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Guambianos: una cultura de oro |
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Luis
Guillermo Vasco Uribe |
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Abstract |
In the Guambía Indian
Reserve in the town of Silvia, in the eastern-central part of Colombias Cauca
province, the Guambianos use the same word to refer to both gold and silver; they call
gold yellow gold and silver white gold. Although the present
seventeen thousand Guambianos no longer use gold objects, their oral tradition records its
use, both as ornaments and in connection with medical and curative activities. When the
elders relate Guambiano history, gold is generally associated with the origins of their
culture and the first chieftains. They used silver crosses and ornaments of European
origin until fairly recently, although they adapted these by mixing domination elements in
with Guambiano ones. |
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Resumen |
En el Resguardo Indígena de
Guambía, municipio de Silvia, en el centro-oriente del departamento del Cauca, Colombia,
los guambianos designan el oro y la plata con la misma palabra; llaman oro amarillo al oro
y oro blanco a la plata. Aunque los diecisiete mil guambianos de hoy no emplean objetos de
oro, la tradición oral recoge noticias de su uso, tanto en calidad de adornos, como en
relación con actividades médico-curativas. En los relatos de la historia guambiana que
narran los mayores, el oro aparece por lo general asociado con los orígenes de la cultura
y con los primeros caciques y cacicas. Hasta hace poco usaron cruces y adornos de plata,
de origen europeo pero apropiados entremezclando en ellos elementos de la dominación con
elementos guambianos. |
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Nota |
Este artículo, solicitado y financiado por el
Museo del Oro del Banco de la República, en 2001, se basa casi por completo en los
materiales del trabajo que he venido realizando, en acompañamiento con los guambianos, en
el Resguardo Indígena de Guambía, dentro del proyecto Tradición oral y
recuperación de la historia. Algunos de estos materiales o versiones diferentes de
los mismos fueron publicados en el libro Guambianos. Hijos del Aroiris y del
agua, de autoría conjunta con los taitas guambianos Abelino Dagua Hurtado y Misael
Aranda (Dagua, Aranda, Vasco, 1998). Para complementar respecto del oro, fueron muy
valiosas algunas conversaciones y discusiones adicionales con el taita Abelino. Sin
embargo, los análisis que aquí aparecen son de mi autoría y no comprometen de manera
alguna a los dos taitas del Comité de Historia, ni a ningún otro guambiano participante
de dicho trabajo. |
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El uso antiguo:
oro amarillo o propiamente oro |
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Mujer con un crucero al pecho, en una
marcha interna por el Resguardo de Guambía
Para imprimir prefiera la
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El uso antiguo: oro amarillo o propiamente oroUbicados en el Resguardo Indígena de Guambía, municipio de Silvia, en el centro-oriente del Cauca, los diecisiete mil guambianos de hoy no emplean objetos de oro, aunque hasta hace pocos años uno de los signos externos de relativa riqueza consistía en hacerse revestir o incrustar de oro los dientes, incluso, algunos de ellos hasta llegaban vender la tierra para pagar a los dentistas que hacían este trabajo. Sin embargo, la tradición oral recoge noticias de su uso, tanto en calidad de adornos, como con propósitos relacionados con actividades médico-curativas. De este último carácter eran, por ejemplo, los anillos de oro. Los había para la mano derecha y para la izquierda y, como eran para curar, cada uno era especial y los usaban tanto hombres como mujeres. Algo semejante ocurría con los zarcillos o aretes. En este caso, los de las mujeres eran especiales en comparación con los de los hombres, puesto que poseían en los aros una manito con cinco dedos que representaban las cinco ciencias, los cinco sentidos. Esta diferenciación es necesaria porque son las mujeres las que tienen familia y necesitan sus zarcillos para dar consejo a sus hijos. Se hacían unos anillos muy pequeñitos que tenían a su alrededor dibujos de alacranes
o arañas, porque son animales bravos. Estos anillos se trabajaban en moldes. Una madera
de aquellas que los guambianos denominan planta viva, tsilo, o sea, una planta con
espíritu, y que tenía la característica de no partirse fácilmente, se trabajaba como
haciéndole gavetas, agujeros en forma de tambor, y se tallaba para ir formando las
figuras; luego se vaciaba allí el oro que estaba derretido como manteca.
