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Nota editorial – Revista mensual del Banco – mayo de 1998

Índice  de Notas Editoriales

Introducción III-¿ Cuánto nos está costando la inflación en Colombia?
I-Los costos de reducir la inflación IV- Las lecciones de otros países
II- Los costos de tener inflación V- Lecciones para Colombia

VI- Referencias

V. Lecciones para Colombia 

En primer lugar, repasemos brevemente las características de la inflación en Colombia, para después concluir algo sobre en que grado las experiencias internacionales nos pueden ayudar a establecer algún tipo de políticas anti-inflacionarias más adecuados, cuáles serían menos costosas, y cuáles van más directamente a la fuente del problema.

El resumen de las características de la inflación colombiana que hacen Uribe y Arias, y que recoge gran parte de la literatura reciente sobre el tema, resulta muy completo. Las principales características son las siguientes:

  • Es una tasa de inflación moderada (15%-30%) que ha persistido por más de 25 años.

  • Amplio uso de prácticas formales e informales de indexación.

  • La política monetaria ha sido acomodaticia11.

  • El impuesto inflacionario es moderadamente alto en comparación con otros países.

  • La adopción de políticas que aumenten el desempleo o que aprecien mucho la tasa de cambio real son consideradas políticamente inviables12.

  • Hay una relación estadística, aunque débil, entre déficit fiscal e inflación.

  • Niveles de inflación superiores al 30% son considerados socialmente inaceptables y al alcanzar ese límite se adoptan y toleran posturas fuertes de política económica.

Junguito, por su parte, hace un análisis de la política macroeconómica reciente para explicar por qué, si bien tenemos un arreglo institucional adecuado, muy similar al chileno, no hemos logrado el mismo resultado que dicho país en términos de modificar las expectativas para facilitar la caída de la inflación.

Junguito atribuye la falta de credibilidad de las autoridades frente a la meta de inflación a que, si bien se hace una programación macroeconómica que establece una coherencia ex ante entre la meta de inflación y las políticas monetarias, cambiarias y fiscales, dicha programación y su ejecución han tenido varios problemas.

Primero la programación no tiene en cuenta adecuadamente la inercia inflacionaria; si se tuviera, la política monetaria tendría que ser más exigente. Segundo, en aras de la coordinación con el Gobierno, la ejecución de las políticas convenidas deja de ser totalmente coherente con la meta: el crecimiento monetario ha sido en ocasiones superior a la meta. Por último, los acuerdos salariales públicos y privados, una política fiscal menos estricta que la convenida, así como choques exógenos, terminan acentuando (ex post) esta inconsistencia. El actual nivel del déficit fiscal, en particular, es un síntoma claro de una política macroeconómica no sostenible y, por lo tanto, no creíble. Por otro lado, el pobre récord de cumplimiento de las metas inflacionarias acentúa la incredulidad.

Por otro lado, aunque los resultados de la lucha contra la inflación estén lejos de ser satisfactorios cuando se miran con relación a los internacionales, no puede desconocerse que el país ha logrado resultados positivos entre 1990 y 1997: la tasa de inflación se redujo del 32% a menos del 18% en 1997. Uribe y Arias lo atribuyen a los siguientes factores:

  • La reducción del señoreaje, que ha pasado de ser el 2% en los años ochenta al 1,4% actualmente.

  • Una devaluación nominal inferior a la inflación pasada, durante varios años.

  • Las reformas estructurales de la economía que disciplinan el proceso de formación de precios y han aumentado la flexibilidad del mercado laboral.

  • La política monetaria contraccionista entre mediados de 1994 y 1996.

  • La independencia del Banco de la República.

Del repaso de las experiencias internacionales, y de los anteriores "hechos estilizados" sobre la inflación colombiana y la política anti-inflacionaria, se pueden sacar algunas conclusiones generales sobre lo que debe mantenerse y lo que debe cambiarse para lograr mayor eficiencia en términos de un menor plazo y menores costos en la reducción de nuestros actuales niveles de inflación hasta niveles consistentes con los internacionales.

