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El proceso de Ubaque de 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas

Eduardo Londoño L.
Museo del Oro - Banco de la República
  

Summary

By way of introduction to the 1563 document on Muisca ceremonies in Ubaque, a chronological account is given of the Spanish Conquest, and the event is put into the context of the colonial era. Through an animal fable, we are invited to change the methods that Muisca ethnohistory has used for analysing the chronicles and archive documents. It is suggested that anyone who uses texts like the Ubaque document does not limit himself to extracting and copying quotations, but rather analyses the colonial context in which those texts are set.
  

Resumen

Para introducir el documento de 1563 sobre las ceremonias muiscas en Ubaque se hace un recuento cronológico de la conquista española y una contextualización del evento en la época colonial. Bajo la forma de una fábula de animales se invita a cambiar los métodos con los cuales la etnohistoria muisca ha analizado las crónicas y documentos de archivo. Se sugiere a quienes utilicen textos como el de Ubaque no limitarse a extractar y copiar citas sino realizar un análisis del contexto colonial de enunciación de esos textos.
  

Contenido

Ceremonias y premoniciones
El proceso de Ubaque
La fábula de los siete métodos de la henohistoria
Bibliografía
Cómo citar este artículo
  

Indio de Fontibón en 1845. Clic para ampliar
Indio de Fontibón en 1845. Acuarela de E. W. Mark, colección de arte del Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango.
16,9 x 25 cm. En el borde inferior derecho está anotado a lápiz: "Indio de Fontibon, Oct. 22nd. 1845", y en el cartón de soporte, en tinta, "An indian on the Savana of Bogotá"



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Ceremonias y premoniciones

En la Semana Santa de 1536 partieron de Santa Marta dos armadas españolas, una en bergantines y otra a pié y a caballo, para remontar el río Magdalena en busca de las riquezas que esta nueva ruta pudiera deparar a los conquistadores (Relación, [1550]: 166). Las tropas llegaron un año más tarde, gravemente disminuidas, a los altiplanos centrales de Colombia, donde descubrieron a los pacíficos e industriosos indios muiscas, y con ellos grandes cantidades de oro y piedras esmeraldas que los indígenas ofrendaban a sus dioses.

El miércoles santo de 1537, 28 de marzo, se dio la primera tímida escaramuza de los muiscas hacia el extraño cortejo que quince días atrás había entrado en su territorio. En la batalla cayeron muertos varios indígenas. Al día siguiente vinieron otros al cercado nuevo del cacique Bogotá donde los españoles habían aposentado su ejército, dos leguas antes de Chía, y celebraron una ceremonia fúnebre, la primera ceremonia religiosa que los europeos vieron en estas tierras:

Llegaron diez o doce indios cubiertos con mantas negras y bonetes de algodón negros de aguja muy pulidos, y trujéronles venados de parte del Señor y un poco de oro, y dijeron que venían allí a hacer sus honras por los muertos que habían muerto en la batalla. Y comenzaron a cantar a manera de lloro, que los cristianos no los entendían porque no tenían lengua que bien los entendiese. Duró este lloro y alaridos hora y media poco más o menos. Acabado, se fueron. (Relación, [1550]: 170)

El documento de apunte y contabilidad del botín de la hueste conquistadora registra a su manera lo ocurrido en estos dos días:

Miércoles, veintiocho de marzo, se hubo de unos indios de guerra, cuarenta y nueve pesos de oro fino, 49 pesos.
Más, ochenta y nueve pesos de oro bajo.
Más, veinticuatro piedras de esmeraldas, chicas y grandes, de todas suertes.
Jueves, veintiuno (sic. Por: veintinueve) de marzo, vinieron unos indios a este mismo pueblo y trajeron ciento y trece pesos de oro fino, 113 pesos.
Más, trescientos y treinta y cuatro pesos de oro bajo, 334 pesos.
Más, treinta y tres piedras de esmeraldas de todas suertes, chicas y grandes.

(DIHC: 4: 84)

Esto sucedía por el equinoccio de marzo, una fecha sagrada para los indígenas. Es más, en los días del equinoccio mismo, el 20 y 21 de marzo, los extranjeros coincidencialmente habían entrado al Valle de los Alcázares (Sabana de Bogotá) y a los Pueblos de la Sal (Zipaquirá), donde empezaban los dominios del Bogotá. No sorprende que muchos de los cronistas argumentaran después que los muiscas, quienes eran más religiosos que guerreros, acogieron a los españoles considerándolos como enviados de los dioses.