También se usaban otros objetos de oro, como chaquiras y pulseras, así como algunos en forma de bichos: mariposas, cucarrones, etc., que permitían demostrar familia. Se destacaban unos elementos en forma de flor para la rodilla, que los mørøpik utilizaban en los trabajos de curación. Eran unas bandas que abrazaban la rodilla y que tenían a lado y lado una flor. Si el mørøpik tenía este arete, el Pishimisak se presentaba pronto a la derecha y se podía curar. Así mismo, los mørøpik utilizaban el oro como remedio para la buena suerte y para tener una larga vida. En estas condiciones, el oro no tenía un sentido comercial: no se comerciaba ni se vendía, estaba prohibido hacerlo; cada persona lo tenía para ella misma. El oro como entierro Un mayor relata que en una oportunidad encontró un entierro de este tipo; halló los huesos y el cántaro de chicha, pero quien lo acompañaba para sacarlo, lo engañó y se llevó la olla de oro. A veces esas ollas vienen con otros objetos adentro. Una mayora agrega que hace muchos años su padre comenzó a ver una lucecita, una candelita que se mantenía flotando cerca al piso; él sabía que allí podría haber un entierro. Le comentó a un extraño que andaba por esos tiempos por Guambía y acordaron ir a buscar y efectivamente encontraron una olla de oro. El extraño engañó a su padre y se fue con la olla para Ibagué. No todos los que ven esa lucecita pueden ir a rescatar el oro. Hay que guiarse por los sueños. Si se sueña que no se debe hacer y de todos modos se va a sacar el entierro, la gente puede enfermarse hasta morir. En algunos lugares del Resguardo, los guaqueros han encontrado ocasionalmente objetos de oro, al parecer en poca cantidad, pero la suficiente para estimular a algunos guambianos en el desempeño de este trabajo. La arqueóloga Martha Lucía Urdaneta ha señalado al respecto: El oro encontrado en el Resguardo tiene paralelos en algunas de las piezas que se encuentran en el Museo del Oro y que provienen, en su mayoría, de la región de Tierradentro (Urdaneta, 1988: 66). Pero en su trabajo de varios años nunca se orientó a la búsqueda de tumbas ni, por consiguiente, al encuentro de objetos de oro; al parecer, sólo tuvo la oportunidad de examinar y fotografiar un collar de 22 cuentas de oro que hallaron algunos guambianos en la vereda de El Cacique, y cuya fotografía aparece en el texto citado (1988: 58). Dicha arqueóloga fue también al caserío de Fundación, en la recuperación de La Clara, y encontró que allí habían guaqueado algunas tumbas, de donde sacaron unas pocas olla nuevas, pero también una nariguera de alambre en oro fino. Algunas de estas tumbas parecían un tanto extrañas: una de ellas tenía más de 10 metros de profundidad, con un gran pozo estructurado: capa de tierra, capa de piedra, capa de tierra, capa de piedra, etc., y con una especie de pequeña cámara lateral casi en la superficie. Tanto esta pequeña cámara como la cámara lateral del fondo estaban completamente vacías. A diferencia de ésta, la tumba en que se encontró la nariguera era poco profunda, con cámara lateral corriente y contenía aún partes del esqueleto.
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La mayora Bárbara Muelas Hurtado
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La tradición oralEn cambio, en los relatos que conforman la historia guambiana, muchos de los cuales viven todavía en la memoria de los mayores, el oro aparece con mucha frecuencia, por lo general asociado con los orígenes de la cultura y en relación con los primeros caciques y cacicas, que nacieron del agua en los derrumbes y vinieron traídos por las crecientes de los ríos principales. Incluso se habla de que el Pishimisak arrojaba oro a la laguna para que no se secara, pues si ésta se queda sin agua, el guambiano se acaba. Los caciques del agua
