|
|
||||||||||
|
||||||||||
|
||||||||||
|
||||||||
Entre los factores ajenos a la política monetaria que pueden estar induciendo a los intermediarios financieros a reprimir la oferta de crédito, pueden identificarse los más importantes. Primero, el mayor riesgo crediticio al que los intermediarios financieros se han visto enfrentados ante la insolvencia de muchos deudores. Segundo, el deterioro patrimonial de algunos intermediarios financieros, lo que de acuerdo con la regulación bancaria reduce el margen de crecimiento de la cartera. Tercero, la pérdida de valor de la finca raíz y de las firmas en general, que reduce el valor de las garantías reales y en consecuencia el volumen de crédito que se puede apalancar. En cuarto lugar, el encarecimiento de la obtención de liquidez a través del mercado interbancario, al haberse extendido el impuesto del 2 por 1.000 a estas operaciones.
Otros factores adicionales que actúan en este mismo sentido se originan en las mayores dificultades de acceso a cupos de crédito externo, lo que se refuerza con la poca disposición de los intermediarios financieros a endeudarse en el exterior; en aspectos regulatorios que, como en el caso de la banca oficial, no permiten utilizar todas las recuperaciones en nuevos desembolsos de crédito; o en temores muy acentuados de iliquidez que afectan a determinados intermediarios financieros como las Corporaciones de Ahorro y Vivienda (CAV), debido a la característica particular de su actividad. A continuación se examinan con algún detalle los principales factores mencionados.
Un elemento que incide poderosamente en la percepción de un elevado nivel de riesgo por parte de los intermediarios financieros, es la importante acumulación de cartera vencida y de bienes recibidos en dación de pago durante el último año. La cartera vencida como proporción de la cartera total del sistema financiero pasó de 6,7% en diciembre de 1997 a 14,33% en mayo de 1999, en tanto que durante el mismo período la correspondiente proporción de bienes recibidos en dación de pago pasó de 1,7% a 3,42%. En ambos casos estos indicadores se duplicaron durante el período señalado. (Gráfico 6).
Ante esta situación los intermediarios financieros evitan asumir nuevos riesgos, por lo
cual sólo aprueban los créditos más seguros y de alta calidad, dejando por fuera muchos
clientes que en circunstancias normales obtendrían financiación. Entretanto, como se
verificará más adelante, los recursos no canalizados hacia el crédito buscan refugio en
activos de poco riesgo, así ofrezcan bajos rendimientos como sucede hoy en día con los
Títulos de Tesorería (TES). Los sectores más afectados por esta reducción de la oferta
de crédito han sido el agropecuario, el industrial, el comercio, y la construcción
(Cuadro 1)3.
Estimaciones econométricas sobre la relación entre crecimiento de cartera y calidad de la misma elaboradas por Echeverry y Salazar (1999) confirman este planteamiento al obtenerse que la variable de deterioro de cartera es significativa y de signo negativo para explicar el crecimiento del crédito bancario, lo que los autores interpretan como "... el hecho de que ante un mayor riesgo percibido, el intermediario reacciona seleccionando más cuidadosamente los clientes en el proceso de adjudicación de créditos"4.
Un segundo factor que explica la contracción de la oferta de crédito es la descapitalización de las principales entidades financieras a raíz de las pérdidas por valor de $1,1 billones que arrojó el ejercicio de 1998, y de las nuevas pérdidas producidas entre enero y mayo del presente año (Gráfico 7). La reducción patrimonial constituye una restricción al crecimiento de la cartera, debido a que la regulación bancaria colombiana conforme a los acuerdos de Basilea, establece una relación de solvencia mínima del 9% para los bancos y las CAV, lo que significa que el patrimonio técnico como proporción de los activos de riesgo no debe ser inferior a este porcentaje.
En febrero de 1998 los bancos tenían en promedio una relación de solvencia de 13,91%, lo que les permitía un crecimiento potencial de su cartera de 54,5%. A la misma fecha, la relación de solvencia para las CAV ascendía a 11,03%, lo que implicaba un crecimiento potencial de cartera del 22,6%. En mayo de 1999 la relación de solvencia mostraba un importante deterioro. Para el promedio de los bancos dicha relación alcanzaba el 10,6%, lo que arrojaba un crecimiento potencial de cartera de 22,9%, en tanto que para las CAV (excluyendo el BCH) el índice de solvencia había descendido a 10,4% permitiendo un crecimiento potencial de cartera de 15,7%.

