Boletín Museo del Oro

Las águilas doradas: más allá de las fronteras y del tiempo.
El motivo de las aves con alas desplegadas en la orfebrería tairona

 

Juanita Sáenz Samper
Museo del Oro, Banco de la República

Summary

The motive of a bird with wings unfolded is often found in Tairona goldwork, which comes from the Sierra Nevada de Santa Marta in Colombia, and is a typical archaeological feature over a wide region, ranging from lower Central America to Guyana. The article brings together existing information for this region about archaeology, chance finds, ethno-historical and ethnographic sources, and symbolic interpretations. It goes on to classify the 280 Tairona birds in the Bogotá Gold Museum’s collection, some of them C-14 dated, into thirteen distinctive categories.

Resumen

En la orfebrería tairona, procedente de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, se encuentra con frecuencia el motivo del ave con alas desplegadas, tema característico de la arqueología de una amplia región que abarca desde la baja Centroamérica hasta la Guyana. El artículo reúne, para esta región, la información existente sobre arqueología, hallazgos ocasionales, fuentes etnohistóricas y etnográficas e interpretaciones simbólicas. Luego clasifica en trece categorías distintivas las 280 aves tairona existentes en la colección de orfebrería del Museo del Oro de Bogotá, algunas de ellas fechadas por C-14.

Contenido

Introducción
Hallazgos de aves con alas desplegadas
Las aves en escritos del siglo XVI
Las águilas: emblemas de poder
Simbología de las águilas en el mundo chibcha
Posibilidad de identificación taxonómica
Aves en la orfebrería de la Sierra Nevada de Santa Marta
Conclusiones
Bibliografía citada
Cómo citar este artículo:

Aguila

Ilustración de Sandra Ardila.



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Los seres humanos han sentido siempre fascinación por las grandes aves, por su comportamiento, por la capacidad que tienen algunas de imitar sonidos, por su organización, la agudeza de su visión, pero sobre todo, por la majestuosidad de su vuelo.

Desde tiempos prehispánicos las aves han jugado un papel importante para los pueblos asentados desde la baja Centroamérica hasta la Guyana en donde seguramente fueron elementos de gran relevancia simbólica. Así lo indican las fuentes etnohistóricas, relatos de viajeros, descripciones de grupos actuales, excavaciones arqueológicas y hallazgos ocasionales. Poseer un ave de orfebrería y llevarla colgada al pecho como parte del atuendo se relacionaba tal vez con cierta jerarquía de poder político. Dentro de una simbología compartida por muchas comunidades, estos pectorales eran objetos sagrados cuyo valor estaba en el simbolismo de su forma, material y técnica de manufactura (Falchetti, 1993: 3-75). En las crónicas y documentos de archivo españoles siempre se les nombró como "águilas" debido a su forma general y a su pico prominente; de ahí que muchas veces se mantenga este nombre a pesar de que sus atributos físicos puedan mezclar características de otras especies ornitológicas.

Gerardo Reichel Dolmatoff (1988) encontró que los animales más representados en la orfebrería prehispánica de Colombia son las aves, con predominio de las de alas desplegadas. Relaciona este tema con el vuelo chamánico, cuyas interpretaciones en piezas arqueológicas son muy frecuentes, por lo que debe haber tenido una función social muy importante. Destaca el tema del hombre - ave plasmado en los pectorales muiscas y taironas que ostentan personajes acuclillados sobre múltiples cabezas de aves.

En la orfebrería tairona, procedente de la Sierra Nevada de Santa Marta, el motivo del ave es recurrente y muy variado. Diversas representaciones de aves fueron manufacturadas desde los primeros siglos de la era cristiana en un continuo ininterrumpido hasta la época de la conquista, lo que indica su importancia para una sociedad que tal vez las relacionaba con asuntos de poder, de religión o las usaba como emblemas de filiación clánica. Al comparar la cantidad y diversidad de las aves en la orfebrería tairona con la de otras regiones, desde la Guyana hasta el istmo centroamericano, sorprende que en la Sierra Nevada de Santa Marta y sus alrededores éstas hayan sido tan generalizadas.

El presente artículo se propone establecer la importancia de las aves en diferentes sociedades de esta región, a partir de las colecciones del Museo del Oro y de identificaciones iconográficas, cronológicas, similitudes estilísticas con el material de otros grupos orfebres y la consulta de fuentes etnohistóricas y etnográficas1.

1 Este trabajo forma parte de la investigación adelantada en el Museo del Oro sobre metalurgia arqueológica de la Sierra Nevada de Santa Marta. Agradezco a Juan Ricardo Aparicio y Juan Carlos Orrantia por su valiosa colaboración en la consecución de datos y elaboración de mapas. A Alberto Ramírez, Roberto Lleras y Ana María Falchetti por sus correcciones y sugerencias.

Hallazgos de aves con alas desplegadas

En excavaciones arqueológicas en Panamá y Costa Rica se han reportado pectorales en forma de ave en actitud de vuelo como parte de los conjuntos orfebres más tempranos, desde el siglo IV d.C., y sus características perduran a través del tiempo a pesar de diferencias regionales en detalles o adornos (Cooke, 1986: 139-153). Sólo en el istmo han podido ser fechadas las primeras manifestaciones dentro de un conjunto arqueológico científicamente excavado, con una cronología entre el 400 y el 600 d.C. (Cooke y Bray, 1985) (Imagen 2). En las colecciones de museos y colecciones particulares de Panamá y Costa Rica son numerosas las águilas; algunas corresponden al llamado Grupo Inicial de la orfebrería de Panamá y la gran mayoría son del estilo Gran Chiriquí - Veraguas del istmo centroamericano (Aguilar, 1972; Balser, 1966; Cooke,1986).

Distribución del motivo del ave con alas desplegadas
Imagen 2: Distribución del motivo del ave con alas desplegadas. Tomado de Falchetti, 1993.
Ilustración Sandra Ardila. Un clic sobre las imágenes las agranda.

2. Guanín era la palabra usada por los indígenas del Caribe para referirse al oro bajo, también conocido hoy como tumbaga (aleación de cobre y oro, generalmente con mayores proporciones de cobre que de oro). Los europeos se referían a él como oro de chafalonía.

Pectoral zenú

Imagen 3: Pectoral zenú procedente de San Marcos, Sucre. O33623. Alto: 11.7; Ancho: 12 cm.

Un pectoral hallado en el río Mazaruni en la Guyana, cerca de Georgetown, es muy similar en su forma a los pectorales tairona y muisca (Whitehead, 1990).

En territorio colombiano, se han reportado en la región del Zenú alrededor de doce pectorales vaciados a la cera perdida y manufacturados ya sea en oro de buena calidad, ya en guanín o tumbaga2. Tienen una o dos cabezas y ocasionalmente exhiben penachos pequeños. Pertenecen al grupo de la orfebrería Zenú temprana y a un grupo muy localizado denominado por Ana María Falchetti como Grupo de Planeta Rica (Falchetti, 1987, 1989, 1993, 1995) con una representatividad del 1% dentro del material zenú. (Imagen 3). Del valle medio del río Cauca (región quimbaya) procede un pectoral bicéfalo vaciado a la cera perdida en guanín, muy similar en su forma a los del Zenú y a los de Urabá, pero con el brillo, color y pulimento propios de la orfebrería quimbaya, a pesar de no presentar las características iconográficas más sobresalientes del "estilo quimbaya" (Maria Alicia Uribe, comunicación personal, 2000). En el catálogo de la Exposición histórico - americana efectuada en Madrid en 1892, se menciona dentro de la colección predominantemente quimbaya de don Carlos Uribe, una pieza de "cuerpo de ave con las alas desplegadas y la cola abierta en abanico, con doble cuello y doble cabeza humana (¿), con collares y argollas en las narices" (pág. 59). En la región de Urabá los colgantes ornitomorfos son bastante particulares, pequeños, vaciados a la cera perdida en tumbagas rojizas y livianas, algunos con placas colgantes que ocultan la figura (Imagen 4). Representan alrededor del 2% de esta orfebrería.