En este pensamiento, la dirección que va desde las fuentes de los ríos hacia su desembocadura, desde las tierras frías del páramo hasta lo caliente, tiene una connotación generadora de humanidad, civilizadora, creadora de cultura. Así, los niños del agua descienden en las crecientes de los ríos y los mayores los rescatan al llegar a las partes bajas, para dar origen a los guambianos mismos y a su cultura. En el mismo sentido descienden los caciques del agua, quienes, una vez los rescatan, van a originar la autoridad, a enseñar la elaboración de todos los objetos de la cultura y a indicar el modo de su empleo para la producción de la vida de los namuy misak, como ocurrió con Teresita de la Estrella, que traía todos los objetos en oro, telares de oro, palas de oro, todo. Cuando creció, con esa muestra ella comenzó a enseñar a la gente cómo se fabricaban los productos y cómo se usaban para hacer los trabajos propios. Además, enseñó a cultivar el maíz y la arracacha. Al final de cada uno de esos ciclos más largos, caen inmensos derrumbes que arrastran grandes crecientes. Los niños que vienen en ellas son los futuros caciques, vienen con los vestidos brillosos, como el aroiris, como el oro, y son los que amasan este metal. Son los Tatakøllimisak, padres principales de la sociedad guambiana y portadores de las instituciones básicas y de la cultura. Los sabios propios ven que una de estas crecientes se avecina y previenen a la gente para que espere a los niños y los saque del agua. Para los guambianos, estos caciques son los más importantes, sobre todo a causa de las enseñanzas que dan a los mayores, en las cuales tomaban los objetos de oro como modelos para su trabajo de dar consejo. Algunos mayores agregan que cuando estos niños descienden por los ríos y quebradas, lo hacen llorando, y que los chumbes que los envuelven tienen los colores del aroiris, Kosrompoto. Pero, para los guambianos, estos colores se conciben de una manera diferente a la nuestra; son el amarillo, el rojo, el verde y el morado, cada uno en tono claro y tono oscuro, lo cual da los ocho colores del aroiris, que significan todo lo que esos niños van a hacer después. Además, tienen los ojos claros para que puedan ver bien a toda hora, aun de noche. Solamente cuando ya han crecido, es decir a los 50 ó 60 años, comienzan a explicar todos los cultivos, amasándolos en oro amarillo y blanco, según de cual cultivo se trate. Es claro, entonces, que los guambianos consideran que los objetos de su cultura son originalmente de oro, aunque vienen del agua y son traídos por los caciques. Pero este origen áureo no se refiere sólo a la producción de los objetos materiales, sino también, como señalan algunos mayores, a los cultivos agrícolas, base de la vida guambiana. La esencia de unos y otros está constituida, por consiguiente, por agua y oro, como lo señala una afirmación de que el Pîshimisak echa oro en la laguna para que se conserve el agua. Y a partir de esta cultura de oro y agua, surgieron, por la enseñanza de los primeros tatas y mamas a los mayores, la cultura de hoy, los objetos que fabrican y emplean los guambianos para vivir, los cultivos que trabajan para su subsistencia. Los mismos caciques continuaron con el empleo de elementos elaborados con oro para el desempeño de sus actividades principales. En especial en sus distintos recorridos, a través de los cuales creaban y confirmaban territorio, al tiempo que consolidaban la cultura por medio de sus consejos a los miembros de la sociedad guambiana. Estos caciques recorrían el territorio cargados en sillas de oro. Cuando llegaron los invasores españoles, saqueando todo, los caciques arrojaron sus sillas de oro en las lagunas, con el fin de resguardarlas de que las robaran los conquistadores. Así ocurrió, por ejemplo, con la silla del cacique Aticu, lanzada en la laguna de Chapas, cerca de lo que hoy es Santander de Quilichao, un sitio de importancia en la territorialidad guambiana en la época anterior a la invasión europea pues allí encerraba, redondeaba su territorio. Es muy posible que otros objetos de los caciques y cacicas fueran también de oro; en esa dirección señalan algunas breves afirmaciones que indican que en el centro de algunas lagunas se encontrarían objetos de oro. No se pueden sacar porque, cuando una persona se acerca con esas intenciones, las lagunas se enojan y la expulsan con una fuerte granizada. Otra historia, que narra el mayor Juan Tunubalá, de Cacique, habla acerca del cacique Juan Tama de la Estrella, personaje histórico que corresponde tanto a la tradición guambiana como a la paez (nasa) y que también está estrechamente relacionado con las riquezas conformadas por el oro:
También el cacique Calambás, padre de crianza de Juan Tama, está ligado con el oro, esta vez con referencia a las actividades agrícolas. La historia que habla el mismo mayor dice así:
