Trabajemos por el ser
humano.
Por Eduardo Londoño, Museo del OroEl Doctor Luis Angel Parra, psicólogo del Programa Rumbos de la Presidencia de la República, dictó en 1999 en
el Museo del Oro una charla siempre vigente y que nos ayuda a retomar el sentido humanista
en nuestro cotidiano quehacer cultural.
El consumo de drogas es uno de los males que aquejan a nuestro país, al igual que la
violencia intrafamiliar, la prostitución infantil, el abandono del hogar, el satanismo.
¿Tenemos nosotros, quienes trabajamos en los museos, algo que ver con la solución de
esos problemas que generan tantas muertes, violencia, miseria? Al lado de ellos, nuestra
labor de enseñar quiénes fueron los Taironas o los Quimbayas, o de facilitar una tarea
escolar, o de exaltar es sentimiento estético, puede parecer apenas cosmética y
decorativa. Más aún, ¿Qué relación puede haber entre requisar una cartera o tomar una
fotocopia, y la solución de problemas de esa dimensión?
Cuando el Doctor Luis Angel Parra y sus colegas empezaban hace varios gobiernos su
reflexión sobre prevención del consumo de drogas crearon un manual con la lista de
sustancias dañinas (las de fumar, inhalar, beber, inyectar, etc.) y un argumento sobre la
peligrosidad de cada una. El cigarrillo de tabaco aparecía en él como sustancia nociva,
un par de páginas antes que la marihuana, la cocaína y la metacualona, y se le decía a
los jóvenes "No deben usar estas cosas porque son nocivas". Pero si muchos de
nosotros fumamos sin remedio, si el maestro escolar fuma, ¿podemos convencer a los
jóvenes de no ensayar las drogas porque son peligrosas? El argumento tiene que ser otro,
necesariamente, y debe ser uno que llegue al corazón de los muchachos.
El gran descubrimiento del programa Rumbos fue que se debe trabajar la imagen que cada uno
tiene de sí mismo: si yo estoy bien, si soy una persona valiosa, no tengo porqué meter
de esas porquerías.
Pero ¿quiénes somos los colombianos? Esa fue la pregunta que nos hizo durante la
conferencia. "Somos unos ladrones, unos avivatos, unos pillos", contestó el
señor que estaba adelante. "Inteligentes, recursivos", agregó una señora.
"Violentos", dijo otro. "Cálidos, rumberos, hospitalarios", dijo otro
más. Mamagallistas, alegres, simpáticos
La lista se va ampliando pero los factores
negativos parecen ser la primera imagen que los colombianos tenemos de nosotros mismos.
¿Cómo son nuestros jóvenes? Entre los aspectos negativos se mencionan la
superficialidad, la irresponsabilidad, el consumismo, la pereza. Entre los positivos, la
inteligencia, la solidaridad, la capacidad de asumir retos y riesgos, la capacidad de
soñar un futuro mejor.
¿Y cuáles son los sueños de nuestros muchachos? Son todos sueños muy nobles: la paz,
la autonomía, la solidaridad. Cuando hicimos el ejercicio de identificar los factores que
facilitan la realización de estos sueños y el desarrollo de los aspectos positivos (otro
interesante descubrimiento del Programa es que éstos son los mismos que impiden los
aspectos negativos) descubrimos que son factores que están a nuestro alcance y por los
cuales las personas de los museos podemos y solemos trabajar diariamente.
Contra el consumismo, los museos proponemos el conocimiento de nuestros valores e
identidad. A favor de la autonomía, ofrecemos la educación, el descubrimiento de valores
culturales. Contra la pereza, tenemos disponibles oportunidades de ocupaciones
interesantes. A favor de la inteligencia, brindamos las artes, la historia. Contra la
rabia social, el saludo amable de un vigilante uniformado, la acogida de un guía que no
discrimina. A favor de la autoestima, el sentirse respetado como ser humano y saber que
aún en los espacios llenos de mármol o de historia uno puede ser recibido con una
sonrisa. Contra la droga
todo lo anterior es justamente el antídoto que los
jóvenes requieren.
Si usted también es de los que desean acabar con la droga, salude con una sonrisa.
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