En la Cordillera Oriental colombiana han sido reportados cerca de 30 pectorales en forma de ave con alas desplegadas de manufactura propia de la región muisca. Proceden de Gachancipá, Guatavita, Tunja, Sogamoso, Chiquinquirá y Fúquene en el altiplano cundiboyacense, de Buenavista en la vertiente oriental y del Tolima (Falchetti, 1989; Lleras, 1999; archivo de ofertas del Museo del Oro, 2000). Lleras las clasifica dentro del estilo muisca nuclear y representarían el 2.3% entre los adornos conocidos de orfebrería muisca, la cual se destaca por una amplia variedad en la manera de figurar el tema del ave con alas desplegadas, al punto que se podría hablar de piezas únicas. (Imagen 5)

Todas las piezas producidas en el norte de Colombia se relacionan con ejemplares hallados en el sureste de Panamá y la vertiente Atlántica de Costa Rica, en donde pertenecen al "Grupo Internacional" definido por Warwick Bray. Especialmente las aves bicéfalas sin adornos en la cabeza mantienen los mismos atributos en un extenso territorio sin estar ligadas a una región geográfica o a un estilo orfebre local (Bray sf. citado en Falchetti, 1989). (Imagen 6)

En la Sierra Nevada de Santa Marta y las llanuras circundantes se conocen 280 piezas entre pectorales y colgantes, reportadas en los sitios de San Pedro de la Sierra, La Aguja (municipio de Ciénaga), Minca, Bonda, Gairaca, río Piedras, La Tigrera, Jirocasaca, río Don Diego, río Palomino (municipio de Santa Marta) y en cercanías de la laguna de Zapatosa, en el departamento del Cesar. A pesar de que la cifra de 280 ejemplares es bastante elevada, su representatividad dentro de los adornos conocidos de la orfebrería tairona es similar a la muisca: 2.5%. Se identificaron 13 grupos de aves con alas desplegadas de acuerdo con sus características formales, iconográficas y tecnológicas; las representaciones de cada grupo se repiten dentro de patrones estándar y mantienen su forma y atributos físicos en el tiempo y el espacio. (Imagen 7)

Según fechas de carbono radioactivo obtenidas a partir del núcleo de arcilla y carbón de las piezas de metal, o a partir de restos de algodón adheridos, la producción y uso de las aves se extendería desde épocas anteriores al siglo V d.C. hasta la conquista. Este fechamiento fue de gran ayuda para establecer secuencias y desarrollo del motivo dentro de la orfebrería tairona.

Pectoral de la zona de Urabá
Imagen 4: Pectoral de la zona de Urabá. O32654. Alto 11.9; Ancho: 9.0 cm. San Pedro de Urabá, Antioquia.

Pectoral
Imagen 5: Pectoral con características propias de la orfebrería del altiplano cundiboyacense. O06355. Alto: 13.4; Ancho: 11.1 cm.

Pectorales y colgantes
Imagen 6: Pectorales y colgantes comunes en los primeros siglos después de Cristo. Grupo 1 de los pectorales taironas.

representaciones del motivo del ave con alas desplegadas
Imagen 7: Diferentes representaciones del motivo del ave con alas desplegadas en la orfebrería tairona.

Tabla 1. Fechas absolutas

O12611

Beta 121149: 460+/-60 d.C.

430 660 d.C. con intercepto en 590 d.C.

Imagen 14

O16971

Beta 121148: 620 +/-70 d.C.

600 – 855 d.C. con intercepto en 670 d.C.

Ave similar a O12611

O14617

Beta 129142: 1240 +/- 50 d.C.

1235 – 1315 d.C. con intercepto en 1285 d.C.

Ave similar a Imagen 15

O24347

Beta 133988: 1500 +/- 50 d.C.

1410 – 1510 d.C. con intercepto en 1440 d.C.

Ave similar a Imagen 21

Pectorales
Imagen 8: Pectorales correspondientes al grupo 4, dentro de la orfebrería tairona.

colgante estilo Veraguas

Imagen 9: Las características físicas de este colgante corresponden en su totalidad a las piezas del estilo Veraguas propio del norte de Panamá y sur de Costa Rica. Sin embargo, las aves del estilo Veraguas-Chiriquí, por lo general son de buen oro, mientras que esta figura fue vaciada en tumbaga y dorada superficialmente de manera similar al tratamiento dado a la mayoría de piezas tairona. Procede de Minca, Santa Marta, Magdalena. O11094. Alto: 7.1 Ancho: 8.5 cm.

Las aves en escritos del siglo XVI

Aunque en las Antillas, Cuba, la isla de Trinidad o el bajo Orinoco los hallazgos de "águilas" han sido más esporádicos que en el norte de Colombia y el istmo centroamericano, su baja frecuencia contrasta con la profusión de descripciones de los viajeros y cronistas españoles, que para todas estas regiones mencionan no sólo las "águilas", sino también gran cantidad de artefactos de oro y de guanín.

Para Panamá y Costa Rica Richard Cooke (1986: 141) recogió referencias etnohistóricas sobre águilas entre las que merece destacarse la descripción de fray Adrián de la Rocha en 1619 en las montañas Ciricanas acerca de piezas "de hechura de águilas abiertas las alas y el pico largo y encorvado".

Fernández de Oviedo dice del lago de Maracaibo: "... estas águilas se nombran en muchas partes... que son piezas de oro llanas, en figura de águila, abiertas de alas y delgadas, y pequeñas y mayores e otras más gruesas, de oro de diversos quilates e diferentes leyes... e otras encobradas." (Fernández de Oviedo, [1537]1959; III: 30).

En el siglo XVI los indígenas pertenecientes al cercado del cacique de Tunja, en el altiplano central colombiano, tenían "águilas... que los indios llevan puestos en sus personas cuando iban a la guerra y para regocijos y fiestas" (Aguado, [1581]1956: I: 289). Todavía en 1577, cuarenta años después de conquistados, los muiscas mantenían águilas de metal entre los objetos de sus santuarios (Londoño, 1989: 100).

Para la Sierra Nevada de Santa Marta se mencionan las "águilas" como parte de atuendo de quienes ahora denominamos taironas: "...El traje de los indios del Obispado y Gobernación de Santa Marta son camisetas y mantas de algodón pintadas, traen orejeras de oro y en las narices moquillos de oro, patenas y águilas de oro en los pechos y brazaletes de piedra, piezas de oro en las muñecas y gargantas de los pies. Los caciques y principales con más riqueza traen también piedras finas redondas y joyas de oro". (Vásquez de Espinosa, 1630, en Duque Gómez, 1958: 322).

En la ciudad de Santa Marta varios testigos de un pleito sobre rendimiento de cuentas en 1528 afirmaron que las formas que tenían las figuras hechas en oro de chafalonía eran: "...Águilas y pájaros y cascabeles y otras figuras..., …papagayos y pájaros y ranas y otras cosas..., ...águilas y pájaros y ranas y otras cosas...". Gonzalo de Vides declara en el mismo pleito que confiscó a los indios de la costa "siete águilas y tres zemíes" (Friede, 1951).