Resulta extraña esta equivalencia de los gusanos trozadores del maíz con los hijos del cacique Calambás, hermanos de crianza de Juan Tama, a la cual no he podido encontrar explicación. También dicen que en Nuyapale, el plan de la casa grande, en la Cooperativa de Las Delicias, vivían los guambianos antiguos venidos en el agua, los pishaus, en una casa muy grande, en cuyas cuatro esquinas enterraron el oro antes de desaparecer a la llegada de los españoles. Las plantas del oro y las minas Luego venía el procedimiento de preparación. El taita Abelino Dagua cuenta que no era en canoas en donde se echaba el oro, sino en la misma piedra de moler el maíz y se le agregaban unas plantas vivas para luego molerlo como aquel. Se le ligaban distintas matas vivas dependiendo de si era para derretirlo, refinarlo o prepararlo. Luego de molerlo en la piedra, se ponía a cocinar con poquita agua para que fuera cuajando y sacarlo. Quedaba como piedras o bolas que luego se derretían para hacer lo que uno quisiera. Pero no todo el oro guambiano provenía del cultivo de plantas, como en la época de los caciques del agua; en períodos posteriores, la gente lo obtenía de minas, de algunas de las cuales se conserva memoria de su ubicación aproximada, aunque ya no se conocen ni se trabajan, pues se ha olvidado el sitio exacto en donde se encontraban. En todo caso, se habla de que estaban por Chisquío, por San José (por Puente de Piedra) y por Corrales arriba (por los filos entre Quintero y Mosoco); los dos primeros sitios están hoy por fuera del territorio que abarca el resguardo guambiano. Varios mayores, como el taita José Abigael Pillimué, recuerdan que era posible elaborar los objetos amasando el oro, mezclándolo con el zumo de yerbas que lo derretían, plantas cuyo nombre han olvidado; de ahí, explican, que la calidad de los productos de oro fuera muy alta y muy exactos sus detalles. Se trataba, como ya dije más arriba, de plantas vivas, llamadas tsilo en lengua wam. Había otras plantas para secarlo. Es importante resaltar aquí cómo el pensamiento guambiano no hace la rígida distinción entre vegetales y minerales que establecemos nosotros. El oro, por un lado, es una planta, un vegetal; por el otro, es un mineral que proviene de minas. La afirmación de que puede derretirse, fundiéndolo con el zumo de algunas plantas, establece un puente adicional entre ambos reinos naturales. El relato sobre el cacique Calambás y sus hijos y el cacique Juan Tama, plantea una conexión adicional, aunque indirecta, entre el oro y el maíz, pues los gusanos trozadores de éste permiten que bajen las aguas de la laguna y se pueda extraer el oro. Es decir que los gusanos son asimilados con los propios hijos del cacique Calambás. Esta relación entre el oro y el maíz se refuerza cuando se afirma que el oro fundido con plantas se amasaba como se amasan las arepas, hechas de maíz. A esto se suma el que, según se narra, para ello se empleaban las mismas piedras en que se trabajaba el maíz, pero volteadas, invertidas. El saqueo por parte de los españoles fue la causa principal para que desaparecieran los objetos hechos de oro. Para apoderarse de ellos, los conquistadores persiguieron con saña a los caciques. Así ocurrió con el cacique Juan Ignacio Tombé, que era muy perseguido por sus riquezas, razón por la cual las ocultó en Tres Chorreras, vereda Anisrapu. En una lomita que construyeron los antiguos pishau, sepultaron esa riqueza con el esfuerzo de diez mil hombres. Cuentan que hace algún tiempo, trabajando en una minga encontraron un hueco y entraron 10 brazadas; metieron un cabo de pala y encontraron una raíz de oro, que taparon con tierra, palos y piedra. En otra versión proveniente de la misma vereda, el mayor Juan Tunubalá narra que, aunque nadie sabe cómo fue el nacimiento del cacique, éste era rico como los demás. Nadie conoce con exactitud dónde escondió su riqueza. Al parecer, fue en Tres Chorreras, Michikuriapiur, donde algunos dicen que hubo una mina de oro antes de la conquista, que fue tapada con piedras que trajeron de otra parte. Por eso, en época de los españoles se podían recoger monedas de oro en la quebrada, que aquéllos exigían que se les entregaran como tributo. Las piedras de esa quebrada son todas negras y por eso se habla de que allí, en el fondo, están las riquezas del cacique. Con el tiempo, la gente que había vivido con el cacique Juan Ignacio, cansada de tener que entregar el oro a los españoles, se fue retirando a vivir a otros lugares. Otros versiones argumentan