El cacique de Bogotá, sin embargo, no recibió a los extranjeros como lo habían hecho el de Suba y otros más. Casi un siglo más tarde, el cronista fray Pedro Simón atribuye su reticencia a una profecía dicha por un jeque o sacerdote muisca y que fue conocida por los franciscanos años después:

La principal razón porque se guardaba tanto el Bogotá de no ver ni que le vieran los españoles, era por un sueño que le había declarado un famoso jeque del valle y pueblo de Ubaque, dicho Popón, en que le pronosticó se había de bañar en su sangre por la muerte que le habían de dar unos extranjeros que habían de entrar en sus tierras. (Simón, [1626]:3:201-202)

[Era el más] famoso jeque que había en toda la tierra y reino del Bogotá, llamado Popón, tan familiar y aliado del demonio, que tenía más ordinarias hablas y conversaciones con él que todos los demás juntos jeques del Reino... Mostrábasele tan amigo el demonio, que no sólo en su casa y en los santuarios se le aparecía y hablaba, sino también lo llevaba por los aires donde le parecía... y que en una noche lo llevó a Santa Marta, que hay de distancia casi doscientas leguas, y le mostró los españoles que había pocos días habían llegado [a] aquel sitio y poblado la ciudad, volviéndolo en aquella misma noche a su casa de Ubaque. [...Y] ...por lo que el demonio le había dicho cuando le mostró los españoles en Santa Marta... barruntaba que había de suceder en este Reino lo que en otras partes de la tierra que habían descubierto y poblado. (Simón, [1626]: 4: 337-338)

Después de esta bella puya lascasiana contra la violencia de los conquistadores, fray Pedro cuenta que el sueño del Zipa de Bogotá consistió en que el agua de su baño se transformaba en sangre. Convocados los jeques, Popón declaró:

...que lo que soñó que se bañaba en sangre, no quiere decir que se ha de bañar en la sangre del Tunja, sino en la suya propia, porque unos hombres de otras tierras que van llegándose ya a esta, lo han de matar... (Simón, [1626]: 4: 338)

Para ser breves, habría que decir que el Zipa murió a manos europeas hacia el 12 de octubre de 1937, que después de un paseo de reconocimiento del territorio la conquista de los muiscas fue muy rápida y se consideró terminada en junio de 1538, que en agosto de 1538 se fundó Santafé de Bogotá y en agosto de 1539 la ciudad de Tunja, que los indios luego fueron repartidos en encomiendas y duramente reprimidos cuando hizo falta (como cuando en 1540 se asesinó a los principales caciques de Tunja), y que en abril de 1550 se creó una Real Audiencia que en 1553 se estableció en Santafé, con lo cual la historia marca el inicio del período colonial (Londoño L., 1985).

El proceso de Ubaque

En 1563, la Real Audiencia tuvo noticia de que

...el cacique de Ubaque y Hontibón andaban aparejando y juntando indios de repartimientos comarcanos y ladinos desta ciudad de Santafé... para hacer las fiestas gentílicas que ellos acostumbraban a hacer antes que estuviesen debajo de nuestro amparo, en las cuales había grandes idolatrías, adulterios, estupros, embriagueces y sacrificios de mochachos y otros delitos y excesos abominables... (Londoño L., 1991: 145)

Para remediarlo los Oidores encargaron inicialmente del asunto al Alcalde Mayor Francisco de Santiago. Sin embargo, fue directamente un Oidor de la Real Audiencia, el Licenciado Melchor Pérez de Arteaga, quien tuvo ocasión de asistir en Ubaque a esta ceremonia religiosa pública de los muiscas el 27 de diciembre de 1563, cuando para los indígenas era tiempo del solsticio y para los españoles de la Navidad. Se trató curiosamente también de unas honras fúnebres, las exequias que el cacique de Ubaque celebraba para sí mismo puesto que habría de morir. La acción del oidor causó que esta fuera la última ceremonia religiosa pública que hicieron los muiscas, pues en adelante sólo se hicieron a escondidas del aparato judicial español 1.