Existen evidencias del intercambio de águilas entre los pueblos de Valledupar y los del Lago de Maracaibo (Martín, 1534; Fernández de Oviedo, [1537]1964 y Pérez de Tolosa, [1546]1967). Según este último, entre ambas regiones había "algunos pueblos aunque pocos y sus indios trataban algún oro que era en forma de águilas". En Venezuela las "águilas" han sido mencionadas en los estados de Mérida y Trujillo (Acosta Saignes, 1952), en el golfo de Cariaco (Varillas, [1569]1964: 68), en el litoral de Cumaná en general (Fernández de Navarrete, 1964: 23), el bajo Orinoco (Berrío, [1590?]1964: 234) y en la isla Trinidad, en donde los indígenas solían salir a la guerra con "águilas en los pechos relumbrando" (Castellanos, [1601]1955: I: 365). "Aguilillas" y "águilas" de metal también se describen para algunas islas antillanas (Szasde, 1985; en: Langebaek, 1989-90: 206, 213).

Para la Guyana, en la región del bajo Orinoco y sus afluentes las águilas aparecen como producto de intercambio entre distintos grupos indígenas y entre indígenas y europeos. Algunos viajeros las citaron como "imágenes de oro con tres cabezas" (Keymis, 1596, en Whitehead, 1990). Otros, como Berrío, intercambiaron hachas y cuchillos por "patenas, águilas de oro, imágenes de hombres y de diversas aves" (Raleigh, 1848 en Whitehead, 1990).

En otras ocasiones los indígenas no quisieron intercambiar con los conquistadores algunas piezas, al parecer aves de varias cabezas:

"Este capitán de Cywannas (clan Warao)... su vivienda antes era en Macureo, donde los españoles una noche, les robaron, mataron veinte de sus hombres y quemaron sus casas, porque ellos rehusaron comerciar ciertas imágenes de oro hechas con muchas cabezas, que habían adquirido fuera de Guiana." (Keymis, 1596: 23, en Whitehead, 1990: 22. Mi traducción)

Según un viajero anónimo inglés, las herramientas metálicas holandesas eran muy apreciadas como producto de intercambio entre los indígenas del Bajo Orinoco, pero cuando quiso intercambiar éstas por un águila, no obtuvo mayor éxito:

"Antes de partir, él me mostró una pieza de metal en forma de águila, y pienso yo, pesaba alrededor de ocho o nueve onzas, parecía ser de oro o al menos dos partes de oro y una de cobre, le ofrecí un hacha que el rehusó, a lo cual le encimé cuatro cuchillos, pero no la puede obtener de él... Le pregunté dónde había conseguido el águila, su respuesta fue que la había obtenido de su tío que vivía cerca de Weearapoyns (¿) en un país llamado Sherumerrimary (Charuma?, cerca del país de los Cassipagotos – alto Caroni, sur de Pacaraima), donde hay gran cantidad de estas imágenes". (Purchas, 1906: XVI, 407, en Whitehead, 1990: 21. Mi traducción)

Las águilas fueron pues objeto de un intercambio de larga distancia y a la vez de herencias y regalos entre parientes, canjes seguramente dotados de un contenido simbólico que hace que no pudieran realizarse con los recién llegados.

En la localidad conocida como Chorro de Maíta en la región de Banés en Cuba, fue excavada una necrópolis que sugiere un caso interesante de intercambio por vía marítima. Una mujer joven enterrada allí llevaba al cuello un collar de cuentas de calcita con un colgante de guanín en forma de ave que Bray (1998) señala como procedente de alguna parte del caribe colombiano. Como en esta necrópolis se hallaron también esqueletos y objetos de origen español, no puede determinarse si esta pieza fue llevada por los españoles o en épocas anteriores, pero es evidente que se había adaptado e incorporado dentro del material cultural taíno (Oliver, 1999). El "colgante" en cuestión corresponde con las cabezas de ave con pico largo y ligeramente curvo que en número de tres o cuatro componen algunos de los pectorales de aves con alas desplegadas de la orfebrería tairona (Imagen 8) e ilustración en Bray, 1998: 48). Estas cabezas se manufacturaron individualmente por fundición en aleaciones de oro y cobre a la cera perdida y dorado por oxidación para luego ser ensambladas en cuerpos en forma de ave. (Imagen 9)

Las águilas: emblemas de poder

Además de objeto de intercambio, las águilas relacionan con ámbitos de poder político. Llegado Colón a Jamaica, en una de las canoas que se aproximaron a su carabela iba un cacique Taíno con su corte de señores importantes. En un documento citado por José Oliver (1999) se describen las diferencias en el vestuario y adornos entre los señores principales y el cacique. El atuendo de éste último, dice Oliver, contenía la esencia del simbolismo de su poder. Tal vez esta descripción constituye una de las primeras menciones de los pectorales en forma de ave con alas desplegadas, que para entonces se ven como flores heráldicas:

"El cacique traía en su pecho finas joyas de alambre que venían de una isla localizada en la región conocida como Guanique. Es tan fina que parece ser oro de ocho karat, en la forma de una flor de lis tan larga como un plato. La placa estaba agarrada con cuentas gruesas parecidas al mármol, que los Taínos apreciaban mucho." (Alegría, 1994; Cassá, 1974, en Oliver, 1999).

En los ajuares funerarios reconstruidos de la región tairona los pectorales de ave aparecen en ocasiones como único elemento y otras veces están acompañados por otros adornos. Pero los pectorales más grandes, que ostentan hombres-murciélago sobre las cabezas de las aves, han sido reportados únicamente para la región de San Pedro de la Sierra (municipio de Ciénaga) y como único elemento de ajuar.

Por su parte, entre los pectorales más sobresalientes del altiplano cundiboyacense cabe resaltar tres muy decorados y con numerosas placas colgantes, procedentes de ricas tumbas de la región de Chiquinquirá, cuyos ajuares atestiguan su pertenencia a personajes de muy alto rango dentro de la sociedad (Archivo Museo del Oro).

No hace mucho, a principios del siglo XX, el último cacique de Talamanca en Costa Rica, Antonio Saldaña, se diferenciaba del resto de la población por utilizar en su atuendo ciertas insignias que lo identificaban como jefe, con predominio del tema de las aves:

"Enseguida el rey trajo todas las joyas de la corona. El bordón de mando era de una madera muy dura; tallada en el extremo superior tenía una cabeza de pájaro, con el cuello hueco y dentro una bola que al sacudirla producía un sonido claro de cascabel. La corona era de plumas blancas de águila, con otras largas, azules y rojas de gacamayo, erectas al frente, en tanto que en torno de la base de la corona se veían otras de color de iris, verdes, rojas, azules y amarillas, hábilmente entremezcladas. Alrededor del cuello llevaba colgadas siete águilas, idénticas en la forma a las que han sido halladas en las más antiguas sepulturas de Costa Rica. Traía también un collarcito de conchas." (Nicholas Francis, 1902: 20, en Fernández y González, 1977; fotografías de la exposición Antonio Saldaña, último rey de Talamanca. Fernández y González, 1977)

A mediados del siglo XX la hermana María de Betania (1964) nombró ciertas costumbres matrimoniales entre grupos wayuu que habitaban en el corregimiento de Carraipía cerca de Maicao en La Guajira. Cuando el matrimonio se realizaba entre castas que usualmente habían sido enemigas, el acercamiento entre ellas implicaba la presentación de un "fetiche que consiste en un águila de oro de dos cabezas", de los cuales sólo existían dos en la Guajira en la década del 60. Después de presentado este objeto sagrado, los novios se podían saludar y los dos apellidos se amistaban. Hoy día entre las familias wayuu se mencionan las piezas de carácter prehispánico como "warás"; algunas consisten en figuras de aves y son considerados como símbolos de filiación clánica, se guardan celosamente y sólo se muestran públicamente en ocasiones especiales (José Socarrás, com. personal; Guerra Curvelo, 2000; Langebaek, 1989: 219; Falchetti, 1993).

pectoral
Imagen 10: O12943

pectoral
Imagen 11:O01253

Imágenes 10 y 11: El parentesco de las comunidades de la Sierra Nevada y del altiplano cundiboyacense se evidencia en estos pectorales que sugieren ideas y mensajes similares. O12943, procedente de San Pedro de la Sierra, Ciénaga, Magdalena. Alto: 20.5; Ancho: 18.2 cm; O01253, procedente de Guatavita, Cundinamarca. Alto: 21.0; Ancho: 22.5 cm.