que el cacique al que se refieren las anteriores no era Juan Ignacio Tombé así lo explica el mayor de Cacique Cruz Tunubalá, pues los caciques antiguos eran sabios que no tenían nombres puestos por los curas, como el de Juan Ignacio, sino nombres de lo propio. Así como las mujeres hacen las arepas de choclo, esos caciques hacían con el oro, y elaboraban muchas cosas. Los caciques necesitaban el oro para sus trabajos, que se hacían con cinco objetos que representan las cinco esencias, las cinco relaciones: la horqueta del hueso de la gallina, que es la suerte; una ramita delgadita; otra mata, que es como una sábila; el oro; y el pishinkalú, una mata fresca que los guambianos utilizan actualmente para curar el resfriado y la fiebre. Algunos han buscado todo el material de oro de los antiguos y desde lejos han visto como una cueva, pero allí no puede arrimar nadie porque hay peñas lisas por lado y lado. Se habla de un abuelo guambiano que entró a esa región a socolar montaña para sembrar y le dio un sueño; en él aparecía que había un montón de ganado y una mina de oro entre la montaña. Entonces, se enloqueció buscando por todos lados sin encontrar nada. Con la ayuda de médicos yerbateros se mejoró otra vez y dejó de buscar. En la misma vereda existe la chorrera Santana, nombre que le puso un cura porque, según él, allí aparece el demonio. En Semana Santa aparecía una silla de oro que bailaba en un pozo de la chorrera; un abuelo quiso sacarla a punta de rezos y no pudo, hasta que se hundió, se perdió y no apareció más. Allí mismo, también en Semana Santa, se abría un sitio como una sala llena de oro; permanecía como dos minutos abierto y se cerraba. El mayor que habla esta historia dice que se trataba de un sitio encantado de la época en que todo era montaña impenetrable; pero no cree que ahora sucedan esas cosas, pues el lugar ha cambiado y el sitio es más limpio, pues se ha derribado la montaña. Un mayor de Pueblito, Joaquín Morales, asegura que cuando era muchacho encontró oro del Pishau. En un trabajo de alzar eras, dio con un hueco grande y sacó la tierra; desenterró unos huesos largos de las piernas, los cogió con la mano y los midió con los de sus piernas y de eso se enfermó. Eran huesos enteros. Las manos y la cabeza también las midió. Y sólo faltaba una muela. Era un cráneo de Pishau, bien brilloso. Como los tocó con la mano y no se lavó para comer pan y café, comió con ese sucio. Al poco tiempo le dio una tos gravísima. No solo algunos guambianos persiguen el oro, también lo ambicionan muchos blancos; unos han encontrado y otros no. Pero de todos modos no alcanzan a llegar a los sitios precisos donde lo guardaron los caciques, porque ellos cortaban un cuadro en la peña, como cortar una arepa, y con ese mismo pedazo la volvían a tapar después de esconder el oro. Todo blanco llegaba preguntando por la casa del cacique. La laguna de Maweypisu, arriba de Santiago, es sembrada. El profesor José Manuel Tunubalá oyó decir que en ella había una silla de oro; los terratenientes de Las Mercedes quisieron secar el agua con los terrajeros guambianos y no pudieron; entonces llevaron una motobomba y sacaron la silla. Las sillas de oro no son la única clase de objetos de oro valiosos para los antiguos que fueron escondidos para resguardarlos de la codicia de los conquistadores. Cuando éstos llegaron a Silvia, en Japio que hoy es la vereda de Tapias y que se llama así porque es sitio de una yerba (japio) que sabe como a aguapanela había un cacique que tenía una casa grande donde guardaba una campana de oro que tocaba para reunir a la gente. Para que no la robaran los españoles, cuando éstos ya se acercaban, dos hombres la cargaron río arriba por la orilla del Piendamó y la escondieron en la peña de La Campana. Esa peña brama y se abre y alguien que pase por allí en ese momento puede ver la puerta abierta y adentro lleno de sillas y barras de oro. Allí guardaban los caciques toda la riqueza de la ciudad Tues, ubicada en el Tañik de La Campana. El señor aguacero, el rayo, el oro, el maíz y la papa