Indígena de Fameque
Indígena de Fameque (sic. por Fómeque).  Altiplano de Bogotá, vendedor de gallinas. Fotografía del viaje de Alphons Stübel y Wilhem Reiss en 1868. Tomada del catálogo Tras las huellas, dos viajeros alemanes en tierras latinoamericanas de la Biblioteca Luis Ángel Arango (Brockmann y Stüttgen, 1996: 23).

Indígena de Chocontá
Indígena de Chocontá (altiplano de Bogotá), vendedor de huevos. Fotografía del viaje de Alphons Stübel y Wilhem Reiss en 1868. Tomada del catálogo Tras las huellas, dos viajeros alemanes en tierras latinoamericanas de la Biblioteca Luis Ángel Arango (Brockmann y Stüttgen, 1996: 20).

Momia de Pisba - Clic para ampliar

1. La momia hallada en Pisba que se conserva en el Museo del Oro del Banco de la República fue fechada por carbono 14 hacia finales del siglo XVI, por lo que es señal de que hubo resistencia cultural y ceremonias ocultas por varias décadas después de la conquista (Cárdenas Arroyo, 1990).
  

Figura antropomorfa votiva muisca
Figura antropomorfa votiva muisca. El conjunto fue hallado en El Hoyo, Gutiérrez, Cundinamarca, y fue fechado por carbono 14 en 1360 +/- 40 d.C. (Beta 160927). Museo del Oro, Banco de la República.
15,3 x 4,8 x 0,7 cm.

El expediente reunido por el Oidor se encuentra copiado en el Archivo General de Indias de Sevilla (AGI, Justicia: 618: 1395-1460) y sobre él llamó la atención Ernesto Restrepo Tirado en el Boletín de Historia y Antigüedades (1941). Contiene una detallada y fascinante etnografía del aspecto público de una religión americana, y a la vez es un valioso testimonio de lo que pudieron sentir los indígenas respecto de la conquista y la colonia tras 27 años del contacto con las tropas de Jiménez de Quesada. El Ubaque tiene la sensación de que el equilibrio del mundo se ha perdido bajo el orden español; ve la estructura política desbaratada y los tributarios explotados bajo un régimen estatal que era totalmente desconocido en sus tierras; asiste a la violación impune de todas las normas y de todos los tabús religiosos, al saqueo de la Madre Tierra, al fin de la era de los muiscas. Por esto convoca a unas exequias que tienen por oficiante al mismo jeque Popón y por difuntos a los muiscas en general y al cacique mismo en particular. El caso no deja de recordar los recurrentes rumores de suicidios colectivos entre los indígenas de la cordillera, tanto antiguos como modernos.

Desde el punto de vista de los españoles, el proceso de Ubaque representa la imposibilidad de aceptar y convivir con la religión del Otro. El cacique declaró en el pleito, desde su cultura, que así como los cristianos tenían sus fiestas de Navidad los indígenas sólo estaban pretendiendo realizar su propias fiestas tradicionales y que no habría por qué prohibirlas. Pero para los ojos de los colonizadores todos los rasgos de la ceremonia eran manifestaciones del demonio y no cabía tal pie de igualdad entre unas ceremonias y otras. Evidentemente, cada vez que los indígenas llaman a sus dioses por sus nombres el lengua intérprete traduce "demonios".

El documento que transcribimos íntegramente en este número del Boletín es el más antiguo que se conoce sobre la acción de los funcionarios coloniales contra la religión nativa en el territorio del Nuevo Reino de Granada. En documentos posteriores se asistirá a la extirpación de santuarios y a la persecución de jeques o sacerdotes, pero nunca más vieron los españoles una ceremonia tan multitudinaria y organizada como esta (Londoño L., 1996; Bernand, 1989).

