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Nota editorial – Revista mensual del Banco – mayo de 1998

Índice de Notas Editoriales

Introducción III-¿ Cuánto nos está costando la inflación en Colombia?
I-Los costos de reducir la inflación IV- Las lecciones de otros países
II- Los costos de tener inflación V- Lecciones para Colombia

VI- Referencias

III. ¿Cuánto nos está costando la inflación en Colombia? 

Varios de los trabajos presentados en el seminario hicieron cálculos de los costos en los que está incurriendo el país por tener los actuales niveles de inflación o, puesto de otra forma, los beneficios que obtendría el país si la inflación se redujera. Los trabajos hacen énfasis diferentes en los distintos tipos de costos. Algunos hacen un cálculo agregado de los costos mientras que otros se concentran en el cálculo de un efecto particular.

Un método muy generalizado para estimar el costo de la inflación en términos de bienestar es el basado en el trabajo seminal de Bailey (1956) que lo hace con base en la función de demanda por dinero. La demanda tiene una relación negativa con la tasa de interés nominal; cuando hay mayor inflación, la tasa de interés nominal aumenta y, por lo tanto, disminuye la demanda por saldos reales. Esta disminución ocasiona los costos de transacciones.

Los trabajos que usaron esta aproximación para estimar los costos de la inflación, arrojan los siguientes resultados: De Gregorio calculó que una reducción de 10 puntos en la inflación en Colombia aumentaría el PIB entre 0,1% y 0,26%. Javier Gómez, quien hizo varios cálculos usando modelos alternativos, concluye que la ganancia en bienestar de reducir la inflación en 10 puntos está entre 0,5% y 0,9% del PIB. El trabajo de Uribe y Arias concluye que el costo en bienestar de la inflación en Colombia está entre 0,5% y 1,5% del PIB.

Estos beneficios parecerían relativamente bajos y pueden llevar a pensar que no vale la pena reducir la inflación. Sin embargo, estas estimaciones se refieren a un beneficio "de una sola vez" en el producto; es decir, al cambio en el nivel de producto por reducir la inflación. Esta estimación es incompleta porque no incluye el efecto de la inflación en la tasa de crecimiento del producto. Este efecto se genera por el impacto de la inflación sobre el nivel y la composición de la inversión y sobre la productividad, el cual, como vimos antes, se da a través de varios canales. En términos generales, el impacto de la inflación sobre el crecimiento se hace mayor cuanto más variable es la inflación pues la variabilidad aumenta la incertidumbre y acentúa muchos de los efectos distorsionantes que ya mencionamos.

Todos los trabajos presentados coinciden en la existencia de una relación negativa entre la inflación y la tasa de crecimiento de largo plazo. Se mencionaron los estudios de Barro3 para 122 países y para tres décadas, que muestran que una reducción de la inflación en 10 puntos aumenta el crecimiento en 0,2 ó 0,3 puntos porcentuales por año. Otros estudios concluyen que este efecto es mayor mientras mayor sea la tasa de inflación y que tasas inferiores a 8% no tienen mayores efectos sobre el crecimiento.

Para Colombia, Uribe y Arias estimaron que una reducción de 10 puntos porcentuales en la inflación (de 20% a 10%) aumentaría la tasa de crecimiento entre 0,5 y 0,8 puntos porcentuales.

Tanto De Gregorio como Uribe y Arias hacen énfasis en que el efecto de la inflación sobre el crecimiento se produce a través de su impacto negativo en la eficiencia de la economía más que a través de sus efectos sobre el volumen de la inversión. Es decir, son más importantes, o más nocivos, los efectos de la inflación sobre la asignación de los recursos (entre capital e insumos, entre trabajo y descanso, entre activos productivos e improductivos, entre actividades especulativas y actividades productivas, etc.) que sobre el volumen de inversión. En Colombia una reducción de la inflación de 10% causaría un aumento anual en la productividad total de los factores de 0,84%.

Si bien estos resultados del impacto de la inflación sobre el crecimiento podrían ser interpretados como pequeños, lo correcto es entender que un cambio pequeño en la tasa de crecimiento del producto puede explicar grandes diferencias en el nivel de bienestar. El trabajo de Javier Gómez agrega los dos efectos sobre el nivel y sobre el crecimiento del producto y calcula el impacto total sobre el bienestar, poniendo este último en términos de consumo. Su conclusión es que la ganancia en bienestar de reducir la inflación 10 puntos porcentuales, de 18% a 8%, es de 2,6% del consumo. Haciendo un cálculo para 1998 se obtiene que esto equivale a aumentar el consumo en 2,5 billones, lo cual es equivalente a aumentarle el ingreso a cada trabajador en cerca de un salario mínimo por año y a perpetuidad.

Otros costos

Otros trabajos se concentraron en medir algunos costos más específicos de la inflación. Bernal, Cárdenas, Núñez y Sánchez (1997) exploraron la relación entre inflación y distribución del ingreso y otros indicadores sociales como la cobertura educativa. Encontraron que en Colombia la inflación tiene un efecto regresivo sobre la distribución del ingreso, debido posiblemente al hecho de que los salarios de los pobres están menos indexados que los de los otros grupos de ingreso. También, los grupos de mayores ingresos pueden protegerse contra la inflación adquiriendo activos reales, lo cual es menos factible para los pobres.

Estos autores también encontraron que una inflación más alta está relacionada con una reducción en las tasas de cobertura educativa para todos los niveles de educación (primaria, secundaria y superior). Esto sucede en todos los niveles de ingreso. La muy grave implicación de este resultado es que la inflación, además de que empeora de manera directa la distribución del ingreso, también afecta la distribución de los activos de capital humano lo cual tiende a acentuar y perpetuar la desigualdad.