En este relato aparece de nuevo la relación del oro con el maíz, pero esta vez se trata de una identificación directa, pues el Srekollimisak entrega un bulto de maíz, pero, cuando el labrador lo recibe, descubre al mirarlo que está lleno de oro. Podrían entonces plantearse dos hipótesis: la primera y menos probable, que el maíz se haya convertido en oro al pasar a manos del labriego; la segunda, que el oro sea el maíz del Srekollimisak y, probablemente, de los restantes seres de su misma naturaleza, del mismo modo que su vara, su bastón, es de oro, al tiempo que es el rayo mismo. Así mismo, sería también el maíz del Pishimisak. Igualmente se encuentra relación con la papa. Algunas historias dicen que los niños del agua, cuando los rescataban, ofrecían a la gente papa roja y blanca en lo que hoy se llama costales. Ésta terminaba siendo oro amarillo, si era papa roja, y oro blanco, si era papa blanca. Por eso, cada vez que alguien tiene un sueño con papas es porque puede encontrar oro, aunque hay sueños que le indican a la persona que no puede coger esos objetos encontrados. Es como una advertencia; si alguien que sueña esto los coge, se enferma, le dan ansias, vómito y luego muere. Otra versión de la historia del Srekollimisak establece nuevas relaciones referentes al oro. Así se recogió del profesor Miguel Antonio Cuchillo:
La vara en que se apoya el Srekollimisak, y con la cual, además, produce la lluvia, es de oro, pero también es el rayo que tiene el fuego en la punta. Oro, rayo y fuego quedan enlazados de esta manera. Para recuperar su vara, el Srekollimisak tiene que comprometerse a irse a vivir a las tierras bajas y dejar las altas para su hermano menor, el páramo. Otra historia, que las hermanas Bárbara y Jacinta Muelas contaron a Víctor Daniel Bonilla, comenta que el Srekollimisak molestaba mucho a la gente con su vara, pues lanzaba los rayos a cada rato, azotaba por todas partes, mataba gentes y animales, quemaba casas, inundaba las huertas y, con granizos como piedras, destrozaba lo que quedaba de los sembrados. Todo se fue acabando y ya no había que comer:
En este relato, la vara del Srekollik es de oro, como es oro el rescate que ofrece si le devuelven su vara. Y de nuevo se da la asociación con el mejicano, aunque esta vez se especifica que se trata del fruto verde. En una historia que habla el taita Segundo Tunubalá de la vereda Cacique, las relaciones del oro con otros elementos se hacen más claras:
En primera instancia, el hombre clava la vara de oro del Srekollimisak en un mejicano o calabaza biche, es decir, todavía no maduro, de donde aquél es incapaz de extraerla, explicando que se trata de piedra fina, aunque el relato no especifica la causa de este poder del mejicano sobre el rayo, quizás el color interno del mejicano, amarilloso como el del oro, tal vez la forma de la mata, que crece extendiéndose y ramificándose como el rayo. En todo caso, el Srekollimisak asocia este vegetal con un mineral: piedra fina. Pero, además, el oro aparece relacionado aquí con el carbón, que en Guambía es de origen vegetal. Se trata del carbón encendido, rojo, que en lengua wam se denomina con las mismas palabras que el oro y la plata, naarrosr y pilapik. Naa está relacionado con el fuego doméstico, el fuego del hogar; naachak es el fogón, el plan de la candela. Es muy posible, entonces, que la procedencia del fuego doméstico, de la cocina, se piense como si viniera del rayo, cuya punta tiene fuego, aunque se trata de un fuego natural, bravo, que en manos de su dueño hace daño a los hombres y quema sus casas, lugares de asiento del fuego de la cocina. Al carbón encendido y al oro se los designa también con el término pilapik, lo que arde. Por eso, el rayo, esta vara con fuego en el extremo, se asemeja a los leños o tizones que se queman en el fogón, cuya punta es roja cuando arden originando la candela, razón que permite ligarlos igualmente con el amarillo y con el aroiris y, por supuesto, con el oro. En esta historia, pues, resulta más nítida y explícita la relación del rayo con el fuego y con el oro. Por otro lado, como el oro que viene de las plantas se cocina, esto establece una nueva relación entre él y la candela. El rayo es la vara de oro de taita Ciro otro nombre para el Srekollimisak, que origina el fuego, y el fuego del hogar produce el oro al cocinar los frutos de la mata de éste. El señor aguacero, Srekollimisak, viene montando en un caballo blanco que es la nube blanca y vestido con zamarros blancos, lo que indica que hay oro blanco. Si viene en caballo negro nube negra con zamarros negros entonces se relaciona con el oro amarillo y con el bastón de mando del cacique y del gobernador. Así lo relata el taita Abelino Dagua. Según él, los