, una investigación sobre el desarrollo
de la orfebrería de la Sierra Nevada de Santa Marta. A partir
del estudio iconográfico, análisis físico-químicos,
análisis de carbono 14 para obtener fechas de producción,
y comparaciones de sus características con las de los adornos
encontrados en la tumba de Nahuange, se corroboró la existencia
de dos períodos de ocupación en la Sierra Nevada (Nahuange
y Tairona). Inicialmente a través del estudio del tema del
ave con alas desplegadas y luego con las demás categorías
de adornos de orfebrería, fue posible determinar una continuidad
y cambio cultural dentro de las poblaciones de la Sierra, seguramente
como un proceso lento que llevaría años o incluso siglos.
La investigación con la colección de orfebrería del Museo, junto con los últimos planteamientos de la arqueología de la región, me llevaron a plantear la diferencia entre los períodos Nahuange y Tairona como eje central y prioritario del guión. Esta división sería la mayor novedad respecto al guión de la Sierra Nevada de Santa Marta que se tenía anteriormente. En segunda instancia se pensó en resaltar aspectos sociales bien representativos de cada período y especialmente en caracterizar la orfebrería distintiva de cada época, además de mostrar el cambio gradual desde una sociedad organizada en aldeas dispersas por el litoral a una sociedad organizada en poblados y ciudades con diferentes niveles de importancia entre sí.
Para el período Nahuange es poco lo que sabe desde el punto
de vista arqueológico. La investigación ha determinado
la existencia de aldeas dispersas que derivaban su sustento de los
recursos del mangle y de los variados productos disponibles en las
bahías de la esquina norte, cada una con un microclima específico.
La decoración de las vasijas cerámicas y algunos adornos
de orfebrería típicos de esta época denotaban
relaciones y contactos con áreas vecinas. Asimismo, la organización
y el ajuar de la tumba excavada en Nahuange eran muy vistosos e importantes
desde el punto de vista arqueológico: gracias a ésta,
no sólo se determinó arqueológicamente la existencia
del período Nahuange, también se podría tener
alguna idea de la existencia de una sociedad estratificada en la cual
ciertos personajes eran considerados lo suficientemente destacados
como para ser enterrados de una manera especial. Adicionalmente los
objetos que componían el ajuar también nos llamaban
la atención acerca de la existencia de artesanos de piedras
semipreciosas, conchas de caracoles Strombus, aparte de orfebres experimentados
y consumados ceramistas. La idea de personajes sobresalientes dentro
de estas sociedades, se resaltaba también en pectorales llamativos
con escenas repujadas donde aparecen hombres adornados con objetos
de orfebrería y tocados de plumas, llevados en andas sobre
hamacas o serpientes de dos cabezas, y soliviantados por personajes
auxiliares.
Otra idea interesante era poder mostrar que existió un cambio
cultural gradual entre las poblaciones del período Nahuange
y las del período Tairona, que tal vez tardó años
o siglos en consolidarse pero que se advierte en el registro arqueológico
tanto como en el estudio de todas las manifestaciones culturales procedentes
de la Sierra Nevada. Para el período Tairona, los temas que
llaman la atención pueden ser numerosos: la organización
social, el poder y capacidad de convocatoria de las élites
gobernantes, para haber podido construir verdaderos complejos urbanos,
caminos, obras de infraestructura hidráulica, puentes, terrazas
de cultivo, todo esto con cimientos de piedra, y la vida cotidiana
que se desarrollaba en estas urbes. A través de los objetos
de orfebrería, cerámica, concha, piedra o hueso, se
percibe la existencia de grupos de poder muy fuertes que seguramente
tuvieron una orientación teocrática, al igual que la
importancia de las ceremonias y rituales, de su religiosidad y de
su misticismo. Entre los encargados de los asuntos religiosos, y tal
vez también políticos, se destaca especialmente la figura
del hombre-murciélago relacionado con aves y serpientes. Asimismo
es destacable la imagen de los murciélagos en colgantes de
piedra, ocarinas cerámicas y vasijas de ofrenda.