Otro trabajo se concentró en la interacción entre tributación e inflación. Se ha dicho que la inflación genera distorsiones en la estructura tributaria que tienden a desincentivar el ahorro y la inversión (porque aumenta el costo de uso del capital) y a sesgar la composición de esta última entre diferentes tipos de activos. El trabajo de Villarreal muestra cómo en Colombia el sistema tributario se ha venido modificando para "adaptarse" a la inflación y reducir sus costos. Este proceso culminó con el sistema de ajustes integrales por inflación que pretende eliminar la distorsión que la inflación induce sobre la estructura de financiamiento (preferencia por el endeudamiento) y sobre las decisiones de inversión de las empresas. El trabajo muestra que, antes que se empezaran a introducir ajustes por inflación en 1974, el costo de uso del capital era en promedio 23 puntos porcentuales mayor de lo que hubiera sido sin distorsiones inflacionarias. Entre 1974 y 1991 esta diferencia se redujo en 4 puntos y a partir de 1992 los ajustes integrales por inflación eliminaron una de las distorsiones que ésta genera. Es decir, Colombia ha sido exitosa en reducir y hasta eliminar este costo ocasionado por la inflación. Esto parece bueno, pero es posible que, al hacer la inflación menos costosa, nos haya vuelto más insensibles a ella y, por lo tanto, menos dispuestos a reducirla. Algunos autores argumentan que la reducción de los costos de la inflación genera una tendencia a que ésta aumente cada vez más pues se reduce la resistencia social frente a este fenómeno. Por otro lado, estos mecanismos pueden generar otros costos porque vuelven la contabilidad extremadamente compleja y dificultan el recaudo y control de la administración tributaria.

Una distorsión adicional que genera la inflación a través de su interacción con el sistema tributario es la de sobredimensionar la inversión en vivienda. La deducibilidad de los pagos de intereses hipotecarios tiene este efecto aún en ausencia de inflación, pero en su presencia esta deducibilidad aumenta (porque aumentan los intereses nominales). Villarreal hace el cálculo de este efecto para Colombia y encuentra que esta distorsión es prácticamente despreciable, debido a que en Colombia el valor de la vivienda y de los créditos hipotecarios es todavía muy bajo como proporción del PIB.

Otro trabajo [Echeverry, (1998)] trata los costos de la inflación desde el punto de vista de la incertidumbre y la variabilidad de los precios relativos. En presencia de incertidumbre inflacionaria (ocasionada por la inflación) se generan distorsiones porque las empresas encuentran que es más difícil predecir la evolución futura de los costos. Suponiendo que las empresas determinan sus precios como un margen de ganancia sobre los costos (mark-up) esta incertidumbre llevaría a que dichos márgenes fueran muy inestables. Las estimaciones de Echeverry indican que los márgenes de ganancia fueron constantes en Colombia para todo el período de inflación moderada (1973-1998), lo cual refleja la baja variabilidad de la inflación en Colombia.

En cuanto a la variabilidad de los precios relativos, la teoría indica que a mayor inflación, mayor variabilidad en estos. Esta variabilidad hace que disminuya la información que comunican los precios corrientes sobre los precios futuros, lo cual lleva a los consumidores a hacer malas decisiones y reduce el bienestar. Echeverry encuentra que en Colombia el nivel de inflación no necesariamente conlleva un aumento en la variabilidad de los precios relativos (solo lo hace en períodos de choques de precios).

¿Vale la pena reducir la inflación?

Después de ver que reducir la inflación tiene beneficios pero también tiene costos, es válido preguntarse si realmente vale la pena hacerlo. En Colombia, en particular pareciera que nos hemos acomodado a vivir con inflación mediante mecanismos de indexación, de ajustes salariales frecuentes y sistema tributario, etc. El hecho de que la inflación en Colombia no haya sido ni tan alta ni tan inestable como en otros países también ha disimulado sus costos.

Sin embargo, una comparación entre las estimaciones de los costos de corto plazo en que se incurre durante el proceso de desinflación y los beneficios de largo plazo que se obtienen por tener menores niveles de inflación, resuelve rápidamente el dilema. Roberto Junguito calculó la tasa de descuento que igualaría los beneficios en términos de crecimiento de largo plazo con los costos representados en pérdidas de producción de corto plazo4. Los resultados indican que la tasa sería del 25%, que es muy superior a la tasa de descuento social en la economía. Esto indica que se gana mucho más de lo que se pierde. Este fue el consenso entre los participantes en el seminario.

De Gregorio argumentó, además en contra de la "acomodación" a la inflación pues, si bien algunos de estos mecanismos pueden reducir los costos de tener inflación, esto puede inducir un aumento en ella que termine teniendo un efecto neto negativo. Esto sucede porque al reducirse el costo, especialmente para ciertos grupos de la población, las autoridades tendrán más incentivos a inflar para intentar generar una reducción en el desempleo. El público también fijará sus expectativas inflacionarias más altas para prevenir esta conducta. El consejo de De Gregorio, con base en el trabajo de Fischer y Summers (1989), es que solo es recomendable acomodarse a la inflación una vez ésta es baja y las autoridades tienen una sólida reputación en su lucha contra ella.

3  Barro, R. J., "Inflation and Economic Growth", Bank of England Quarterly Bulletin, 35, 1995.
4  Junguito parte del cálculo de la tasa de sacrificio para Colombia y del trabajo de Uribe (1995) que estima el incremento en la tasa de crecimiento.

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