Simbología de las águilas en el mundo chibcha

Entre las comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta y del altiplano cundiboyacense existía un estrecho parentesco: una misma filiación lingüística chibcha, similar organización social e ideológica. Sus patrones de asentamiento, sistemas agrícolas, organización social, cosmología, prácticas rituales, los unían también con grupos chibchas de los Andes Orientales colombianos y la Serranía de Mérida en Venezuela (Lleras y Langebaek, [1985] 1987; Falchetti, 1993). En la orfebrería este parentesco es evidente entre otras cosas por la existencia de pectorales en forma de ave con personajes sentados encima de las cabezas de las aves. A partir de su experiencia etnográfica entre los uwas, Ann Osborn pensaba que estas piezas podían representar un modelo de la organización social en donde la totalidad de la pieza sería la tribu y los hombres-ave los distintos clanes que la conforman (en Falchetti, 1993: 56). (Imágenes 10 y 11)

Según la mitología muisca del siglo XVI, en el tiempo del origen, cuando no había nada en este mundo, la luz estaba metida en una cosa grande que llamaban Chiminigagua que era como un dios. Entonces Chiminigagua comenzó a amanecer y a mostrar la luz que en sí tenía, comenzó a crear cosas en aquella primera luz. Lo primero que creó fueron unas grandes aves negras a las cuales mandó por todo el mundo mientras emitían por los picos un aliento o aire lúcido y resplandeciente. Así quedó todo el mundo claro e iluminado como está ahora (Simón, 1981: III: 367).

Entre las poblaciones indígenas actuales de la Cordillera Oriental (uwas) y de la Sierra Nevada de Santa Marta (koguis, ikas y wiwas), todas pertenecientes a la familia lingüística chibcha, las aves mantienen aún papeles importantes dentro de los mitos de origen, en la organización social y hasta en el equilibrio que permite el transcurrir de la vida. Entre los actuales uwa de la Sierra Nevada del Cocuy, el mito del Vuelo de las Tijeretas documenta el territorio étnico en un pasado indefinido e identifica a los diferentes grupos que forman esta sociedad. Ann Osborn (1985) sugería como posible interpretación del mito que estas aves representaban chamanes vestidos de pájaros para así cubrir grandes distancias y poder documentar su universo.

En la vertiente sur de la Sierra Nevada de Santa Marta Cristina Echavarría (1994) recogió una serie de "cuentos y cantos" de las aves entre los wiwas, herederos de ritos, creencias, conocimientos y narraciones que posiblemente formaban parte de la cultura de los habitantes prehispánicos de la Sierra Nevada. Su investigación distinguió cinco grupos diferentes de aves que están íntimamente relacionados con el equilibrio necesario para permitir la vida en la Sierra. Las características etológicas y físicas de cada ave son las que les dan su particularidad dentro de la cultura wiwa.

El primer grupo se relaciona con el tiempo del principio, con el origen de la humanidad: el búho, la lechuza blanca, el copetón gris, el halcón lechuza, el guácharo y el garrapatero.

El segundo grupo está relacionado con el territorio y la organización social. Los Wiwas asimilan la organización de estas aves con la suya, de manera que la cataneja o magurra se asimila con el mama; la pigua o caracara con los comisarios; los gallinazos con los vasallos; el cóndor con el cabo de las enfermedades espirituales y reconocen como autoridad mayor de las carroñeras al rey de los gallinazos. (Imagen 12)

Rey de los gallinazos, Sarcorhamphus papa.

Rey de los gallinazos, Sarcorhamphus papa. Ilustración Sandra Ardila

Otro grupo de aves lo constituyen las rapaces, relacionadas con el poder y el territorio espiritual: gavilán gigante o gran águila crestada, el cernícalo, el águila de páramo y el águila coliblanca de tierra templada y cálida.

Un cuarto grupo de aves está constituido por las que cantan a la cosecha: loros, guacamayos, trogones, quetzales, pavas, palomas, gorriones, carpinteros, colibríes, turpiales, cucaracheros, ciriríes, tucanes, copetones, mirlos, oropéndolas, garzas, atrapamoscas, mieleros, semilleros, frugívoros y aves marinas y de sabana costera que comen pescado. Éstas cantan para anunciar el tiempo de la cosecha o de la siembra, unas saben adivinar como los mamas y los asisten en sus oficios. Todas estas son importantes porque sus plumas son las usadas en ofrendas y en los tocados ceremoniales.

Los trabajos etnográficos del profesor Reichel Dolmatoff (1985), de Preuss (1993) y las recopilaciones de Manuela Fischer (1993) entre los actuales koguis de la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, documentan cómo los mamas o sacerdotes se transforman en aves. Ellos consideran a los animales como seres dotados de las mismas características del hombre, con excepción de su apariencia física. Creen que hablan, piensan y tienen alma, así como una vida organizada, pero ahora están sujetos al hombre con la condición de que éste cumpla con su parte del compromiso al hacerles ofrendas, al pedirles permisos y al respetar sus derechos individuales (Reichel, 1985). En los mitos kogui se destacan las aves de pico prominente como el tucán, la garza, el pelícano, al carpintero o el tominejo, junto con las aves de color rojo. Éstas no sólo simbolizan el pene, ya que también son las más relacionadas con los seres humanos. Se narra también que en el tiempo mítico existió un mama llamado Sheixa, un gallinazo vestido de oro, que se comportó mal con sus alumnos y éstos le quitaron el vestido de oro para ponérselo al chupaflor (Reichel Dolmatoff, 1985: II: 71-72).

3. Cracaft (1985) menciona 67 especies endémicas, mientras que Hernández Camacho (1992) afirma que las aves endémicas superan esta cifra. Hilty y Brown (1986) nombran 473 especies que se pueden observar en el macizo y en sus alrededores hasta la Ciénaga de Zapatosa, de las cuales sólo reportan 12 endémicas.

Posibilidad de identificación taxonómica

La Sierra Nevada de Santa Marta es, sin lugar a dudas, una zona especial desde el punto de vista geográfico y ambiental. En un territorio relativamente pequeño se puede acceder a todos los pisos térmicos, lo que se traduce en una alta diversidad biológica. Se han reportado numerosas especies endémicas de avifauna3.

En la orfebrería tairona aparecen unas figuras muy simples sin mayores características diagnósticas, mientras que en otras se muestran propiedades resaltadas de forma exagerada o elementos comunes a diferentes especies en una misma pieza, incluso se representan aves con más de dos cabezas, rasgos que hoy día dificultan su clasificación taxonómica, pero que antiguamente indicaban un mensaje, un código que se interpretaba de una forma determinada.