guambianos designan el oro y la plata con la misma palabra porque para ellos hay dos clases de oro: oro amarillo, que es el oro propiamente dicho, y oro blanco, que es la plata y que se asocia con los huesos del cuerpo humano. El relator concluye afirmando que donde cae el rayo, allí hay oro. Existen tres tipos de rayo que salen de la vara del taita Ciro. Cuando el rayo es negro y se clava en la tierra como arándola de izquierda a derecha y de arriba a abajo, entonces cualquier animal o persona que pase por allí se contagia con la enfermedad de rasquiña; el rayo negro se relaciona con la tierra. Pero si el rayo es rojo y se clava profundo en la tierra es porque ahí hay oro amarillo, es como dos cables de electricidad: se atraen, se conectan y producen chispa. Si el rayo es blanco y se queda en la superficie es porque hay oro blanco. ¿Será éste el origen de las minas de este metal? Un elemento más de la historia guambiana termina de redondear la relación entre oro, maíz y Srekollimisak de una manera más clara y directa. Antiguamente, la casa del Srekollimisak quedaba en el cerro Purayatun, por el filo que se desprende de la vereda Cacique y va hasta el páramo, bordeando la quebrada de Corrales. En esa época, el cerro estaba cubierto completamente de bosque y nadie podía subir allí, ni cortar árboles, ni quemar. Ahora, el Purayatun está desprovisto de casi toda su vegetación y el Srekollimisak se ha ido a vivir a la laguna de la Chapa, que ya he mencionado. Pues bien, el nombre del cerro viene de pura = maíz, ya = casa y tun = cerro; es decir, se trata del cerro de la casa del maíz, al tiempo que es también la casa del Srekollimisak. Es posible, por consiguiente, que el oro sea el maíz de Srekollimisak y, por lo tanto, también de Pishimisak; que sea maíz en su estado no domesticado, es decir, todavía no entregado por el Pishimisak a los guambianos, como entregó a éstos todas sus comidas, que él consume crudas, en estado silvestre, para que ellos las consuman cocinadas. Un mayor explica, adicionalmente, que se trata del maíz trojero, aquel que carga tan bien, tan cerrado, que no se ve la tusa. Pero también aparece la posibilidad de que el Srekollimisak sea el propio maíz. Otras tradiciones en relación con el oro La historia de la laguna de Tenebío, tal como la dijo un maestro en un taller en el Núcleo Escolar, también relaciona el rayo, el oro, el fuego de la cocina y el agua, esta vez con la serpiente:
Otro relato, que el maestro Miguel Antonio Cuchillo, de Bujíos, narró a la antropóloga Reineira Argüello, establece lazos entre una laguna, el oro y la Sierpi, que es la madre del agua y de la cual algunos dicen que es el mismo aroiris, Kosrompoto. Las estrechas semejanzas con el relato anterior permiten suponer que se trata de la misma laguna de Penebío:
Refiriéndose a tiempos más recientes, otra historia establece una ligazón entre el oro y las lagunas, esta vez con la de Palasro. Así la habla el taita Abelino Dagua:
En otra versión del mismo taita, los protagonistas ya no son gringos sino mineros que venían del lado de Riosucio, por Inzá, donde hay oro. Después de mucho tiempo de trabajo,
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Crucero elaborado por fundición
Pechera en lámina recortada
Pecheras hechas por fundición |
El oro en la vida de hoy:
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BibliografíaDAGUA HURTADO, Abelino; Misael ARANDA y Luis Guillermo VASCO URIBE. 1998. Guambianos. Hijos del aroiris y del agua. CEREC/Los Cuatro Elementos/Fondo de Promoción de la Cultura del Banco Popular/Fundación Alejandro Angel Escobar, Bogotá. URDANETA FRANCO, Martha Lucía. 1988. Investigación arqueológica en el resguardo indígena de Guambía. En Boletín Museo del Oro, No. 22, Banco de la República, septiembre-diciembre, Bogotá. VASCO URIBE, Luis Guillermo; Abelino DAGUA HURTADO y Misael ARANDA. 1994. Srekøllimisak. Historia del señor aguacero. Instituto Colombiano de Antropología, Colección historia y tradición guambianas, No. 4, Bogotá.
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Cómo citar este artículoVASCO URIBE, Luis Guillermo. 2002. Guambianos: una
cultura de oro. Boletín Museo del Oro, No. 50, julio-diciembre 2001. Bogotá:
Banco de la República. Obtenido de la red mundial el (fecha cambiada por el usuario
según el día en que consultó el archivo).
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