Aunque para el promedio del sistema bancario la relación de solvencia observada a mayo de 1999 es menos restrictiva que en el caso de las CAV, debe resaltarse que dicha razón es muy variable entre los distintos bancos. De hecho, el índice de solvencia de los establecimientos bancarios varía entre 23,1% y 0%, donde 11 de los 33 bancos no alcanzan el nivel mínimo de solvencia. En este último grupo se encuentran todos los bancos oficiales cuyo patrimonio técnico, a excepción del Bancafé, era nulo según los balances registrados a mayo. Los bancos privados, por su parte, arrojan una relación de solvencia de 11,34% superior a la del promedio del sistema, lo que les permitiría un crecimiento potencial de cartera de 26%. Si en el mercado de crédito bancario existen relaciones de clientela, y en consecuencia costos de traslado entre bancos, los clientes de aquellos bancos con baja solvencia enfrentarán restricciones efectivas de crédito.
En el caso de las CAV el deterioro patrimonial durante el último año ha sido severo. En efecto, si se incluye el BCH cuyo patrimonio técnico a abril de 1999 era cero, se obtiene que la relación de solvencia promedio del sistema de Ahorro y Vivienda era de 7,9%, inferior al límite establecido. Si se excluye el BCH se encuentra que el sistema de Ahorro y Vivienda podría aumentar su cartera en 15,7% en 1999, lo que implica un crecimiento real reducido y en consecuencia, una desaceleración adicional en el crecimiento de la cartera hipotecaria.
Las restricciones de la oferta de crédito como resultado de la menor solvencia del sistema financiero se ven acentuadas por el proceso de capitalización de intereses, que en el caso de las CAV es de carácter contractual. Si la tasa de interés activa supera el margen de crecimiento potencial de la cartera, la capitalización de intereses absorbería o inclusive desbordaría dicho margen, obligando a la entidad a restringir el desembolso de nuevos préstamos para evitar incumplir la relación mínima de solvencia. Este efecto disminuye en la medida en que el cliente pague una parte de los intereses causados, reduciendo así la capitalización de los mismos.
De nuevo las estimaciones econométricas de Echeverry y Salazar (1999) confirman la hipótesis de que la capacidad patrimonial influye positivamente sobre el crecimiento de la cartera, indicando que en la medida en que el capital es mayor existen más posibilidades para incrementar el crédito sin violar los requerimientos de capitalización impuestos por la regulación5.
El papel de las garantías es crucial para hacer viable una operación de crédito. De una parte, si el prestatario tiene riqueza que pueda ser apropiada por el intermediario financiero en el evento de no pago, el riesgo del prestamista se reduce. De otra parte, el peligro de perder la garantía provee los incentivos correctos a los prestatarios para utilizar los recursos del crédito sólo en los proyectos que sean más rentables y seguros. La combinación de estos dos elementos contribuye a una mayor disposición de los intermediarios financieros a canalizar crédito.
Teniendo en cuenta lo anterior, no sorprende que la disminución del valor de las garantías reales originada por la desinflación en el valor de la vivienda y de las firmas durante los últimos años haya contribuido a desestimular la oferta de crédito. En el caso de la vivienda, el alcance de dicha desinflación puede observarse en el Gráfico 8. Desde mediados de 1995 el incremento en los precios de la vivienda en las principales capitales del país se ha mantenido por debajo y cada vez a mayor distancia de la inflación medida con el índice de precios al consumidor. La caída acumulada de los precios reales de la vivienda entre enero de 1995 y marzo de 1999 se sitúa entre 29% en Medellín y 43% en Cali.
La pérdida en el valor real de la propiedad raíz no sólo menoscaba la confianza de los intermediarios financieros, sino que también acentúa sus pérdidas al reducir el valor de mercado de los bienes recibidos en dación de pago.
Con respecto a la pérdida de valor de las firmas, un indicador útil es la evolución de los índices de las Bolsas de Bogotá y de Medellín que entre octubre de 1997 y finales del año anterior mostraron una marcada tendencia descendente del precio de las acciones, que sólo recientemente ha tendido a interrumpirse ante la caída de las tasas de interés (Gráfico 9).
Otro factor autónomo que contribuye a explicar la resistencia de los intermediarios financieros a canalizar crédito hacia la economía es el fuerte encarecimiento que recientemente sufrieron las operaciones interbancarias. Un impuesto de 2 por 1.000 sobre una operación de crédito interbancario a un día implica un sobrecosto equivalente a 62% anual. Aunque dicho sobrecosto se reduce a medida que el plazo del crédito interbancario aumenta, sigue siendo sumamente oneroso para cualquier intermediario financiero. En estas circunstancias, no es de sorprender que el monto de las operaciones interbancarias haya disminuido aceleradamente después de que este impuesto entró en vigor, tal como se aprecia en el Gráfico 10 donde se muestra el monto de las operaciones interbancarias diarias entre enero y junio del presente año.


El encarecimiento de las operaciones interbancarias entorpece la compensación de excesos y defectos de liquidez entre los intermediarios financieros. Esta situación induce a los intermediarios a incrementar su posición de liquidez, haciéndolos más renuentes a llevar a cabo la transformación de plazos que una operación de crédito significa. Como resultado de este comportamiento se desestimula la oferta de crédito y se incrementa la demanda de exceso de reservas (sobre-encaje) o de títulos de deuda pública como los TES que le permitan al intermediario financiero un fácil acceso a la liquidez que suministra el Banco de la República mediante operaciones REPO.
La reducción del monto de operaciones del mercado interbancario ha logrado ser compensada por el suministro de liquidez a corto plazo por parte del Banco de la República a través de operaciones REPO. Esto se verifica en el Gráfico 11, donde la suma de operaciones REPO a un día, y de operaciones interbancarias se ha mantenido muy estable. El sistema financiero ha logrado así superar la virtual parálisis del mercado interbancario. No obstante el efecto sobre la oferta de crédito no es neutral, pues mientras que una parte de las operaciones interbancarias se hacía mediante cartas de compromiso sin necesidad de requerir títulos valores en garantía, todas las operaciones REPO con el Banco de la República exigen garantía de títulos de deuda pública como los TES o los Títulos de Desarrollo Agropecuario, desviando así recursos del canal de crédito.

| |
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()