El documento es cien años anterior a la obra de Lucas Fernández de Piedrahita, quien lo menciona (1666: 1: 24), y es contemporáneo del Tratado de los tres elementos de Tomás López Médel ([1566]) aunque este oidor e intelectual que recorrió en 1560 el territorio muisca se hallaba en España cuando ocurrían los sucesos de Ubaque. Para él,

En el Nuevo Reino estaba asimesmo muy viva la idolatría, y aunque no era con derramamiento de tanta sangre y con matanza de tantos hombres como en México, era con todo eso muy más supersticiosa y más ceremoniosa, y con más continuas y ordinarias confabulaciones y tratos con el demonio, cuyos sacerdotes (que ellos llaman mohanes) eran grandes hechiceros. ([1566]: 338)

El resumen del suceso —para orientar al lector— es simple. Después de una noche de sahumerios y ceremonias previas en el templo de reunión, unas comparsas estuvieron bailando y tocando sobre la calzada ceremonial ubicada frente al cercado del cacique, con abundante chicha, llantos y gestos de dolor, máscaras, gorros y cantos tristes en una lengua diferente de la de Ubaque y Bogotá. El Oidor toma notas y entrevista testigos hasta reunir información sobre el carácter religioso y no recreativo de las celebraciones. Como el encomendero apoya las festividades, reúne también información contra él. El documento no incluye la sentencia definitiva del proceso, al parecer porque de este pasó a ocuparse directamente la Real Audiencia y porque los legajos que se conservaron en Sevilla no son el expediente original sino una copia dentro del extenso juicio de residencia seguido por el Presidente Venero de Leyva al Oidor Arteaga cuando dejó su cargo (Restrepo Tirado, 1941).

1395r

20 dic 1563

El fiscal informa a la Real Audiencia que los indígenas están preparando fiestas paganas y pide que se ponga remedio.

-

22 dic 1563

Comisión a Francisco de Santiago, Alcalde Mayor, sobre las borracheras y sacrificios que se hacen en Ubaque y Hontibón (ANC. CaIn: 27: 653, en Londoño L., 1991: 145-147).

1399v

27 dic

El Licenciado Arteaga, Oidor de la Real Audiencia, es comisionado y se desplaza a Ubaque. Recoge testimonios de españoles y mestizos y visita el cercado donde tiene lugar la ceremonia.

1412r

28 dic

En el cercado donde continúa la ceremonia el Oidor hace la relación de los participantes y les confisca elementos religiosos. Encarcela al Ubaque y a los principales caciques y les toma declaración.

1422v

29 dic

Manda tumbar y quemar los templos y cercados. Se queman sólo los pequeños.

1424v

30 dic

En Santafé, el oidor Arteaga solicita que el caso sea tratado por la Audiencia y el Obispo.

1426r

5 ene 1564

Varios días de interrogatorio a los caciques presos.

1436r

8 ene

Libertad provisional al cacique de Ubaque para no afectar el trabajo de los indios en la construcción de la Catedral.

1437v

18 ene

Se manda al capitán Joan de Céspedes, encomendero de Ubaque, que defienda en el juicio a su cacique.

1438r

21 ene

Se manda juntar a este expediente el del proceso que se sigue simultáneamente al capitán Joan de Céspedes por desacato a la autoridad (esta parte no se publica en esta oportunidad):

1438v

27 dic

En vista de que el encomendero favorece la celebración de las ceremonias el Oidor le ordena salir de Ubaque y toma declaración de testigos al respecto.

1458r

31 dic

En vista de que su señora está enferma, el capitán Céspedes pide que se le deje regresar a Ubaque y anexa declaración de testigos al respecto.

1459r

3 ene 1564

Se autoriza a la señora Isabel Romero a ir a Cáqueza por 15 días para curarse.

1460r

 

Se menciona brevemente que estas copias de legajos son del juicio de residencia del Licenciado Arteaga.

   

Poder del Obispo de Cartagena, Juan de Simancas.

Tunjo muisca de El Hoyo
Tunjo muisca de El Hoyo.
Museo del Oro, Banco de la República.
17,8 x 4,7 x 1 cm

La Fábula de los siete métodos de la henohistoria

El documento de Ubaque, además de extenso, es excepcionalmente rico en información sobre la religión de los muiscas y sobre otros muchos temas. No conviene resumirlo, porque ha sido tradición en nuestra disciplina que los resúmenes toman el lugar de los originales, empobreciéndolos (Londoño L., 1991: 135). De ahí que prefiramos publicarlo en extenso y, en vez de analizarlo, comentar sobre las posibilidades de análisis mediante la narración de la siguiente fábula:

Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano, existía una disciplina denominada la Henohistoria (Lat. henos: paja) que consistía en que los antropólogos escribían sobre temas de historia sin mayor entrenamiento en esas artes. Un águila y un murciélago, ya viejos, hablaban entre sí un día:

—Los paradigmas actuales, post-materialistas, —decía el águila— piensan que la verdad no existe y que todo es discurso, texto. ¿Por qué te preocupas por lo que es o no es cierto?