Otro aspecto interesante de las poblaciones tardías de la Sierra era el concepto de la muerte y el tratamiento que le dieron a los difuntos las poblaciones asentadas en la costa y las poblaciones de la Sierra. Los primeros usaron grandes urnas funerarias ubicadas en zonas de cementerio mientras que los segundos enterraron a sus parientes en tumbas de bóveda dentro de las viviendas. Era asimismo importante, esclarecer que las sociedades que habitaron la Sierra Nevada en la época de la Conquista eran de filiación lingüística chibcha y por lo tanto compartían con otras sociedades de similar filiación algunos conceptos como el de la ofrenda o el posible simbolismo de las aves con alas desplegadas.
Con este nuevo planteamiento se hizo inminente la necesidad de no
hablar más de “los taironas” para referirnos de manera general
a la gente que habitó la Sierra; en vez de esto, se propuso
referirnos a ellos como “la gente del período Nahuange” o “la
gente del período Tairona”.
De lo anterior quedaron expuestos los siguientes temas:
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1. Las sociedades Nahuange. Aldeas dispersas en el litoral de la esquina noroccidental de la Sierra que aprovecharon los diversos recursos disponibles y establecieron más que contactos esporádicos con sus vecinos. Eran ya expertos orfebres desde por lo menos el siglo II d. C., al igual que artesanos de la piedra, la concha, el lítico y la arcilla.
2. Una sociedad estratificada donde existieron personajes muy importantes desde el punto de vista religioso o político. Estos señores, repujados en pectorales de tumbaga, muestran además el uso de ciertos adornos de orfebrería, que seguramente legitimaban su posición social.
3. La orfebrería Nahuange. Narigueras y pectorales similares a los usados por los personajes anteriores, y ejemplos de otros tipos de adornos con similares técnicas de manufactura y con decoraciones similares. Entre los adornos típicos, se destacan las aves con alas desplegadas y los pectorales de espirales divergentes; ambos representan ideas compartidas con los habitantes de las llanuras del Caribe. Este último concepto quedó incluido tácitamente en la vitrina puesto que en las salas de las llanuras se encuentran también objetos similares pero con manufactura local.
4. La tumba de Nahuange. La idea principal fue poder resaltar la importancia de una excavación arqueológica y la información que se puede lograr gracias a un trabajo controlado. Se decidió hacer una representación de la tumba, no reconstruirla literalmente, y usar objetos similares a los que conformaban el ajuar y ofrendas funerarias. Se aprovechó para mostrar el tipo de vasijas mortuorias y el tipo de tallas líticas más comunes en este período, donde predominó el uso de la jadeita.
5. La continuidad y cambio cultural. El estudio de la orfebrería y la investigación arqueológica de campo coinciden en la idea del desarrollo de las sociedades del período Tairona a partir de las poblaciones el período Nahuange, por lo que se decidió ilustrar el tema con las representaciones de aves con alas desplegadas, ya que éstas habían sido la clave para determinar desde la orfebrería la continuidad de ciertas ideas que se prolongaron desde épocas tempranas hasta la Conquista, pero representadas a través de tecnologías y asociaciones diferentes.
A partir de este punto se entra a los temas concernientes con el período Tairona. Los asuntos resaltados fueron:
6. Organización social y existencia de una sociedad jerarquizada. Entre las poblaciones de la Sierra existió un uso masivo de adornos de orfebrería por parte de la mayoría de la población. Sin embargo, las formas y diseños de los adornos utilizados por los grupos gobernantes se distinguían de los adornos de los comuneros. Se aprovecha esta vitrina para caracterizar a la orfebrería del período Tairona. Las limitaciones de espacio nos hicieron reducir finalmente muchos objetos, máxime cuando al final esta vitrina se constituyó en una sola con la del tema del cambio cultural. La bandada de aves volando que ilustra el tema anterior también quedó reducida, pero no se altera ni disminuye el mensaje a transmitir.
7. El hombre-murciélago. Es la figura más emblemática del período Tairona, a través de él se advierte la iconografía recargada de detalles tan característica de la orfebrería de este período. En ella se muestran seres híbridos y transformados en figuras de hombre-animal, asociados con animales tenebrosos como serpientes, felinos o murciélagos. A través de estas imágenes se percibe la existencia de una sociedad con una fuerte orientación teocrática en la cual, al parecer, el hombre murciélago pudo ser uno de los más influyentes dirigentes. Se exhiben muchas figuras de murciélago, de hombres-murciélago y de adornos que al usarse cambian las facciones del rostro.