La identificación taxonómica es difícil por cuanto el esquematismo de algunas piezas se combina con la ausencia de colores característicos, el tamaño de las representaciones o la interpretación personal del artista (Legast 1987); por la escasez de detalles anatómicos, por tener resaltados sólo ciertas características como el pico que sólo permiten su identificación a nivel de Clase (ave) o por representar un ser fantástico que combinaba varias especies (Cooke 1986). En ciertos casos, dice Cooke, algunos elementos se destacan o exageran intencionalmente con el fin de transmitir información acerca de la taxonomía o sobre el comportamiento. "Esto suele ocurrir cuando se trata de organismos cuya identificación a nivel de género o especie es fundamental para la comprensión de un mito o para la transmisión de información sobre las relaciones sociales, tales como el rango de un guerrero (Linares, 1976), la nomenclatura de clanes o el parentesco imaginario entre seres humanos y animales" (Cooke, 1986: 140).

Galán (1999) pone de manifiesto, al igual que Legast, los rasgos esquemáticos de algunas representaciones, así como las exageraciones de ciertas características, especialmente los picos. Resalta que en las especies conocidas no se dan picos con las mismas formas que aparecen en las aves metálicas, en las son extremadamente grandes aunque de forma falconiforme y generalmente terminados en argollas para colgar placas semicirculares. Para los kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta, las aves de pico prominente son un símbolo fálico (Reichel Dolmatoff, 1985) y los wiwas relatan un mito en el cual el mama magurra, la cataneja, llevó sobre sus hombros a Niulué para salvarlo; ella llevaba una chaguala colgada del pico cuyo tintineo la ayudaba a orientarse para conseguir comida (Echavarría, 1994: 20).

Para Reichel Dolmatoff (1988: 82) "la intención del artista indígena no era la de retratar fielmente una especie zoológica, sino ante todo, de dar expresión al concepto del vuelo, ...las aves tienen a veces (y sólo a veces) ciertas características que permiten identificar al modelo que el artista tomó y por el cual se puede identificar cierta especie. A veces, la forma y el comportamiento de un pájaro contiene elementos que podrían corresponder a la imaginación chamánica, tales como crestas, el despliegue en el cortejo, etc., pero el énfasis en la representación ornitomorfa siempre está en el poder volar; es decir, de ascender, de trascender ".

Cooke (1986) define los elementos que deben tomarse en cuenta para el intento de identificación taxonómica de las aves. Características también mencionadas por Legast (1987) y Galán (1990). La mejor información se encuentra en:

  • Picos y garras, elementos que simbolizan la fuerza y las cualidades de depredación en el caso de las aves de rapiña. En las aves de la Sierra Nevada de Santa Marta, los picos por lo general son demasiado largos y terminan en un gancho prominente, rasgo generalmente asociado con las aves rapaces.

  • Membrana cérea y carúnculas. Los buitres catártidos sobresalen por las modificaciones que presentan en la cabeza y en el cuello. Entre los principales se destacan el cóndor andino (Vultur gryphus) y el rey de los gallinazos (Sarcorhamphus papa), el cual tiene una carúncula amorfa que cubre un área extensa del pico y la cara.

  • Collarines de plumas. Característica también de la familia Cathartidae perteneciente al orden Falconiforme (cóndores y gallinazos). Muchas de las aves de la Sierra Nevada llevan collares o cordones al cuello. Éstos, tecnológicamente, servían para darle más estabilidad al ensamble entre la cabeza y el cuello, pero al estar decorados con acanaladuras o incisiones pudieron querer resaltar así esta parte de las aves.

  • Crestas y penachos. Por lo común las Falconiformes no tienen penachos o crestas. Sin embargo el águila arpía (Harpia hapryja), el águila crestada (Morphus guianensis) o el águila Spizaetus ornatus tienen crestas grandes. Las dos últimas tienen una distribución actual en el Chocó, en la Serranía de Perijá y en Los Motilones. Por otra parte, los paujiles (Crax alberti) ostentan penachos vistosos y abundantes, en ocasiones con las puntas enrolladas.

Para el material orfebre tairona Anne Legast (1987) señala que las características de los picos y las cabezas de las aves son, generalmente, los únicos indicios para una identificación ornitológica. Algunas aves fueron identificables y otras se nombraron como formas estilizadas. Entre las primeras encontró especies de la familia Strigidae (búhos y lechuzas), en tanto que las de pico fuerte y ganchudo se clasificaron como falconiformes (cóndores, gallinazos, rey de los gallinazos, águilas, gavilanes y halcones).

La Sierra Nevada de Santa Marta y su región
Imagen 13: La Sierra Nevada de Santa Marta y su región. Los lugares de procedencia de los pectorales y colgantes en forma de aves con alas desplegadas correspondientes a la orfebrería tairona se indican con un punto.
Ilustración Sandra Ardila

 

 

 

 

 

 

 

 

Pectorales bicéfalos

Imagen 14: Pectorales bicéfalos tanto vaciados como martillados fueron manufacturados entre los siglos V y VI d. C. El pectoral de Mazaruni, del bajo Orinoco, es estilísticamente similar a este. O12611. Alto: 11.3; Ancho: 11.9 cm. Procede de Minca, Santa Marta, Magdalena.

Pectoral martillado, repujado y ensamblado
Imagen 15: Pectoral martillado, repujado y ensamblado (grupo 3), propio de la Sierra Nevada de Santa Marta a partir del siglo X d.C. O24345. Procedencia desconocida. Alto: 12.8; Ancho: 13.4 cm.

Aves en la orfebrería de la Sierra Nevada de Santa Marta

Al tener en cuenta estos antecedentes se revisaron nuevamente las 280 aves con alas desplegadas de la orfebrería tairona existentes en el Museo del Oro. Para ello se contó con la ayuda del ornitólogo Carlos Galán de la Universidad Nacional de Colombia.

Trece representaciones diferentes del motivo del ave con alas desplegadas se han podido identificar en la orfebrería de la Sierra Nevada de Santa Marta. Tienen una distribución general por los costados Occidental y Norte de la Sierra y ocasionales procedencias en la Laguna de Zapatosa en el curso bajo del río Magdalena y en el departamento de Sucre. Los pectorales tairona en forma de ave se distinguen por la representación de un gran cuerpo central que contiene a su vez de una a cuatro aves, en ocasiones acompañadas por cabezas o aves enteras secundarias más pequeñas. (Imagen 13)

En primer lugar, las representaciones más tempranas de aves, relacionadas con figuras casi idénticas de Panamá y Costa Rica, son demasiado esquemáticas y simples, sin mayores elementos diagnósticos que permitan una identificación taxonómica. Se trata de figuras bicéfalas que no superan los 6 cm. de alto. El único elemento sobresaliente es un pico curvo y fueron vaciadas a la cera perdida en una aleación rica en cobre. (Imagen 6)

Un segundo tipo de pectorales, de 7 a 13 cm. de alto, ostentan dos, tres o cuatro cabezas planas con picos largos terminados en argollas para placas colgantes; los cuellos se adornaron con cordones o con trenzas, las alas son rectas y la cintura se resaltó por una franja de triángulos. Fueron vaciadas a la cera perdida en tumbaga con diferentes concentraciones de oro y cobre y su superficie fue posteriormente dorada (Imagen 14). Se ubican cronológicamente entre el 400 y el 850 d.C. (ver dos primeras fechas de la Tabla 1). Las cabezas desnudas y lisas con picos ganchudos son características de las Falconiformes, especialmente de los gallinazos o zamuros. Las alas y las colas no presentan elementos diagnósticos. La franja de triángulos visible en la parte media del cuerpo no constituye tampoco un rasgo ornitomorfo.