—Es cierto, la verdad no existe, —respondió el murciélago— pero la mentira sí y como es poco elegante debe ser perseguida. Sale del paso sin demasiado esfuerzo. Ya no estamos para decir que los muiscas, "nuestros antepasados", fueron estados como los incas o los aztecas, ¿o sí?

—Eso era una mentira piadosa, puede decirse que una mentira patriótica.

—Pero es que hay otras que aún corren por todas partes. Para exorcisar de raíz las mentiras de la Henohistoria —al murciélago le brillaba el hocico— hace falta concebir Siete palabras autocríticas, palabras chamánicas que una vez dichas cobren vida propia y etiqueten los anales donde se detecten rastros de estos métodos. ¿Cuál crees que merece ser la primera?

—La peor mentira ha sido el manejo de las hipótesis: la Henohistoria solía suponer algo que en un momento dado resultaba ser la mejor hipótesis para explicar una situación; pocas páginas más adelante, sin embargo, el supuesto había dejado de ser hipótesis y se había convertido en una realidad comprobada...

—...La cual por supuesto daba pie para construir nuevos y endebles supuestos —completó el murciélago. ¡ A-divina la henohistoria que hacíamos! Existen miles de ejemplos, graves o leves, de supuestos en la Henohistoria muisca. Por ejemplo, que el tejo o turmequé es un deporte de origen muisca. O que el matrimonio era entre primos cruzados.

—¿Y qué nombre le pondremos?

—Pues... esta será La Historia Supositoria —sonrió el murciélago de oreja a oreja.

—Por supuesto —dijo el águila. Mira, si te preocupa la verdad, te propongo etiquetar también el Desorden de autoridades: cuando las personas respetables habían dicho algo, se consideraba que ese algo era cierto aunque no hubiera sido probado por nadie, porque lo rodeaba el aura de respetabilidad de quien lo dijo. Hay que decir que la Henohistoria, nacida en las universidades, emprendió ya en su época numerosas batallas contra este método académico.

—¡Caca de mico! Las personas respetables también tienen que probar sus supuestos o, por lo menos, no dejar de pensar que son solamente hipótesis.

—Desde hace casi quinientos años, los cronistas del territorio muisca empezaron a copiarse unos a otros, repitiendo la misma información. La Henohistoria arrastró este atavismo y además parecía creer que cuanto más repetido es un chisme, más verdadero se vuelve. Por este método todos creemos, por ejemplo, que el Zipa de Bogotá era un rey que gobernaba sobre un amplio territorio que comprendía los dominios de Fusagasugá, Ubaque, Guatavita, Zipaquirá y Ubaté, y que al norte el Señor de Tunja mandaba sobre un reino semejante.

—¡Caca de mico crónica! Por el contrario, lo interesante es establecer por qué se repite un dato y a quién, en ese contexto, le servía que se repitiera. Jiménez de Quesada, para ser glorioso, necesitaba derrotar reyes poderosos y no cacicazgos independientes. Hoy hay que leer las crónicas en su contexto de enunciación 2, analizar la mentalidad de quien las escribió 3.
  

2 Ver Genoveva Iriarte Esguerra, 1983.

3 Ver Borja 1998, Londoño, 1994.
  

Tunjo muisca de El Hoyo
Tunjo muisca de El Hoyo. Museo del Oro, Banco de la República.
13 x 4,6 cm

—Para enfrentar el problema de las crónicas, —recordó el águila— la Henohistoria de antaño se volcó hacia los archivos coloniales. Estos contienen información colonial como peleas de vecinos, tasas de tributos, probanzas de servicios, etc., pero entre sus vericuetos la Henohistoria se dedicó a la caza de citas que pudieran reflejar la vida de los muiscas. Tales citas eran escasas, así que quien obtenía una la trataba con gran cuidado y despliegue, como un elemento probatorio que encerraba poderes mágicos. Ya no hacía falta analizar, sólo tener una cita. Y si la transcripción paleográfica estaba llena de abreviaturas y de contracciones que hacían casi ininteligible la cita, se consideraba que esta era aún más original, poderosa y cabalística.