  • La inflación moderada se puede vencer con perseverancia y políticas económicas correctas. Lo primero implica no acomodar choques exógenos adversos y mantener una posición independiente de las presiones políticas a las que está sujeto el gobierno.

  • En cuanto a las políticas correctas, debe garantizarse la coherencia de las tres grandes áreas de la política macroeconómica: la monetaria, la fiscal y la cambiaria.

  • En todos los países en que se logró reducir la inflación a niveles de un dígito, el déficit fiscal se redujo de manera importante o incluso se alcanzaron algunos superávit.

  • En el caso colombiano la variable fiscal es aún más crítica. El nivel del desequilibrio es tal que está poniendo en entredicho la efectividad de las otras dos políticas. Se está recargando todo el peso de la lucha contra la inflación en la política monetaria. Esto está aumentando el costo para el sector privado hasta tal punto que se empieza a cuestionar la viabilidad de mantener dicha política. En el aspecto cambiario también se refleja la falta de confianza en la coherencia total del "paquete" de política.

  • Una política macroeconómica equilibrada y coherente permitirá que se aprovechen choques exógenos favorables.

  • La política salarial es otro aspecto fundamental para garantizar la coherencia de la política anti-inflacionaria. Es indispensable desmontar la indexación de los salarios de manera que su incremento anual sea inferior a la inflación pasada. Para ello es primordial establecer un alto grado de credibilidad respecto al cumplimiento de la meta. Si bien este es uno de los puntos débiles de la situación en Colombia, dicha credibilidad puede aumentarse con un conjunto de medidas consistente y con un alto grado de compromiso del gobierno. No debe ignorarse tampoco el potencial de una política de ingresos y salarios. Esta definitivamente puede reducir los costos de un proceso de desinflación pero para que sea exitosa deben estar presentes todas las demás condiciones.

  • En este sentido, otra enseñanza de la experiencia internacional es que la flexibilización del mercado de trabajo puede contribuir no sólo a reducir la inflación sino a minimizar los costos del ajuste en términos de empleo.

  • La declaración explícita de la inflación como objetivo único de la política monetaria o la priorización en caso de que se le asigne más de uno es esencial para dirimir los conflictos que frecuentemente se presentan entre la política cambiaria, la monetaria y la fiscal. Esta claridad sobre los objetivos reducirá la incertidumbre sobre la actuación de las autoridades económicas ante cualquier cambio en las condiciones de la economía.

  • Las condiciones estructurales de la economía también pueden contribuir a lograr, y con menores costos, el objetivo de reducir la inflación. La apertura a los mercados internacionales, normas que promuevan la competencia, regulación adecuada para sectores en los cuales pueden presentarse abusos por parte de los particulares, son todas condiciones que contribuyen con la política anti-inflacionaria.

  • Así mismo, las acciones que promuevan el crecimiento más rápido de la productividad de la economía contribuyen a minimizar los costos de reducción de la inflación. En particular, un aumento de la productividad de la mano de obra permite desacelerar la inflación sin necesidad de reducción en los ingresos de los trabajadores.

  • Así como se considera inaceptable una inflación superior al 30%, debe lograr crearse la conciencia de que es inaceptable e insostenible en el mediano plazo una inflación superior a un dígito.

  • La independencia del Banco de la República no garantiza que la inflación se reduzca. La credibilidad no se gana con una ley; sólo se logra con políticas coherentes y con resultados. Pero esta independencia sí es condición indispensable para que estas políticas se pongan en marcha y se mantengan.

  • Puede ser conveniente revisar la velocidad del ajuste hacia una inflación de un dígito. Una estrategia más dinámica, que ponga en marcha un programa coherente, puede contribuir a modificar las expectativas.

Miguel Urrutia Montoya
Gerente General *

*  Esta Nota fue elaborada con la colaboración de Catalina Crane A. Las opiniones del presente editorial no comprometen a la Junta Directiva y son responsabilidad del Gerente General.
11  Partow y Yuravlivker coinciden en este resultado.
12  El mismo trabajo también coincide en la apreciación de que existe una percepción general de que es demasiado costoso en términos de desempleo y crecimiento, reducir la inflación por debajo de 20%.

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