Un tercer grupo cuyo alto varía entre 15 y 16 cm. se distingue por la presencia de una, dos y hasta tres cabezas con picos curvos, alas curvadas hacia abajo y cintura con franja de triángulos ocasionalmente rematada en los extremos por cabezas de aves secundarias auxiliares. Son piezas martilladas, repujadas en tumbaga y doradas por oxidación; sus cabezas se ensamblaron a los cuerpos gracias a lengüetas y alambres de agarre. Las cabezas son lisas, de picos fuertes, gruesos y ganchudos. Algunos ejemplares muestran protuberancias que podrían representar carnosidades o carúnculas encima del pico, características afines con el gallinazo (Cathartidae). La única fecha obtenida de estas figuras las ubica inicialmente entre el 1230 y el 1315 d.C. (ver tercera fecha de la Tabla 1). (Imagen 15)

El grupo 4 representa pectorales entre 13 y 18 cm. de alto. Muestran tres o cuatro cabezas con picos largos curvados y engrosados en su extremo, alas curvas hacia abajo, cintura demarcada por franja de triángulos rematada en cada extremo por cabezas de aves menores y cuerpo estilizado. El cuerpo fue martillado y repujado mientras que las cabezas fueron vaciadas y ensambladas al cuerpo mediante alambres y lengüetas. Las cabezas pueden ser redondeadas y lisas con ojos saltones, angulares con adornos circulares sobre ellas y ojos enmarcados por trenzas, redondeadas con ojos sobresalientes delimitados por cordones o trenzas o angulares con tocados semicirculares. Los rasgos generales de los picos las ubicarían dentro del grupo de las Falconiformes. La trenza que bordea los ojos podría, según Galán, representar los plumajes de colores que ostenta a manera de máscara el halcón Herpethopteres cachinnans; las sombras alrededor de los ojos en el águila blanca y negra Spizastur melanoleucus, o en la blanca Leucopternis albicollis. Estos pectorales no tienen una ubicación cronológica definida. (Imagen 8)

El quinto grupo de pectorales presenta un cuerpo central similar al de los anteriores, pero con dimensiones que alcanzan los 20 cm. de alto. Su manufactura fue igual al anterior. Siempre ostentan cuatro cabezas de aves sobre las que están sentados igual número de hombres-murciélago y sobre cada ala también se sienta un personaje similar. No tienen cronología determinada pero la forma general de las piezas y la idea de hombres- animales o chamanes sentados sobre las cabezas de las aves es idéntica a la de los pectorales de alas desplegadas del altiplano cundiboyacense (Imagen 11). Las cabezas de las aves son todas idénticas. Vistas de frente, dice Galán (1999); recuerdan águilas debido a los ojos y el pico que en conjunto, muestran agresividad. Por otra parte, al estudiarlas lateralmente, su cabeza tiene una forma similar a la del cóndor Vultur gryphus, aunque los adornos que bordean los ojos podrían ser también representativos de las sombras existentes en los halcones y águilas.

Debajo de las alas de las aves de los grupos 3, 4 y 5, como remate a cada lado las franjas de la cintura, se encuentran siempre pequeñas cabezas de picos cortos rectos o curvos adornadas con plumas. Estas representaciones recuerdan a los paujiles (Cracidae) Crax alberti. Sin embargo, algunas tienen además cuellos en forma de "s" bastante pronunciados que podrían estar figurando garzas Ardeidae. (Imágenes 16 y 17)

Diseños comunes en los cuerpos de las aves
Imagen 16: Diseños comunes en los cuerpos de las aves pertenecientes a los grupos 3, 4 y 5.

Garzas Ardeidae y pelícanos Pelecanus occidentalis.
Imagen 17: Garzas Ardeidae y pelícanos Pelecanus occidentalis.
Ilustración Sandra Ardila

Representaciones típicas del grupo 6 de las aves con alas desplegadas.
Imagen 18: Representaciones típicas del grupo 6 de las aves con alas desplegadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ave característica del grupo 7
Imagen 19: Ave característica del grupo 7. Fundida a la cera perdida en tumbaga dorada. O13184. Procede de Minca, Santa Marta, Magdalena. Alto: 8.5; ancho: 6.8 cm.

Diferentes representaciones de las aves catalogadas como grupo 7.
Imagen 20: Diferentes representaciones de las aves catalogadas como grupo 7.

 

 

Pectoral perteneciente al grupo 8
Imagen 21: Pectoral perteneciente al grupo 8, el más abundante dentro de la muestra estudiada. O14525. Procede de Ciénaga, Magdalena. Alto: 9.1; Ancho: 6.6 cm.

Pectoral que combina rasgos y adornos de las épocas iniciales de la orfebrería tairona
Imagen 22: Pectoral que combina rasgos y adornos de las épocas iniciales de la orfebrería tairona con motivos que luego se harían recurrentes, como los adornos de picos de aves, aves completas, plumas (Grupo 9). O16791. Procede de San Pedro de la Sierra, Ciénaga, Magdalena. Alto: 13.6; Ancho: 11.7 cm

Pectorales característicos del grupo 10.
Imagen 23: Pectorales característicos del grupo 10.

 

 

 

Colgantes de alas desplegadas
Imagen 24: Colgantes de alas desplegadas de este estilo fueron muy frecuentes en los costados norte y occidental de la Sierra (Grupo a). Muchos entierros secundarios en urnas contenían aves de este estilo como parte de su ajuar funerario. O09026. Procede del río Don Diego, Santa Marta, Magdalena. Alto: 6.0; Ancho: 4.8 cm.

 

 

 

Imagen 25: Muy posiblemente los orfebres tairona quisieron resaltar en estos colgantes algunas características del cóndor o del rey de los gallinazos, debido a los cuellos y pechugas resaltadas, además de los hilos de falsa filigrana ubicados encima del pico (Grupo b). O13831. Majagual, Sucre. Alto: 6.2; Ancho: 5.5 cm.

El grupo 6 consiste en colgantes de 3 a 11 cm. de alto, con alas rectas ligeramente inclinadas hacia arriba y cabeza redondeada con pico curvo ensamblada al cuerpo de la misma forma que las anteriores. La cintura aparece demarcada por cordones lisos rematados en cada extremo por pequeñas cabezas de aves de pico recto y largo. Fueron martillados en aleaciones con contenidos de cobre superiores a 95% y algunos vaciados en tumbaga dorada (Imagen 18). La figura central, al igual que las anteriores, podría corresponder al conjunto de las Falconiformes, aunque su forma general es de menor tamaño. En cuanto a las pequeñas cabezas de picos largos, no está claro si la inclinación de los picos obedece a la intención de no perturbar la silueta del ave y la orientación de sus alas o si corresponden a la representación de una especie determinada. Estas figuras son por lo general muy esquemáticas; sin embargo, al mirar la relación entre el tamaño de la cabeza y el pico, podrían corresponder a un colibrí Ensifera ensifera. En otras piezas del mismo grupo, los cuellos respectivos son delgados y forman una curva pronunciada similar a los cuellos de las garzas Ardeidae (Galán, 1999).

La existencia de colibríes en las figuras prehispánicas tairona y en general del norte de Colombia y Panamá hace que Cooke (1986) llame la atención acerca de la importancia del colibrí en la mitología actual de muchos pueblos indígenas americanos. En la orfebrería, y sobre todo en la cerámica panameña del estilo Tonosí, existen representaciones de colibríes.