8. Rituales y ofrendas sagradas. En este tema, relacionado con el anterior, se pretendió resaltar la sacralidad de los ritos y ceremonias efectuados dentro de recintos especiales, así como la importancia de estos eventos dentro de la sociedad. En ellos participaban personajes ricamente ataviados y transformados en hombres animales o en animales, como lo indican ocarinas, silbatos, flautas y vasijas con representaciones ceremoniales. La ofrenda conlleva un ritual, bien sea dentro de un templo, un camino o una vivienda.
9. Las poblaciones chibchas; las ofrendas o el ícono
del ave con alas desplegadas fueron elementos compartidos por diferentes
poblaciones de filiación chibcha como las de la Sierra Nevada
y las que habitaban la Cordillera Oriental, por la misma época.
Desde un principio se pensó en establecer esta relación
en este punto con la intención de que este último tema
fuera un abre bocas de la siguiente sala: La gente y el oro en la
Cordillera Oriental.
El tema de la arquitectura y el urbanismo que identifica por excelencia
a las poblaciones de la Sierra se ilustra, como se expuso anteriormente,
en un video corto que permite recrear el medio ambiente y la topografía
de la Sierra, tan importantes para entender la magnitud del trabajo
realizado por estas sociedades.
Los temas de la vida cotidiana o de las diferentes maneras de tratar
la funebridad, finalmente no se incluyeron, en parte por falta de
espacio, y también por llegar a la conclusión, con el
equipo técnico, de que el énfasis de la sala sobre la
Sierra Nevada de Santa Marta, estaba más dirigido a asuntos
religiosos que a cotidianos.


En el caso que nos concierne, la interacción
con museólogos, diseñadores, comunicadores y colegas
fue enriquecedora: el resultado final es el desarrollo de un trabajo
en equipo. A través de éste, se determinaron aspectos
relevantes de las poblaciones prehispánicas que habitaron la
Costa Caribe de la actual Colombia, y se logró una exhibición
estética de los objetos que estas sociedades elaboraron con
fines específicos, de acuerdo a cada cultura y a cada época.
Sin embargo el proceso no es fácil, sino lento. Es necesario
el consenso entre las partes para no perder la coherencia del mensaje,
así como tener claro el planteamiento arqueológico para
que la esencia no se altere en su presentación final cuando
intervienen aspectos como las limitaciones del espacio, la posibilidad
de determinada escogencia de objetos de acuerdo a conceptos de diseño
y estética, o a la verdad innegable de que el público
general, por lo común, omite leer los textos.
Las observaciones de aquellos ejecutores que no hacen parte de la
disciplina arqueológica hicieron reflexionar sobre la difícil
tarea que representa para el arqueólogo, acostumbrado por su
formación a un lenguaje escrito muy especializado, el comunicar
una serie de ideas con un mínimo de palabras pero con diversidad
de imágenes. Gracias al aporte de museólogos, arquitectos
o restauradores, se logró que los conjuntos de piezas incluidas
en una misma vitrina pudieran transmitir ideas generales, expuestas
de manera amena y estética.
En última instancia, los conjuntos de imágenes que
se generaron en las vitrinas expresan temas escogidos por el curador,
pero serán interpretados según el interés, la
educación o el conocimiento de estos asuntos por parte del
espectador. Los distintos niveles de información que contempla
el guión y los conocimientos que puedan transmitir guías
y animadores, serán determinantes para replicar el discurso
y la aceptación de conceptos novedosos que contenga el nuevo
planteamiento. El reto real es que el nuevo discurso trascienda las
salas del Museo y genere preguntas e inquietudes entre el público
general, los comunicadores y los educadores.
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52. Bogotá: Banco de la República. Obtenido de la red
mundial el (fecha que cambia el usuario según el día
en que consultó el archivo).
http://www.banrep.gov.co/museo/esp/boletin