—El Proceso de Ubaque es una gran fuente de citas, pero ¿es suficiente extraer una cita? ¿Es suficiente parafrasear lo que dicen sus folios? Si lo transcribimos no para analizarlo sino para-citarlo, ¿seríamos historiadores o parásitos? —Las alas del murciélago subrayaban sus palabras como la capa de un actor que declamara a Lope de Vega.

—La cita se sacaba de su contexto y se la hacía valer más que otras tantas o más con sentido exactamente contrario. Es sabido que en los pleitos coloniales aparecen seguidas las probanzas o testimonios de las dos partes contrarias, por lo que es tan fácil obtener citas que prueben la matrilinearidad como la patrilinearidad en la sucesión de los caciques. Hay quien define la uta y la sybyn basado en una sola cita, la más confusa de todas.

—También, águila mía, es faltar al contexto usar una cita testimonial sin evaluar quién es el testigo: si es indígena o europeo, si tiene por qué saber sobre lo que está diciendo, si era adulto cuando ocurrió la conquista, si el traductor, el escribano o el oidor adaptaron lo que dijo en su lengua el testigo indígena, etc.

—Espera, murciélago amigo, no sigamos sin ponerle un nombre a este método de fabricar la historia.

—Colega: podría ser la Historia pobre-cita, pero prefiero bautizarlo La Historia Citológica.

—Con eso la acabaste, espero. Ojalá no sea ese el destino del documento de Ubaque. Para rematar, la Henohistoria pretendió abstraer de los documentos coloniales la situación de los muiscas prehispánicos. La conquista y la colonización de los muiscas fueron períodos de cambios grandes, rápidos y dramáticos. Así que no tiene sentido mezclar, como tantas veces lo hizo la Henohistoria, datos de una década con otros de veinte, treinta o cincuenta años más tarde, ni sacar datos de la Colonia y extrapolarlos a antes de la Conquista. Es el método del Presente etnográfico que hicieron los ingleses en el África, mientras ellos mismos arrasaban las sociedades cuya historia reconstruían.

—El presente henohistórico fue en verdad una Historia cronoloca. Y como no conocemos bien la mentalidad europea del siglo XVI, muchas veces este método le asignó a lo indígena rasgos de origen europeo, como la medicina dualista de las cosas frías vs. las cosas calientes. Bruto aquel muiscólogo a quien se le ocurrió usar archivos coloniales para inventar a los muiscas a la llegada de los españoles, ¡seguramente tenía lagunas en su mente!

—¿Sabes? La Henohistoria es sin duda una novela muy interesante, fabulosa. No en vano es contemporánea del realismo mágico. Pero, ¿cómo podría hacérsela mejor en el futuro? ¿O acabaremos escribiendo fábulas?

Aquí el murciélago calló su boca y se rascó, caviloso, sus orejas.

—Mmmmh... —concluyó después de un tiempo— Esos bailes, esos ritmos, esas máscaras... El documento de Ubaque deja verdaderamente la sensación de que los muiscas estaban vivos luchando por su cultura, al tiempo que hacían el duelo por los cambios tan duros que habían tenido que soportar. No es una fiesta prehispánica, tal vez incluso la Colonia y las papeleticas firmadas hayan facilitado reunir a tanta gente. Y ese encomendero que apoya a los "infieles" contradiciendo con todo el descaro a la Real Audiencia... Este es un retrato de nuestra identidad en el siglo XVI. Es la oportunidad de hacer una nueva historia desde nuevos paradigmas.

Bibliografía

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Cómo citar este artículo

LONDOÑO L., Eduardo. 2001. El proceso de Ubaque de 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas. Boletín Museo del Oro, No. 49, julio-diciembre 2001. Bogotá: Banco de la República. Obtenido de la red mundial el (fecha cambiada por el usuario según el día en que consultó el archivo).
http://www.banrep.gov.co/museo/esp/boletin

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