Las aves de los grupos 7 y 8 se caracterizan por una figura central de relieve pronunciado con tocados llamativos, alas generalmente curvadas hacia arriba y cintura demarcada por un cordón o trenza sobre la cual reposa el ave central; la cintura está rematada a cada lado por una o dos aves secundarias de pico largo. Mide entre 7 y 14 cm. de alto. Fueron vaciadas a la cera perdida con núcleos parciales que formaron los cuerpos principales; las alas y las cola fueron terminadas por martillado y luego se doró su superficie. Los rasgos formales de las aves centrales las hacen corresponder con el grupo de las Falconiformes. Todas presentan los ojos bordeados por trenzas que podrían estar representando el pliegue membranoso característico de la parte superior del cuello en el cóndor o la mancha negra cerca al ojo que contrasta con el color naranja de la cabeza del rey de los gallinazos (Legast, 1987). (Imágenes 19 y 20)

En el tocado de la figura central siempre aparecen unas representaciones que en la mayoría de los casos se pueden identificar como aves; en ellas se observa un cuello largo y delgado, generalmente curvo con cabeza pequeña y pico largo. Los cuellos de las garzas Ardeidae y de los pelícanos Pelecanus occidentalis forman una "s" característica. En las garzas Agami agami de cuello largo es más común esta curva. Las figuras que aparecen en los tocados de estas aves podrían estar representando así unos u otros por igual. Las aves pequeñas debajo de las alas mantienen constante el cuello largo y curvo; sin embargo las cabezas y los picos son muy variados aunque los penachos cortos podrían corresponder a paujiles Cracidae. (Imagen 17)

Uno de estos pectorales fue fechado entre el 1410 y el 1510 d.C (ver Tabla 1). Por otra parte al parecer este tipo de aves se fabricaban todavía después de la época de contacto. En documentos de archivos españoles fechados alrededor de 1528 se describe la hechura de ciertos "pájaros y papagayos", cerrados por láminas de metal que forraban en parte una tierra negra y dura denominada "copey". Para poder obtener el peso correcto del metal se tenían que romper las piezas antes de su fundición, después de la cual era poco el oro que realmente se obtenía puesto que estaban hechos con "oro de chafalonía" (Friede, 1951). La descripción que hacen los documentos coloniales es muy cercana a la de las aves de estos grupos, especialmente del grupo 8, en el cual el núcleo está casi totalmente tapado por el cuerpo y la espalda de las aves centrales. (Imagen 21)

El grupo 9 está compuesto por pectorales de 11 a 19 cm. de alto; tienen una sola cabeza redondeada y alas curvadas hacia abajo. Fueron vaciados o martillados y ensamblados. Algunos se manufacturaron a partir de lingotes de cobre y la mayoría fueron manufacturados en tumbaga dorada o guanín. El ave central tiene características de un gallinazo cóndor o rey de los gallinazos, cabeza sin adornos, pico fuerte y ganchudo y adornos alrededor del cuello. A la altura de la cintura aparecen aves con pequeñas crestas y pico corto que podrían representar paujiles Crax alberti. En el pectoral O16791, se ve formando parte del tocado una pareja de animales identificados como saurios por Reichel Dolmatoff (1988) y encima de éstos dos aves realistas de patas largas y cuellos y picos curvos similares a las garzas Ardeidae (Imagen 22). Estos pectorales no tienen ubicación cronológica, sin embargo sus rasgos formales y decorativos recuerdan figuras similares pertenecientes al grupo de la orfebrería Zenú temprana en uso en los últimos siglos antes de Cristo y los primeros después (Falchetti, 1995).

En las aves del grupo 10, de entre 7 y 9 cm. de alto, se observa una figura central con picos fuertes y en forma de gancho, pecho abultado y cabeza redondeada adornada con hilos y espirales en filigrana a manera de penacho. Por la forma de la cabeza y el pico podrían corresponder al gallinazo Cathartidae, cóndor o al rey de los gallinazos. Los adornos encima de la cabeza no corresponden con las características formales de ninguna especie conocida, constituyen meros adornos. En la parte media del cuerpo vuelven a aparecer las cabezas de aves con crestas y picos largos representadas de manera muy esquemática. (Imagen 23)

Dentro de la orfebrería tairona se encuentran también gran cantidad de colgantes en forma de ave con alas desplegadas en los que se advierte una concepción diferente en la forma como se representaron las aves. Seguramente esto tuvo un significado específico para los orfebres y para aquellos que las portaron. Se trata de una sola ave sencilla o con penachos y cuerpos sencillos o adornados por hilos de filigrana. No superan los 6 cm. de alto y fueron vaciados a la cera perdida en tumbaga dorada, excepto tres ejemplares conocidos que fueron martillados y se distinguen por el ensamble de las cabezas de manera similar a los pectorales. Su uso debió ser más popular dado la gran cantidad conocida, y han sido reportados en las excavaciones de Mason (1931) o de H.H. Smith (1901), en las bahías costeras, como parte del ajuar de algunos entierros de niños dentro de urnas funerarias.

Se diferenciaron tres grupos básicos: el primero de ellos o grupo "a" se caracteriza por cabezas cuadradas con crestas formadas por dos o tres hileras de círculos en filigrana, ojos y frente demarcados por trenzas, pico corto y curvo y pechuga muy abultada. El segundo grupo, "b", presenta cabezas redondeadas o de sección cuadrada adornadas por crestas en filigrana, pico corto, ancho y curvo, pecho muy abultado, alas curvadas hacia arriba bordeadas por trenzas y círculos en filigrana de cuya punta pendían placas colgantes; la cola se caracteriza por tener forma de ancla, también bordeada por hilos en filigrana. El tercer grupo, "c", lo forman colgantes martillados y ensamblados muy sencillos cuya forma recuerda la de los pectorales del grupo 3. (Imágenes 24 y 25)

Respecto de estos colgantes anota Legast (1987) que ciertos rasgos pueden corresponder al cóndor Vultur gryphus o al rey de los gallinazos, como por ejemplo los círculos de falsa filigrana que adornan la cabeza y la base del pico, los cuales recuerdan las carúnculas de colores vivos que tienen estas especias. Adicionalmente, el cóndor exhibe en el cuello una franja resaltada de plumas blancas mientras que en el rey de los gallinazos estos colores están invertidos. Los cuellos de ambos presentan un abultamiento de piel desnuda en su base. A pesar de estas interpretaciones, estos colgantes en ocasiones tienen picos muy exagerados que podrían representar también guacamayos o loros de la familia Psittacidae (Galán, 1999).

Algunos muestran rasgos más específicos en la forma de las cabezas, los picos o los ojos. En alguno se advierten características que recuerdan las formas de los halcones cara-caras Daptrius ater y Polyborus plancus, y dos ejemplares tienen los ojos al frente, característica de los búhos Strigidae. Los adornos acorazonados alrededor de los ojos podrían representar al Buho Virginianus, Rhinoptynx clamator del género Ciccaba.

Conclusiones

Las águilas doradas fueron sin lugar a dudas uno de los motivos más ampliamente distribuidos a lo largo del tiempo en un extenso territorio que cubre desde el bajo Orinoco hasta el istmo centroamericano. Al parecer, en épocas cercanas al nacimiento de Cristo, la imagen y el significado de estas figuras ya existía dentro del pensamiento indígena de esta vasta región, no sólo con el sentido del vuelo y de trascender, como diría Reichel Dolmatoff (1988), sino también con más complejas ideas sobre dualismo, desde que prácticamente todas las piezas de épocas tempranas fueron bicéfalas, o entrañaban ideas acerca de organización social.

Las figuras en forma de ave debieron representar códigos similares para todas aquellas sociedades que las usaron. Con el paso del tiempo cada grupo humano le imprimió un carácter particular a las representaciones de esta imagen. Así, se pueden distinguir por ejemplo aquellas propias de las sociedades de la Sierra Nevada de Santa Marta de las manufacturadas por comunidades del altiplano cundiboyacense. No sólo se diferencian por sus particulares métodos de manufactura, también por los modelos básicos que cada comunidad orfebre desarrolló. En la Sierra Nevada se fueron conformando patrones de imágenes que se repetían en diferentes tamaños, siempre con las mismas figuras y adornos; en el altiplano muisca hay una amplia variedad en la manera de representarlas, cada una es prácticamente un ejemplar único. A pesar de estas diferencias los componentes generales de las aves en ambas regiones dejan entrever un parentesco cultural o simbólico muy estrecho.

En cuanto a las aves tairona es notoria la persistencia en todas las representaciones de una imagen central de mayor importancia acompañada de figuras secundarias que también representan aves, en la mayoría de los casos asociadas en su conjunto con franjas de triángulos que parecen representar la piel de una serpiente, o por serpientes figuradas con dos cabezas opuestas.

Llama la atención la gran cantidad de representaciones de aves dentro de la orfebrería tairona. A pesar de estar éstas tan extendidas por un vasto territorio, en la Sierra Nevada de Santa Marta sobresalen especialmente por su estilo tan particular y por la aparición de los mismos rasgos ornitológicos en aves que adornan gran variedad de adornos metálicos así como vasijas cerámicas o colgantes de piedra.

Gracias a las fechas radiocarbónicas obtenidas de algunas piezas junto con la relación iconográfica de otras, se advierte una continuidad del pensamiento indígena enmarcado dentro de un cambio social que afectó la manera de representar una misma idea. Así, en épocas cercanas al nacimiento de Cristo (siglos III a VI d.C. aproximadamente), los orfebres de las comunidades asentadas en las bahías elaboraron "águilas" de una o dos cabezas, muy sobrias, sin ningún elemento decorativo adicional. Otras fueron bicéfalas, manufacturadas alrededor del siglo V d.C.; su figura es elegante, sobria, sin animales auxiliares y con cinturas resaltadas por franjas de triángulos. Tanto la imagen como su manufactura fueron cambiando con el tiempo (inicialmente fundida en una sola pieza y luego martillada y ensamblada o martillada, fundida y ensamblada), se aumentaron el número de cabezas que soportaba el cuerpo principal, aparecieron las aves auxiliares y los chamanes en forma de hombre-murciélago sentados sobre las cabezas de las aves.

En el siglo XVI eran comunes también otras aves de alas desplegadas con una sola cabeza, vaciadas a la cera perdida compuestas por una figura principal central posada sobre una culebra con cabezas en ambos extremos, y acompañada de aves secundarias en el tocado y debajo de las alas.

A pesar de estas variaciones es notoria la intención de expresar ideas similares con representaciones diferentes. La relación entre las aves, especialmente las falconiformes, con la serpiente, seguramente fue un elemento importante, recurrente y estable dentro de la mitología y simbología de las poblaciones que habitaron la Sierra. Su representatividad se mantiene a lo largo del tiempo y del espacio como un elemento inalterable aunque enmarcado dentro de un cambio en la manera de figurarlo (formal y tecnológicamente).

Acerca de las representaciones ornitológicas de las águilas, es muy notorio que a pesar de la enorme variedad de especies que aún hoy día subsisten, sólo unas pocas fueron representadas en el material cultural de la región tairona. En muchas se mezclaron atributos de diferentes especies. El énfasis en la idea del vuelo fue por supuesto lo primordial de todas las representaciones, pero existió también una intención clara por las exageraciones en las formas y tamaños de los picos. Cabe entonces la observación de Linares (1976) y Cooke (1986) al indicar que los elementos exagerados en las representaciones iconográficas suelen ocurrir cuando se trata de elementos fundamentales para la comprensión de un mito o para la transmisión de información sobre las relaciones sociales como el rango de un guerrero, la nomenclatura de clanes o el parentesco imaginario entre seres humanos y animales.

Entre los wiwas los diferentes grupos de aves se ubican dentro de determinados aspectos relacionados con origen de la humanidad, organización social y política, poder y territorio o ciclos agrícolas y economía en general. No cabe hacer paralelos directos entre la ubicación de cada ave entre los wiwas y las representaciones prehispánicas; sin embargo, el sentido general de estas últimas dentro del pensamiento indígena anterior a la conquista no debió ser muy diferente al que manejan actualmente estas poblaciones. Vale la pena recordar de todas maneras el mito Wiwa en el que se narra cómo la cataneja o mama magurra llevaba una placa colgando en el pico que le ayudaba a orientarse para conseguir comida y la existencia de placas colgantes en los picos de la gran mayoría de las aves prehispánicas de esta región.

La escogencia de ciertas características de determinadas especies seguramente le confería a cada imagen las propiedades etológicas necesarias para que las imágenes simbolizaran un orden social, un sistema de parentesco por vincularse con un ancestro mítico o un carácter meramente político, con un sentido similar al que se maneja actualmente entre los Wiwas.

Probablemente las "águilas" fueron heredadas por generaciones dentro de una misma familia como símbolo de su origen mítico o como la representación de su posición política dentro de la sociedad, los orificios que se corresponden a ambos lados de una fractura o los amarres de hilo de algodón que unen fragmentos parecen sugerir un uso continuo.

En cuanto a las diferentes maneras de reproducir las aves, especialmente en épocas posteriores al siglo X d.C., surgen algunas preguntas: la variedad en formas y detalles, ¿era debida a representaciones locales de un mismo mito? ¿A diferencias de jerarquía? ¿Fueron emblemas de poder todas las representadas en pectorales o sólo algunas? ¿Fueron identificadores de una filiación clánica relacionada con un ancestro mítico? Hasta el momento, ni las excavaciones arqueológicas ni los documentos de archivo nos permiten responder satisfactoriamente estos interrogantes. Se hace evidente la necesidad de proyectos arqueológicos que involucren cementerios o enterramientos aislados para lograr precisar el contexto en el que estas figuras aparecen.

A través del tiempo el motivo de las aves ha tenido tal importancia, que aún hoy día se mantiene esta imagen dentro de variadas mitologías propias de pueblos asentados en un territorio similar al que albergaba a las sociedades prehispánicas que elaboraron, usaron e intercambiaron aves con alas desplegadas. Es así como aparecen entre relatos de comunidades de Costa Rica, o eran usadas hasta hace poco por los caciques de Talamanca como emblema de su poder; están presentes en relatos Kogis y Wiwas de la Sierra Nevada de Santa Marta o en los de los U’was de la Sierra nevada del Cocuy, y entre los Wayúus de la Guajira no sólo aparecen como personajes míticos con propiedades para resolver conflictos (Guerra, 2000), sino que algunas figuras de carácter prehispánico se guardan aún celosamente y se usan en ocasiones muy especiales, entre otras para simbolizar la amistad o unión entre clanes otrora enemigos.

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Cómo citar este artículo:

Sáenz Samper, Juanita. 2001. Las águilas doradas: más allá de las fronteras y del tiempo. El motivo de las aves con alas desplegadas en la orfebrería tairona. Boletín Museo del Oro. No. 48, enero-junio 2001. Bogotá: Banco de la República. Obtenido de la red mundial el (fecha cambiada por el usuario según el día en que consultó el archivo). http://www.banrep.gov.co/museo/esp/boletin

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